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Crónica de Amaral en Madrid (Movistar Arena, 2025)

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Pocas bandas hay en nuestro país que pongan de acuerdo a tanta gente, que su música sea compartida con la misma pasión por varias generaciones y que, más allá de gustos, sean respetados y admirados por públicos tan diferentes, como lo hace Amaral. Son un claro ejemplo de grupo atemporal y hace unos días lo volvieron a demostrar en el Movistar Arena de Madrid, llenándolo de nuevo de miles de personas que siguen a Eva y Juan desde sus inicios o desde tiempos más recientes. Todos ellos formando parte de un todo que da sentido al proyecto que los músicos zaragozanos llevan defendiendo desde hace 30 años, unidos por unas canciones que representan partes fundamentales de nuestras vidas.

Dolce Vita se publicó a principios de año y, desde el primer momento, los seguidores de Amaral lo recibieron con fervor y pasión, y la crítica ha estado de acuerdo también en que es uno de los mejores trabajos de la extensa carrera del dúo. En el contexto de la gira de presentación del álbum, llegaron a Madrid después de haber pasado ya, con rotundo éxito, por algunas ciudades españolas.

Y así, tras una intro con toda la banda en el escenario, apareció Eva en lo alto de unas escaleras al fondo del escenario, con capucha como si de una especie de hechicera o meiga se tratara, para arrancar el show con la canción que da título y sentido a todo el disco. Dolce Vita es una canción que resume un álbum en el que la belleza —y la búsqueda de ella— se pone en el centro de todo. Un tema enérgico y bailable que supuso la punta de lanza de una noche que iba a ser memorable en todos los sentidos.

Mucho más que una gira

Son muchos los conciertos y giras de Amaral a los que hemos asistido, habiendo estado presentes en todas las etapas del grupo desde sus comienzos y, sin lugar a dudas, podemos admitir que estamos ante una de las mejores giras que se les recuerda —si no la mejor—. Por el repertorio, por el disco que defienden y, sobre todo, por el show en sí, el más ambicioso y espectacular hasta la fecha, repleto de detalles, una escenografía cuidadísima, una realización audiovisual de primerísimo nivel, etc. Intentaremos hablar de todo ello de manera un poco más extensa, pero conviene dejarlo claro casi desde el principio: esta no es una gira más de Amaral, es mucho más. 

Tras el explosivo arranque de Dolce Vita, se sucedieron dos temas más de su último trabajo: Eso que te vuela la cabeza, con confeti incluido, y Tal y como soy, una de las joyas del disco, de esas al más puro estilo Amaral, corta y concisa, una declaración de intenciones sin ambages en la que los músicos se ataviaron con gafas de sol bajo una iluminación azul que envolvía todo el escenario. Después, el primer hit de la noche, Toda la noche en la calle y el público inmerso de lleno en la letra y la energía transmitida por Eva que hace uso de la pasarela como si del salón de su casa se tratara. Rompehielos anticipó un combo más que acertado con Mares igual que tú y Ruido, acortadas y unidas como si fueran una única canción.

Momentos para la intimidad y para la sorpresa

Y en ese instante llegó el momento de Juan, que se acercó a la pasarela para rescatar la única canción del álbum debut del dúo, la emotiva Tardes que en la voz del guitarrista suena real, sincera y repleta de verdad. Esta interpretación fue precedida por unas emocionantes palabras de agradecimiento para su público de Madrid, por todos estos años, por la fidelidad, por haber sostenido al grupo en los malos momentos y haber comprendido cada paso artístico dado. La conexión de Juan y Eva con Madrid es fundamental para comprender un éxito tan continuado en el tiempo, por eso no es de extrañar que les brillaran los ojos cada vez que se dirigían a sus seguidores. No es para menos, aquí reside uno de los secretos de la banda, la cercanía, el respeto y el cariño recíproco.

