InicioConciertosCrónica de El Último Vecino en Madrid (Sala Cool, 2022)

Crónica de El Último Vecino en Madrid (Sala Cool, 2022)

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Fotografías: Eli Quevedo (@ellieatgigs)

Llevo tiempo imaginando una escena algo curiosa. Mi mente proyecta a un Gerard Alegre levantando su mano derecha y apoyando su mano izquierda sobre el pecho. Mientras tanto, grita a viva voz un firme “Juro y prometo” que vence todas las inseguridades que han inundado al artista hasta la fecha. Es más, imagino al barcelonés dejando de lado el torbellino de negatividad que le condujo a perderse a sí mismo, dando paso a la satisfacción que implica sentirse orgulloso de un trabajo bien hecho.

El último vecino cuenta con más de dos EP’s publicados, un conjunto de sencillos inéditos e independientes, y su tercer larga duración, Juro y prometo (2022), rondando la cabeza de miles de seguidores. Nada tiene que envidiar a aquel futbolista que señala el número de su camiseta tras marcar un gol, o al trabajador que consigue el empleo de sus sueños tras unas difíciles pruebas de admisión. Tampoco a ese pintor que, satisfecho de su lienzo lleno de colores y formas, lo mira por última vez antes de darlo por terminado. Ya que se podría interpretar como una obra de arte la increíble actuación que Gerard Alegre protagonizó el 25 de marzo en la Sala Cool de Madrid. Sin duda, el tercer disco de El último vecino se ha coronado como el de la tan ansiada consolidación del grupo.  

Consolidados sonaron en la famosa sala situada en una larga callejuela de Plaza de España, gracias a un público que se entregó en cuerpo y alma. De hecho, se sabían hasta las canciones más extrañas y desconocidas del repertorio. Eso sí, fueron dos los responsables de la energía previa de la audiencia. En primer lugar, Laura Put, quien además de dj y directora, es actriz. Durante una hora se entregó a su gran pasión: reproducir los mejores temas para su público, entre ellos Bailando, de Paradiso, María García y Dj Patrick Samoy.

Tiempo después de que la Dj revolucionase la Sala Cool, apareció en escena la última esperanza de la música española de los años 80. Se trata del canario Daniel Benavides, la cara más visible de Luz Futuro. Su concierto fue bastante breve, apenas superó los treinta minutos, y supo demasiado a poco. A diferencia de muchos otros teloneros que el público desea despedir cuanto antes, Luz Futuro supo hacer un show ágil. Estuvo repleto de matices intensos y a la vez complejos, aunque condensados en el tiempo.

Llama especialmente la atención su puesta en escena. Fundido entre potentes luces rojas, el artista consiguió defender una versión completamente fresca del new wave, del rock y del pop que sonaba en una de las épocas doradas de nuestro país. Si el público buscaba quitarse la espinita de no haber disfrutado jamás de El último vecino en vivo y en directo, mató dos pájaros de un tiro. Pues conoció en profundidad a un artista que, lejos de ser telonero, demostró ser un auténtico nostálgico, que apuesta por un pasado que ni siquiera tuvo oportunidad de vivir. Además, navegando entre su creciente discografía, consiguió despertar en la audiencia más ganas por escuchar sus temas, que parecen ser oro.

Gerard Alegre reconquista al público madrileño

El 25 de marzo era el día de El último vecino. Con tres discos completos en la calle y varios temas lanzados de manera independiente, el de Barcelona llegaba puntual al escenario. ¿El objetivo? Ofrecer un concierto que marcase un antes y un después en su carrera artística.

Sorprendido de la afluencia del público, Gerard Alegre daba el pistoletazo de salida a la velada con El desastre, uno de los grandes temas que compone el recién estrenado Juro y prometo (2022). Sin duda, un clásico instantáneo. Pese a su deprimente letra, conseguía iluminar, hasta cegar, a todo aquel que se encontraba en la sala. Resulta curioso el hecho de que el artista eligiese para arrancar la velada una canción que trata el desengaño sentimental. No obstante, es cierto que el tema está repleto de notas bastante placenteras. Tras sonar los últimos acordes de esta introducción, un riff guitarrero daba la bienvenida a No me dejas, otra de sus nuevas apuestas. Se trata de un claro homenaje del artista a uno de sus referentes musicales, El último de la fila. ¿El resto del tema? Una fusión entre el pop y el rock con un resultado sorprendente.

