InicioConciertosCrónica de La Habitación Roja en Madrid (La Riviera, 2021)

Crónica de La Habitación Roja en Madrid (La Riviera, 2021)

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Fotografías: Nanuk Video

Madrid. Aquella ciudad que los artistas siempre quieren pisar. Las estrellas sueñan con llenar las salas de la capital con sus guitarras eléctricas, sus baterías, las letras de sus temas y, por supuesto, el griterío de sus seguidores cantando a viva voz.

Pero no existe un único Madrid. Se puede hablar de un Madrid elegante que lucen las calles de la Gran Vía, un Madrid que llena de color, expresión y libertad el barrio de Chueca, o también un Madrid más intelectual, serio y culto, que se esconde tras las estrechas callejuelas del Barrio de las Letras o del Paseo del Arte. Está claro que nuestro Madrid tiene muchas caras, y muy diferentes las unas de las otras. 

Pero Madrid se ve completamente diferente desde el interior de una sala de conciertos. Hablamos de una gran habitación, llena de luces rojas. Un espacio muy acogedor y un escenario donde muchos artistas han cumplido su sueño. Las luces de las habitaciones rojas pueden cambiar por completo el ambiente de cualquier sala, ¿verdad? Y más si es una gran habitación donde los artistas hacen música. Madrid siempre fue tan pequeña / tú y yo y estas calles por mis venas.

Canciones que suenan a Madrid

Algo especial se esconde tras las letras y los acordes de La Habitación Roja que invitan a recorrer la gran ciudad de sala en sala, de azotea en azotea. Sus seguidores pasearon por la capital este sábado a través de su música, que se colaba por cada rincón, cada espacio, y cada sitio vacío de La Riviera.

Somos tan diferentes al resto / que hasta ya nos parecemos / nos sentimos el centro del mundo / y solo somos un cuarto oscuro / una habitación al rojo vivo. Largometraje es el nombre que pone título a estos versos sueltos, escritos en 1999, con los que el grupo daba el pistoletazo de salida a lo que esperaban que fuese el mejor concierto de sus vidas. Y vaya si lo fue.

Ambiente distendido a la altura de esta banda. Y salen Jorge y Pau con La segunda oportunidad. Aquí dentro, la mejor música. Afuera, las calles de Madrid ya iluminadas por Navidad. No es un sábado cualquiera. No es un sábado más en la historia de la capital. La ciudad brilla con ritmo en esta noche vestida de rojo, que nunca debería haber terminado.

En pie con su guitarra, bien entonada, revisando de cerca los gestos que tiene delante, escuchando gargantas cada vez más afónicas según tacha éxitos de su repertorio, Jorge sentía como su frecuencia cardiaca se aceleraba, llegando a más de cien latidos por minuto. Así lo expresó en su quinta selección de la noche, Taquicardias. Todavía un entrante, que, como no, debía ir bien acompañado, para que el público fuese abriendo boca. ¿Los mejores platos del menú? Van a por nosotros, Cuando te hablen de mí, Posidonia y Líneas en el cielo.

En honor a los que se fueron y no volverán

Es allí. En el cielo, donde muchos de nuestros seres queridos brillan, junto a las estrellas. Pero su luz nunca se apagará. Apenas había terminado José de rozar la batería con las baquetas, cuando Jorge quiso dedicar el concierto de aquel sábado a todos aquellos que ya no están con nosotros. “Quiero dedicar este concierto a Máximo, a Ernesto González, al padre de Luis, y a todas las personas que nos han dejado durante la pandemia”.

Un silencio se apoderó de la sala. Parecía que todos y cada uno de nosotros teníamos en mente a aquella persona, aquel amigo, familiar o allegado que un día se fue, llevándose consigo una parte de nosotros. Pero era momento de cantar por ellos, de disfrutar en honor a los que ya no podían hacerlo.

Cuando ya no queda nada, La edad de oro, 1986, Nuevos románticos, y El eje del mal. Se suceden las canciones. Y vuelve a pasar: todos nos emocionamos con temas que nos representan, porque con muchas nos sentimos identificados. Son letras que hablan de nuestra adolescencia y del amor. Palabras tristes que expresan el dolor de no poder darle a alguien todo lo que se merece, o simplemente, de no ser correspondido.