Tras este momento tan íntimo, llegó uno de los más sorprendentes de la noche, con una canción que tiene mucho de autobiográfico para Eva y de historias reales que nos rodean. Hablamos de En el centro de un tornado, en la que la cantante literalmente voló tras cada estribillo, convirtiendo la interpretación en algo mágico y cargado de simbolismo.

Algunos problemas técnicos y una banda fabulosa

En algunos pasajes del concierto se escuchó a cierto sector del público manifestar que no se estaba escuchando bien, sobre todo cuando Eva hablaba, lo cual hizo que ella misma pasara por algún momento de duda e incertidumbre. Es verdad que desde la grada lateral, lugar en el que nos situamos nosotros, el sonido fue perfecto y no entendíamos dichos comentarios, pero por lo visto —y por lo que nos encontramos en redes sociales al término del concierto—, a mitad de pista no sucedió igual y aquellas quejas estaban bien fundamentadas. Por eso nosotros no podemos más que relatar lo que tanta gente comentó, pero que, por suerte, no sufrimos en primera persona.

Hablábamos antes de la escenografía y de la banda que acompaña a Eva y Juan en esta gira y no exageramos si decimos que quizá estemos ante la mejor gira de Amaral hasta la fecha. Al dúo le acompañan formidables músicos como Alex Moreno (batería) y Sergio Valdehita (teclados y coros) que se situaron durante todo el concierto en un plano superior, sobre unos cubos que hacían las veces de pantallas tridimensionales, dotando a toda la escena de una teatralidad que se mantuvo durante todo el show. Y en la parte baja, junto a Juan y Eva, Ricardo Esteban (bajo), Miriam Moreno (saxo, coros, flauta y percusión) y Laura Sorribas (chelo, coros, teclado y percusión).

Una cinematográfica puesta en escena

Laura y Miriam son una nota distintiva de esta gira. Ellas hacen que aumente la sensación orgánica de la banda y encajan a la perfección en la excelente producción audiovisual con la que Amaral están recorriendo el país. El juego de cámaras es sencillamente espectacular, con unos primerísimos planos en los que podemos apreciar al detalle el trabajo de cada músico, así como las reacciones del público y la química que se desprende desde el escenario. En ese aspecto, Miriam y Laura juegan un papel fundamental al acompañar a Eva con sus coros, muchas veces dirigidos a la cámara y, como consecuencia, a todos nosotros. Todo se ve envuelto en un halo cinematográfico tremendamente sugerente.

Así, hay canciones que adquieren un protagonismo especial dentro del show, como Viernes Santo, donde Eva demuestra ese registro tan poco conocido hasta ahora, con esos agudos que nos deja boquiabiertos al escucharlos en directo. Ocurre lo propio con Podría haber sido yo, el sentido homenaje a Víctor Jara que viene precedido de imágenes del cantautor chileno, cedidas por la fundación que lleva su nombre, mientras suena Te recuerdo Amanda y todos los músicos se juntan en el centro del escenario. Eva y Juan sentados en sillas y el resto rodeándolos —con Sergio Valdehita al acordeón—, como si de un encuentro o fiesta hogareña se tratase, con la música como celebración de la vida y como instrumento para denunciar lo que a Jara le ocurrió y lo que actualmente sucede en lugares como Gaza. «No nos lo arrebataron. No ganaron», dijo emocionada Eva.

Canciones que forman parte de nuestra vida

Además de sus nuevas canciones, hubo tiempo, por supuesto, para sus canciones más clásicas y coreadas, que se fueron entremezclando con las recientes. Kamikaze, Moriría por vos y Días de verano se sucedieron una tras otra, siendo uno de los momentos más álgidos de la noche y haciendo que el público se pusiera en pie para cantar cada palabra de ellas. Lo mismo ocurrió con la siempre emocionante Revolución, con la que Eva se muestra más poderosa que nunca, reforzada por las imágenes de manifestaciones y movilizaciones proyectadas en las pantallas.

