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Crónica de Beth Gibbons en Madrid (Noches del Botánico, 2025)

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Una vez más, nos dirigimos al mejor recinto donde pasar una noche de buena música en el verano madrileño: Noches del Botánico. El 15 de julio de 2025, el día había transcurrido con un calor denso que, afortunadamente, no desanimó a los fans deseosos de disfrutar del doble cartel que la noche nos ofrecía. La expectación podía sentirse con solo darse una pequeña vuelta por el recinto: Beth Gibbons, quien fuera líder de Portishead, prometía una noche inolvidable. Ya sea por el espectacular legado de la banda que le dio a conocer o por una breve carrera en solitario en la que nos ha permitido conocer nuevas facetas de su alma, Gibbons era el faro que nos atrajo a todos hacia el Botánico, con muchas ganas de sumergirnos en su universo sonoro.

El concierto empezó con la británica entrando al escenario como una sombra elegante, respaldada por una banda colosal. Cuerdas, vientos y percusión que nos transportaban a otros lugares mientras la voz de Gibbons nos llegaba directamente al alma. Solo su voz, ya que durante las primeras canciones del concierto su presencia fue esquiva, casi etérea, dándole la espalda al público entre canción y canción, dejando que la música, y nada más que la música, hablara por ella. Sin guiños, sin gestos complacientes, solo una fantástica intensidad que nos iba hipnotizando poco a poco a todos.

El repertorio se sumergió en las canciones de su debut en solitario, Lives Outgrown, desgranando cada tema con una precisión que erizaba la piel, solo interrumpido por dos pequeñas muestras de su disco de 2022 junto a Rustin Man: Mysteries y Tom The Model. El público, guardando un silencio mayoritario y respetuoso que no siempre se da, se entregó por completo, absorbiendo cada nota como un regalo.

A medida que avanzaba la noche, el entusiasmo y los aplausos del público madrileño comenzaron a ablandar la distancia inicial de Beth Gibbons. De ese arranque silencioso a repetir varios emocionados «gracias» con una gran sonrisa en la boca, pronunciados con voz frágil pero poderosa, lo que indicaba que, también para ella, estaba siendo una noche verdaderamente especial. La conexión entre la artista y el público crecía, y ella se dejaba llevar por el ambiente, como si el escenario de Noches del Botánico, con su inigualable encanto al aire libre, la estuviera rodeando también.

Tras una breve pausa, en la que Gibbons, con un toque cómplice al despedirse, hizo gestos al público para que aguantasen un poco más y la espera valdría la pena, volvió al escenario a cumplir esa promesa. Y entonces llegó lo que todos anhelaban: las canciones de Portishead. Roads y Glory Box resonaron con esa voz inconfundible, esa que te atraviesa hasta el alma, que te hace sentir el peso de cada palabra. Cada nota era un viaje que flotaba en el aire cálido de la noche madrileña, respaldado por una banda que seguía dando forma a las texturas densas y envolventes de ambas canciones. Mientras, el público se mecía entre la nostalgia y la pura emoción de escuchar nuevamente dos temas tan importantes de la ya lejana década de los 90.

Sin duda alguna, la noche fue redonda. La voz de Beth Gibbons, en un estado sublime, llenó el escenario del Botánico, un lugar que siempre eleva los conciertos a otra dimensión. Los aplausos al final del concierto fueron la mejor prueba de que los fans salían satisfechos y conscientes de haber vivido algo muy especial, hablando del buen estado de forma de esa característica voz que brilló una vez más. Una noche para guardar en la memoria y recordar por qué la música en directo es pura magia.