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Cloud Nothings, un aliento asfixiante en Donostia

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Una intensidad sofocante esbozó este jueves 21 de febrero la banda Cloud Nothings en su primera cita con España este final de mes. Los de Cleveland seguirán los próximos días presentando su último larga duración (Last Building Burning, 2018) por varios puntos del país.

De nuevo, volvía a citarme con la Sala Dabadaba de Donostia para presenciar otro ruidoso bolo. Sin embargo, a diferencia del día de los canadienses Preoccupations, la sensación al acabar fue distinta. No en vano, el noise rock de los estadounidenses parecía comerse por completo unos altavoces que no parecían aguantar sus oleadas más llameantes. Sobre todo, esto se intuía al escuchar la voz del líder del proyecto (escorado a la derecha en la imagen) Dylan Baldi, sumergida por su propio registro cuando alcanzaba las notas más altas.

Eso sí, antes de que Baldi y compañía pisaran la tarima fue el turno de los locales Oki Moki. En plan power trío, sonaron con ganas y atrevidos. Sin aditivos ni virguerías, lo suyo fue un garage rock de manual con canciones rápidas y melodías pegadizas -algunas más que otras- que recordó a Los Nastys, por ejemplo. Sirvieron de buen tentempié mientras la gente esperaba a los norteamericanos, quienes congregaron una amplia parroquia con mayoría masculina.

Llegó el turno entonces de Cloud Nothings y desde el primer acorde ofrecieron un sonido asfixiante. No hubo escapatoria para un recital en el que, sin delicadezas ni lucimientos innecesarios de cara al público, el cuarteto se limitó a deleitar a los fetichistas de la crudeza extrema presentes en el local. Tampoco hubo demasiada interacción con la muchedumbre; Baldi se limitó a soltar algún “gracias” entre tema y tema, y recordó también que se trataba de su primer directo en la ciudad guipuzcoana.

No fue fácil sumergirse en el concierto debido al mejorable sonido mencionado anteriormente; demasiado subido de decibelios quizá. Como ejemplo, al bajista TJ Duke se le apreciaba incomodo con su bajo, o eso daba a entender mientras dirigía su mirada de asombro a los técnicos del fondo de la sala y aseguraba que no era él -se refería a que su instrumento seguía vibrando sin que el hiciera nada. Al contrario, al batería Jayson Gerycz se le vio mucho más suelto a las baquetas y fue el miembro que acaparó una mayor atención gracias a sus incesantes ritmos.

El grupo arrancó tocando de forma integra el disco que marca este tour. Editado el pasado octubre, Cloud Nothings no se dejaron ni una en el bolsillo y lo interpretaron en orden desde On An Edge hasta Another Way Of Life, aunque sin la parte vocal del final de la extensa Dissolution (el momento más diferente del conjunto y uno de los más destacados al mismo tiempo). De esta primera “parte” resaltaron el instante de relajación con So Right So Clean y el desempeño de Baldi y Chris Brown a las guitarras en In Shame o The Echo Of The World.

Una vez cerrado el capítulo Last Building Burning, Baldi y compañía entregaron un puñado de temas de sus anteriores referencias. De Modern Act al alargado bis Wasted Days sobresalieron Now Hear In y Stay Useless, puros chutes de energía para el cuerpo; intercalaron power pop, emo y hardcore; fueron coreados en los “ohhhs” de I’m Not Part Of Me; y desataron un pogo final de un público que terminó saliendo del estado de congelación en el que se encontró durante un bolo que pedía a gritos un ambiente más caliente.

Asi pues, Cloud Nothings generaron la sensación de que, aún no siendo técnicamente esplendidos ni sutiles, saben perfectamente a lo que juegan y lo que deben dar. El pitido en el oído al acabar la hora y veinte larga de actuación lo confirmó (todavía se mantiene mientras un servidor escribe este texto). No buscaron deleitarnos ni que cantáramos con ellos, sino que nos asfixiáramos hasta su último aliento incendiario.