Sin mucho tardar, Gerard hurgaba en el baúl de los recuerdos y recuperaba su segundo álbum, Voces (2016), con la mejor de las apuestas: Una especie de costumbre. Un tema que le sirvió para consagrarse en el ámbito musical y dejar de ser considerado como artista emergente. Sonó también Antes de conocerme, Tu casa nueva, sencillo de 2014, y Mi camino perfecto, que lanzó hace tan solo un año junto a una versión del single Hechizo, de Héroes del Silencio.

Los temas no dejaban de sonar, sucediéndose los unos a los otros, sin descanso. Mientras tanto, globos negros y grises flotaban en una sala que terminaba por teñirse completamente de un color rojo intenso. Un color sinónimo de espontaneidad, atrevimiento, dinamismo, prosperidad, felicidad y poder.

El latido de celebración inundó la noche

Sin duda, un tono de lo más adecuado si tenemos en cuenta el Gerard Alegre que Madrid vio aquella noche. La sala entera presenció la actuación de un artista de lo más especial, con un alma, una voz y un ingenio compositivo digno de admiración. No obstante, resultaría injusto atribuir todo el mérito al cantante sin mencionar a los tres mosqueteros que le acompañaron en la aventura. En la guitarra Bernat Castells, en la batería Alejandro Íñiguez y en los sintetizadores Pol Valls. Los cuatro forman una estampa de lo más pintoresca, ilustrada en recuerdos de las épocas pasadas de El último vecino. Todos y cada uno de ellos rememoraron las razones por las cuales no podemos desengancharnos de esta banda: sus ideas, sus letras y sus sonidos repletos de matices ochenteros, con pinceladas de electropop, ciertas raíces postpunk y algún que otro aire aflamencado.

Entre las novedades destacaron, como ya lo habían hecho en la intimidad de nuestro hogar, Mundo mágico, Mentirosa, o Niño discúlpame. Esta última fue precisamente el medicamento que consiguió curar al artista de la crisis de creatividad que sufrió durante cinco años. Mientras el cantante pronunciaba la letra del tema, fuimos testigos de cómo su rostro iba cambiando. El Gerard tan alegre que llevábamos viendo durante todo el concierto, terminó entre lágrimas, emocionado. La canción avanzaba y su mirada se perdía cada vez más entre el público. Verdaderamente parecía que se estaba observando a sí mismo de niño, a esa personita pequeña que vivía dentro de él y que un día le cogió la mano de nuevo para acompañarle el resto de su vida.

El Último Vecino desprende magia sobre el escenario

La magia de sus canciones se trasladaba al escenario con una sensibilidad sin igual. Por supuesto, todo unido al carismático y peculiar personaje que se encontraba encima de la tarima. Su infantil voz, sus gestos que denotaban al mismo tiempo poderío e inocencia, sus inquietos movimientos, y su calor y cercanía con el público, convirtieron la experiencia en todo un festín de sensaciones, emociones, risas y mucha animación. Sin lugar a duda, el ambiente de fiesta y las ganas de cantar y bailar se hicieron un hueco en la habitación.

A pesar de grandes ausencias como Átame o Juro y prometo, la propia canción que bautiza su tercer larga duración, las presencias fueron muy acertadas. Antes de dar paso a Culebra, columna y estatua, el clásico con el que cerró la noche, el artista juró y prometió que no iba a haber un bis. Y así fue, porque, tras rematar la velada con una invitación a cuidar de las personas mayores, de nuestros padres y de los animales, le pasó el relevo a su productor, Innercut, que se encargó de que la fiesta no decayese con un sonido cálido y actual.

Un día Gerard me dijo que encima del escenario se sentía inmortal. Aunque en su momento esta declaración pudo parecer algo arriesgada, hoy lo entiendo perfectamente. No hay palabra más adecuada que pueda describir al Gerard Alegre que vimos aquella noche: Inmortalidad. Y todo esto tras haber superado un largo periodo de crisis creativa, y después de haber vuelto a la casilla de salida para comenzar de nuevo. El Último Vecino es sinónimo de espíritu de superación y de valentía. Ahora Madrid es testigo de ello.

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Miriam Méndez
Miriam Méndez
Soy graduada en Periodismo y Relaciones Internacionales por la Universidad Francisco de Vitoria. Apasionada de la música, del Periodismo y de la comunicación. De hecho, desde que tenía diez años, dedicarme al Periodismo Musical ha sido mi sueño. Adoro ir a conciertos, escribir crónicas sobre discos, playlists y eventos musicales, realizar entrevistas y mucho más.
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