Después de tanto tiempo, volvemos a vernos. Nos saludamos, nos abrazamos mientras cantamos a la vez las canciones de la banda, les gritamos, observamos atónitos cada sonrisa, cada mirada cómplice entre ellos. Marc Greenwood y su bajo eléctrico recorren todo el escenario, la particular voz de Jorge Martí va de su mano, y rima con la guitarra de Pau Roca y la batería de José Marco. La banda está celebrando su 25 aniversario por todo lo alto. La Habitación Roja está haciendo historia en su ciudad favorita, que lejos de ser Valencia, es nuestro Madrid.

No hay como la sensación / de mirarte a los ojos / y sentirte por dentro. No sé cómo voy a olvidarte / tendré que empezar a acostumbrarme / Madrid fue tan pequeña / tú y yo y estas calles por mis venas. Por nuestras venas pasaba cada letra, cada palabra, cada acorde, cada sonido de guitarra o de batería que acompañaba esta canción, que tanto significa para ellos, y también para nosotros. Es Madrid, el tema que dedican a la enigmática ciudad, que esa noche estaba más bonita que nunca.

La velada musical avanza y no puede estar yendo mejor. “Nos ha costado mucho llegar hasta aquí. Tengo la impresión de que hay otros grupos, pero no son La Habitación Roja. Lo puedo sentir, de verdad. Lo de hoy nunca lo vamos a olvidar, va a ser muy difícil de superar”. Con estas palabras, introducía Jorge el tema Patria, seguido de Mi habitación. La palabra que describe este momento es magia. Es sencillamente mágico como, aún faltando algunas piezas del puzzle, todo va encajando. Si cantan Indestructibles, ponían la guinda del pastel al menú de gala de aquella noche. Pues la cantan.

El himno de La Habitación Roja

Y es que a pesar de todo aún no sé qué es lo que pasó / si tú y yo éramos tan felices / si tú y yo éramos tan felices / si tú y yo éramos indestructibles. Toda La Riviera de pie, toda la sala cantando al unísono este estribillo. Mientras este tema marcaba los últimos pasos de la noche, las ventanas de todo Madrid se encendían y se apagaban, alguien bajaba un toldo a rayas, aquel escribía cartas mientras intentaba conciliar el sueño. De todo eso van las canciones. De la vida cotidiana, del día a día. Y mejor para la banda si es un día más en la capital.

“Gracias por haber estado siempre ahí, nos sentimos super privilegiados y queridos. Hemos hecho este viaje de vida juntos y nos habéis dado el privilegio de ponerle banda sonora a vuestras vidas. Muchas gracias”. Las palabras de agradecimiento y cariño por parte de los artistas tenían pinceladas de despedida, y el público sabía que el concierto, que se acercaba a las tres horas de duración, llegaba a su fin. Pero todavía quedaba una canción. Una última oportunidad para llevarse el recuerdo del mejor concierto de la banda hasta el día de hoy.

La masa de personas se abrazó por los hombros para saltar y dejarse la voz en el estribillo de Las canciones. Último tema, pero no menos importante. De hecho, fue todo un homenaje a la música. Los cuatro minutos y cincuenta segundos que dura hablan de las canciones que escuchamos a lo largo de nuestra vida . “Gracias de todo corazón. Creíamos que este concierto nunca iba a suceder. No nos importa no ir al Wizink, nos quedamos aquí con vosotros”.

En un ambiente acogedor y tranquilo, la ciudad fue testigo de un concierto en que los miembros de la banda se dejaron el alma y consiguieron meterse, una vez más, al público en el bolsillo. Resulta sorprendente que un grupo tan asentado como ellos se siga implicando tanto con sus fans. La Habitación Roja hace que la música cobre otro sentido, se transforme y adquiera su estado más puro.

Impactante, brillante, apasionado, conmovedor y soñador. Todos los adjetivos se quedan cortos para describir aquel sábado noche donde la banda, tras 25 años de carrera, tachó un sueño más de su lista.

Sin duda, Madrid tiene otro color desde que La Habitación Roja pisó sus calles. Esperemos que vuelvan pronto.

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Miriam Méndez
Soy graduada en Periodismo y Relaciones Internacionales por la Universidad Francisco de Vitoria. Apasionada de la música, del Periodismo y de la comunicación. De hecho, desde que tenía diez años, dedicarme al Periodismo Musical ha sido mi sueño. Adoro ir a conciertos, escribir crónicas sobre discos, playlists y eventos musicales, realizar entrevistas y mucho más.
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