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Crónica de Coque Malla en Madrid (Movistar Arena, 2025)

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Cuando aún era menor de edad, Coque Malla se juntó por primera vez con sus compañeros de Los Ronaldos en un local de Pozuelo (Madrid) para empezar a dar forma al sueño de la música. Corría el año 1985.

Hoy el madrileño ya peina canas (bastantes menos que muchos de los que somos de una generación posterior) y tiene a sus espaldas 40 años de carrera, en la que ha pasado por todos los estados: de llenar pabellones cuando era un ídolo juvenil, a picar piedra empezando desde cero en conciertos con escaso público, e ir creciendo poco a poco en bares y salas, hasta por fin ver cómo de alguna manera se cerraba el círculo el viernes pasado. En un Movistar Arena lleno a rebosar, 15.000 gargantas le llevaron en volandas en una noche que significó mucho más que una mera celebración de esas cuatro décadas dedicadas al noble arte de la música.

Lo bueno de la carrera de Coque es que pasó de liderar un fenómeno de masas a facturar álbumes maduros en los que se ha reinventado artísticamente una y otra vez, haciendo canciones siempre honestas consigo mismo, con su postura ante la vida en cada momento. De esta manera ha cimentado una carrera absolutamente creíble, en la que ha ido sumando adeptos a la causa, siendo reconocido de manera casi unánime como una de las figuras musicales más importantes de nuestro país en las últimas décadas. Y lo ha hecho sin necesidad de hits o éxitos instantáneos, dando el valor necesario a cada composición, a cada frase y a cada arreglo, demostrando ser un artista poliédrico que no teme a nada y cuyo hábitat natural es el escenario, algo que inevitablemente lleva en la sangre.

Justicia poética

Siempre con el rock como piedra angular, Coque cuenta con una discografía ecléctica y enormemente personal, repleta de momentos gloriosos y cuyo recorrido es un recorrido por su propia vida (y por la nuestra). 40 años de canciones se iban a resumir en dos horas de show que, como él mismo admitió, «no iba a caer en la nostalgia, sino que sería una celebración del presente». Eso sí, también dijo al público entre risas que no se preocupara porque «iba a tocar la canción de las bodas». El peso emocional del concierto no venía únicamente del significado de una trayectoria intachable, sino que además todo estaba cargado de simbolismo por el recinto donde se celebraba, aquel mismo en el que Coque iba a dar las clases de gimnasia desde su colegio. «Este lugar huele a mi infancia», aseguró casi al inicio.

La noche arranca, tras un video en el que imágenes icónicas a nivel mundial de los últimos 40 años se entremezclan con otras del cantante en diferentes etapas de su trayectoria musical. Tras esto, con la Fender Esquire colgada, aparece el protagonista de la noche desde el fondo del escenario, avanzando hasta la parte frontal mientras hace sonar el riff con el que empieza Por las noches, el clásico de Los Ronaldos que fue la canción elegida para presentarse ante un público madrileño deseoso de emociones y con unas ganas enormes de compartir el momento con su admirado artista. Hay respeto y admiración, pero sobre todo mucha ilusión y unas expectativas muy altas. Por fin, Coque Malla va a disfrutar de la noche que lleva mereciendo desde hace años. Lo que está ocurriendo es justicia poética.

Repertorio infalible rodeado de amigos

Son innumerables los momentos álgidos de este concierto tan especial. Podríamos destacar la fantástica interpretación de Extraterrestre con baile final entre Coque y su hija Cayena, o las fabulosas colaboraciones que ya había anunciado con anterioridad y que, aunque no contenían ninguna novedad, fueron un regalo para su público porque se trataba de canciones ya grabadas con esos artistas, pero que en pocas ocasiones las habían interpretado juntos en un escenario. Así, Coque se rodeó de amigos como Rulo y Dani Martín, quienes acometieron ¿Volverá?; Anni B Sweet nos encogió el corazón con su interpretación de No puedo vivir sin ti; con Ariel Rot volvimos a los tiempos de Los Rodríguez y levantaron al público de sus asientos con Mucho mejor, justo antes de terminar de poner patas arriba el recinto junto a Kase O y su Un lazo rojo, un agujero.

