InicioConciertosCrónica de Arcade Fire (WiZink Center, 2022)

Crónica de Arcade Fire (WiZink Center, 2022)

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Fotos: Óscar Lafox

En condiciones normales, la visita de una de las bandas más importantes del mundo siempre es una magnífica noticia, pero hay que reconocer que la gira de Arcade Fire llegaba a Madrid envuelta en una incómoda nube de interrogantes. Hace unas semanas, la revista Pitchfork publicaba una completa investigación en la que cuatro personas acusaban a Win Butler, co-líder de la banda canadiense, de «conductas sexuales inapropiadas».

En ese momento, mi primer pensamiento fue que, antes o después, la gira acabaría por cancelarse antes de llegar a su parada programada en Madrid, una sospecha que creció en el momento en el que Feist, quien iba a abrir los conciertos de la gira, decidió cancelar su presencia hasta que, al menos, la situación se aclarase. También pensé que, más allá de las responsabilidades a las que tendrá que enfrentarse Butler, la situación interna de la banda tras dicha publicación no sería fácil. Si hay algo que ha caracterizado a Arcade Fire, al menos en su intachable imagen pública hasta hace unas semanas, era la sensación de formar una gran familia. El hermano del cantante, Will Butler, ya no es parte de la formación desde hace unos meses, y no se contaba ya con su presencia, pero sí que lo es, y de forma protagonista, su mujer Régine Chassagne, quien se apresuró a defender a su pareja y padre de su hijo en un comunicado en cuanto vieron la luz las primeras acusaciones.

Por todo ello, hice mi propio vaticinio, claramente equivocado, de que la gira no llegaría hasta Madrid este 21 de septiembre. Desde luego, lo de la adivinación y ver el futuro no es lo mío, así que llegaba el momento de ver a los canadienses, hasta ahora vacas sagradas del indie rock, presentándose ante el público que abarrotaba el WiZink Center en el ojo del huracán y con un nuevo disco bajo el brazo que, pese a momentos de brillantez, parece que luce menos que sus obras anteriores.

Baño de masas en Madrid

El ambiente para recibir a la banda era de fiesta, con un DJ amenizando la espera mientras admirábamos la original doble distribución de escenarios, uno principal con una gigantesca pantalla LED en forma de semicírculo, recordando al ojo de la portada de WE, y otro más pequeño, inicialmente presidido únicamente por un piano y una gran bola de discoteca, unidos por un pasillo entre el público.

A los canadienses siempre les gusta acceder al escenario caminando entre los fans, y este vez no iban a ser menos. Entraron triunfantes, haciendo signos de victoria y mostrándose cercanos al público antes de dirigirse al escenario, donde arrancaron con Age of Anxiety I, que también abre su nuevo trabajo. Evidentemente, aunque las canciones de éste fueron las más numerosas, también hicieron un interesante recorrido por el resto de sus trabajos, especialmente por el fantástico The Suburbs, lo cual agradecieron sus fans de siempre.

Con temazos «clásicos» como Ready To Start o Neighborhood #1 (Tunnels) fuimos cogiendo ritmo, pero también iba creciendo una sospecha que terminó de confirmarse con Put Your Money on Me. Si hasta ahora, en todos los conciertos que he visto de Arcade Fire, el sonido siempre había sido exquisito, en esta ocasión, la banda no estaba sonando bien. O al menos, todo lo bien a lo que nos tienen acostumbrados y se presupone de un grupo a su nivel.

Esta tónica del sonido irregular siguió unas canciones más, pero afortunadamente, según el concierto fue avanzando y entrando en calor, ya sea por la carga emocional de sus temas o porque supieron solucionarlo, mejoró poquito a poco. Y es que resulta difícil no dejarse arrastrar por la emoción cuando Win Butler coge y se va a cantar Afterlife entre el público, micrófono en mano, mientras se dirige al escenario pequeño para terminar cantando sobre el propio piano. O encadenando los ritmos bailables y altamente contagiosos de Reflektor y Age of Anxiety II (Rabbit Hole).

