El verano sigue avanzando y seguimos disfrutando de uno de los mejores ciclos de conciertos de la península, como son Las Noches del Botánico. En esta ocasión era el turno de Biffy Clyro, una de las bandas más queridas en nuestro país.
Ya casi estamos en el ocaso de este certamen que, en su décimo aniversario, nos ha dejado momentos antológicos como Garbage, Love of Lesbian o Big Thief, entre otros grandes nombres. Año a año se convierte en una alternativa musical y casi un refugio climático donde pasar las noches de verano con la mejor programación al aire libre.
En la noche del pasado martes era el turno para los de Escocia, que además repetían visita. El pasado febrero nos visitaron con motivo del lanzamiento de Futique, su último álbum de estudio, que, a pesar de derivarse a una vertiente más pop y luminosa, ha conquistado a la audiencia.
No contentos con una visita a la capital, regresaron con motivo de su gira veraniega que los ha llevado por algún festival. Y nosotros tan contentos de recibirlos de vuelta.
Cambios temporales en las filas de Biffy Clyro
Aunque Simon Neil y los suyos siempre salen con su mejor sonrisa, las cosas por dentro son algo diferentes. Desde hace algunos meses falta James Johnston en las filas del trío escocés, aunque diremos que se ha salvado bien la gira.
Sin duda, es prioridad absoluta la salud mental en los tiempos que corren, y deseamos que regrese tan pronto como se recupere, aunque, mientras tanto, Naomi MacLeod hace que la máquina engrase igual de bien. Una auténtica virtuosa al bajo y un toque femenino nunca viene mal, además de ser colaboradora habitual con Simon en otros proyectos.
Biffy Clyro saltó con la misma alegría que viene siempre a nuestras tablas. Juegan casi en casa y, aunque en Madrid han abandonado los recintos de gran formato, nos encanta ver que son siempre altamente bien recibidos.
Como siempre, Simon Neil salió con su espectacular sonrisa, dispuesto a hacernos vibrar desde el primer acorde. No les hacen falta grandes elocuencias para saber que podrían ser unos justos herederos del rock de estadio como pueden ser unos Muse. Enfundado en unos shorts de Adidas —servidora está loca por la marca— y sin necesitar nada más en esta tórrida noche de julio que su inseparable guitarra, sonaron las primeras notas de “The Captain”.
El público enloqueció desde el primer minuto y es que el trío y su banda de acompañamiento saben hacer conciertos antológicos con sus hits. Brazos al cielo y no parar de corear, eso es Biffy Clyro.


Tiempo para grandes éxitos y otras proezas
Simon subido a la plataforma le daba ese pequeño aire de mini deidad, casi flotando sobre nuestras cabezas. Uno de los momentos más emocionantes de la noche llegaba relativamente pronto con “Biblical” —sin duda alguna mi canción favorita de ellos porque, como todo en la vida de las personas, sonó en un momento crucial y me sirve para recordar a alguien que ya no está—.
Tras el momento más emocional, saltábamos a las canciones que componen su último trabajo. Aunque me costó engancharme, ahora que lo he vivido en directo, valoro temas como “A Little Love” o “Goodbye”. A veces es cuestión de comprenderlas en sus contextos y con la energía que desprenden; en vivo, todo cambia.
Está claro que había tiempo para los riffs locos y apocalípticos como en “Cop Syrup”, que regresan a su vertiente más rock pura, donde los gritos y el headbanging están a la orden del día.
Aunque el setlist es bastante previsible, sigue siendo un lindo paseo por su discografía, donde jamás faltarán éxitos como “Black Chandelier” o “Mountains”, con toda la épica que alberga en directo.
Traca final: del cielo al suelo para Biffy Clyro
Aunque el concierto avanzaba a pasos agigantados, el bis nos llevó al momento álgido con la enérgica “Wolfes of Winter”, “Bubbles” o el broche final que nos empujaba a la lágrima con “Many of Horror”. No existe un fin de concierto más bonito y apacible.
Con el corazón lleno nos fuimos del recinto del jardín botánico con la sensación de que, aunque no haya grandes cambios o evoluciones, siempre lo hacen bien. No fallan, han sabido adaptarse a todo lo que les ha sobrevenido en la vida y son un claro ejemplo de resiliencia. Su sonido es el que es y no espero un giro loco, pero tampoco lo quiero. De su naturalidad y su frenético directo, donde combinan el rock más extremo con violines e himnos coreables, reside su magia.
Biffy Clyro siempre será para mí una de las bandas más importantes de mi vida y allí estaré siempre que vuelvan. Son casa y de este espacio seguro no me pienso mover.
Mon the Biff, ahora y siempre.