Fueron dos horas que pasaron como un suspiro, con un recorrido por todas las etapas del artista y dejando claro que es un autor polifacético, que conjuga a la perfección el rock con otros registros más pop, latinos, cinematográficos e incluso urbanos. Todo ello con un importante componente de teatralidad, lugar en el que Malla se desenvuelve con una soltura apabullante.

Tuvo su momento intimista cuando, reivindicando su época pos-Ronaldos en la que tuvo que patearse los garitos con la guitarra al hombro («Aquella época me convirtió en el cantante y músico que soy ahora», aseguró), se situó en el centro del pequeño escenario situado en la punta del provocador. Allí, solo a voz y guitarra, interpretó una emocionante Berlín para que, acto seguido, sucediera la gran sorpresa de la noche, cuando apareció Leiva con su acústica y, a pesar de estar semi convaleciente por una reciente intervención en su garganta, nos regalaron Hasta el final de una forma valiente y desnuda. Toda una declaración de amor y honestidad con el oficio.

Una sola vez llegó también cargada de emotividad, cuando el cantante dedicó el tema a su padre (lo compuso tras su fallecimiento) y volvió a reivindicar el presente delante de un video protagonizado por imágenes de su niñez y juventud.

Los Ronaldos, la banda favorita de Coque Malla

Como decíamos, el repertorio del concierto fue redondo y la puesta de largo del mismo exquisita, gracias a un Coque Malla en estado de gracia y a la fabulosa banda que le viene acompañando desde hace años y que eleva las canciones en directo a un nivel de perfección impoluto. Así, Gabriel Marijuán a la batería, Amable Rodríguez a la guitarra, Héctor Rojo al bajo y David Lads a los teclados, dieron sentido al sueño que nuestro protagonista tenía en su cabeza desde que comenzó en esto hace 40 años. A ellos se les sumó en diferentes momentos una sección de vientos capitaneada, como siempre, por Miguel Malla, el inseparable hermano de Coque.

Quedaba un combo ganador final, y es que para el bis Coque apareció con su mítico chaleco negro, junto a Luis Martín, Luis García y Ricardo Moreno. Los Ronaldos volvieron a juntarse en un escenario para tocar cuatro temas y así demostrar que la complicidad y conexión aún perdura. El cantante no dudó en admitir que es su banda favorita de siempre, mientras que Pablo Novoa estuvo también junto a ellos en estos momentos, como el quinto Ronaldo.

Tras este estallido de euforia y recuerdos, solo restaba cerrar el show y esto ocurrió de una manera tremendamente emocionante, cuando Iván Ferreiro se presentó sobre las tablas y junto a Coque volvieron a traernos esa memorable versión de Me dejó marchar, tema que grabaron en aquel Irrepetible de 2018 y que se ha convertido en una joya muy querida para propios y extraños. Parece una canción hecha a medida del músico vigués y su timbre vocal. Fue el colofón perfecto de una noche en la que, con lágrimas en los ojos y el corazón aún encogido, hubo unanimidad al terminar: Lo que ocurrió en el Movistar Arena, como decíamos al inicio de la crónica, fue un acto de justicia poética con una carrera brillante e incuestionable.

Setlist Coque Malla:

  1. Por las noches
  2. Solo queda música
  3. Este es el momento
  4. Extraterrestre
  5. La carta
  6. Aunque estemos muertos
  7. ¿Volverá? (con Dani Martín y Rulo)
  8. Todo el mundo arde
  9. La señal
  10. No puedo vivir sin ti (con Anni B Sweet)
  11. Una sola vez
  12. Berlín
  13. Hasta el final (con Leiva)
  14. El último hombre en la tierra
  15. Adiós papá
  16. Mucho mejor (con Ariel Rot)
  17. Un lazo rojo, un agujero (con Kase O)
  18. Guárdalo (con Los Ronaldos)
  19. Ana y Choni (con Los Ronaldos)
  20. Sabor salado (con Los Ronaldos)
  21. No puedo vivir sin ti (con Los Ronaldos)
  22. Me dejó marchar (con Iván Ferreiro)

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Javier Decimavilla
Javier Decimavilla
La música nos puede salvar la vida o al menos mejorarla. Bob Dylan, Neil Young, David Bowie, The Beatles o The Rolling Stones, entre otros, nos llevan enseñando el camino a la felicidad desde hace décadas.