El conjunto que forman las dos partes de The Lightning nos llevaron a otro momento emocionante del concierto que puede dar lugar a interpretaciones. En la situación actual, escuchar a Butler cantar el estribillo en el que asegura que «podemos lograrlo si no me abandonas, yo no te abandonaré, no me abandones», parece una súplica de perdón a su pareja, compañeros y sociedad en general ante sus acciones, antes de la explosión que supone la parte final para banda y público.

Llegados a este momento de la noche, las miles de personas que llenaban el WiZink Center estaban absolutamente en manos de los canadienses, que terminaron de llevarles al éxtasis con uno de sus mejores y más celebrados himnos, la contundente Rebelllion (Lies) y su grito de guerra comunal, y la festiva Here Comes The Night Time y sus ritmos carnavalescos.

Curiosamente, en este momento empezó un bloque enteramente dedicado a The Suburbs: Modern Man, una The Suburbs (tanto el single como la continuación que cierra el álbum) que se confirma como una de esas canciones mágicas que envejece como el buen vino y que siempre es maravilloso disfrutar de nuevo, y una Sprawl II (Mountains Beyond Mountains) que nos permite disfrutar del gran momento de protagonismo de la carismática y querida Regine, que al igual que su pareja unos minutos antes, aprovecha para hacer su propio baño de masas cantando con sus fans y haciéndose con el escenario secundario para ella sola y sus bailes marca de la casa.

Se nota que nos vamos acercando al final, y el momento es perfecto para la preciosa Unconditional I (Lookout Kid), en la que Butler parece dar unos consejos para el futuro a su hijo, o quizá habla para todos, cuando dice que sigamos a nuestro corazón, que a veces nuestra propia mente nos jugará malas pasadas, que en ocasiones nos sentiremos perdidos pero que no pasa nada por sentirnos tristes, y también, en unas letras que también ahora toman un nuevo cariz, que en la vida cometeremos errores y sentiremos dolor.

Everything Now pone el cierre al concierto, ya se sabe, antes de los bises de rigor, poniendo a todo el WiZink a bailar como si estuviésemos celebrando el Mardi Gras en pleno Nueva Orleans. Pero sabemos que no es el fin. En el escenario B hay una nueva disposición, con instrumentos para los ocho integrantes de la formación, que allí parecerá como si estuviesen de nuevo en aquellos escenarios pequeños en los que empezaron a hacerse famosos, hace ya unos cuantos años, en su Canadá natal.

Vuelta a su reciente WE con End of the Empire I-III y End of the Empire IV (Sagittarius A*) antes de hacer un guiño especial al público con una versión de nada menos que el Spanish Bombs de The Clash. Y lo que pasó a continuación, ya os lo imagináis. El colofón perfecto, quizá el mayor himno comunal que una banda indie rock ha sabido hacer en las dos últimas décadas, la canción que más ha sabido unir gargantas de distintos idiomas y nacionalidades desgañitándose para corear un gigantesco «lo-lo-lo» común: Wake Up. Solamente puedo decir que se me pone la piel de gallina de nuevo al escribir estas líneas y recordar ese momento.

Al acabar, nuevo baño de masas, bailando entre el público y despedida. Hemos podido asistir a una nueva entrega de unos de los directos más ricos y variados que existen en el panorama actual, aunque más deslucido técnicamente y sonoramente que en otras ocasiones. De puertas para fuera, al menos en su imagen pública, no parece que los problemas a los que se enfrenta Butler hayan afectado a la cohesión del grupo, que se muestra unido, pero sí que nos llamó la atención que, frente a anteriores visitas, el cantante se ha esforzado más en intentar conectar emocionalmente con el público, hablando, probando su español, sonriendo y agradeciendo en varias ocasiones.

No sabemos qué depara el futuro para Arcade Fire, y en particular, a su cantante, pero sí podemos decir que, anoche, lograron un oasis de triunfo musical en su visita a Madrid.

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