Cómo hablar y Sin ti no soy nada —esta última en una versión más íntima con Juan y Eva en la parte delantera de la pasarela— son siempre muy celebradas, igual que la oda a la amistad que es Marta, Sebas, Guille y los demás y El universo sobre mí, canciones todas ellas en las que todos nos abrazamos y las diferencias edad se difuminan. Son clásicos de nuestra historia musical y en directo se viven como tal.

Pero hay una canción que merece que nos detengamos un instante, nos referimos a Salir corriendo, aquel tema que Eva compuso para una amiga que estaba sufriendo violencia machista y que, por suerte, como ella misma contó, «ahora vive feliz». La canción es un grito de ayuda, un empujón para todas aquellas mujeres que sufren situaciones similares —«para todas las que no tuvieron ese final feliz y para todas las que están a punto de dar el primer paso»—, con un video de la atleta Ester Navarrete corriendo como metáfora de todo esto. Una canción que siempre resulta dolorosa y dura, pero también cargada de esperanza. Salir corriendo es siempre necesario, por desgracia.

La búsqueda de la belleza y de la felicidad

A lo largo de la noche, Amaral interpretaron las 15 canciones que forman parte de Dolce Vita, todo un acto de valentía y de seguridad y confianza en un disco que desde el primer día fue recibido de manera unánime por crítica y público. Hacer esto es volver a reivindicar el significado del álbum, esa búsqueda de la felicidad y de la belleza en el vivir, en las pequeñas cosas, tal y como nos contaron cuando estuvimos charlando con ellos hace unos meses. En Los demonios del fuego Eva se desliza por la pasarela mientras la interpreta, La unidad del dolor supone una explosión de energía en sus dos partes tan contrastadas, y qué decir de la maravillosa Ahí estás, que sirvió como cierre de una noche inolvidable y que está llamada a ser un nuevo clásico del dúo zaragozano.

Amaral es la casa de todos, el refugio donde guarecerse en tiempos de tormenta. Sus canciones forman parte de la vida de tanta gente que resulta increíble que mantengan el pulso artístico de una forma tan exquisita como lo han hecho en su último trabajo. Dolce Vita será recordado cuando pasen los años como un disco fundamental para el grupo y esta gira permanecerá en la retina de todos los que hemos tenido el privilegio de asistir a alguno de sus conciertos. Como reza Pájaros, la canción que cierra el álbum, «todo tiene un ciclo y ahora mismo estamos vivos». Quizás se trate de eso, de celebrarnos y celebrar la vida, con sus imperfecciones y baches en el camino, pero con momentos para la felicidad plena, como la noche del sábado pasado, en la que por un momento la búsqueda de la belleza encontró su sitio y su razón de ser.

Setlist Amaral:

  1. Dolce Vita
  2. Eso que te vuela la cabeza
  3. Tal y como soy
  4. Toda la noche en la calle
  5. Rompehielos
  6. Mares igual que tú
  7. Ruido
  8. Tardes
  9. En el centro de un tornado
  10. Libre
  11. Kamikaze
  12. Moriría por vos
  13. Días de verano
  14. Viernes santo
  15. Podría haber sido yo
  16. Resurrección
  17. Cómo hablar
  18. Los demonios del fuego
  19. Sin ti no soy nada
  20. La suerte
  21. No lo entiendo
  22. Hacia lo salvaje
  23. La unidad del dolor
  24. Revolución
  25. Hasta que la música se acabe
  26. Pájaros
  27. Salir corriendo
  28. Marta, Sebas, Guille y los demás
  29. El universo sobre mí
  30. Ahí estás
Javier Decimavilla
Javier Decimavilla
La música nos puede salvar la vida o al menos mejorarla. Bob Dylan, Neil Young, David Bowie, The Beatles o The Rolling Stones, entre otros, nos llevan enseñando el camino a la felicidad desde hace décadas.