Fotografías de Fer González | Noches del Botánico
Últimamente, nos ha tocado más de un concierto con emoción hasta el final. Hace unas semanas temimos por la presencia en España de Pearl Jam y, este pasado viernes, teníamos dudas de si Lianne La Havas podría cantar en Noches del Botánico tras cancelar en Barcelona la noche anterior. Sin embargo, desde la propia organización, amable como siempre, nos confirmaron que todo seguía adelante y que podríamos disfrutar de su magia.
Algo más tarde de la hora prevista, eso sí, la cantante británica, a la que descubrimos hace ya unos cuantos años cuando los medios comenzaron a hablar de la “protegida de Prince” (menuda etiqueta / arma de doble filo puede ser esa), saltó al escenario ataviada con unas gafas de sol (y eso que ya había anochecido) pero que tan solo le acompañaron unos segundos. Su banda, sobre todo esa gran sección rítmica que da forma al esqueleto de sus canciones, ya aguardaba a su líder para arrancar una algo escueta hora de música e inspiración. Se nos hizo un poco corto, para ser absolutamente sinceros, pero nos imaginamos que la cantante aún no estaba al 100%, por lo que podemos perdonarla por esta vez. Eso sí, nos debes un concierto un poco más largo así como una nueva fecha para tu público de Barcelona, Lianne.
Nada más empezar, con la gran Green and Gold y Read My Mind, y sin que tan siquiera fuéramos conscientes, la británica ya nos tenía bailando. El embrujo de los ritmos soul de Lianne y su banda era poderoso, y terminó de hechizarnos cuando reconocimos los acordes de su versión del Weird Fishes de Radiohead. Un arranque demoledor para meterse al público en el bolsillo.

Pero no todo fue baile. También hubo momentos más íntimos en los que disfrutar de La Havas, su voz y su guitarra. Aunque por momentos, le costó encontrar el tono adecuado. Primero, pidiendo un poco más de reverb. Vuelta a empezar, pero el sonido que está saliendo de su guitarra sigue sin convencerle. Cuesta, reinicia, hasta que da con la tecla. Y ya con el tono correcto, satisfecha, sigue encandilándonos a todos.
Cuando llegamos a uno de los momentos álgidos del festival con su increíble interpretación de Unstoppable, cobramos plena consciencia del privilegio de estar presenciando una voz tan única y con tanta personalidad como la suya. Desde luego, escuchando cómo canta el estribillo, nos convence completamente de que, sí, somos imparables. Tanto que hasta logra animar al público, hasta entonces principalmente silencioso (¡qué gusto un concierto donde la mayoría era respetuosa con la música y no estaba hablando y molestando constantemente!), a acompañarla en los coros del final del tema. El arranque fue tímido, verdaderamente, pero al final hasta conseguimos hacer un acompañamiento medianamente decente.
El final de la noche llegó con Bittersweet, una explosión final en la que su voz fue creciendo a lo largo del tema hasta estallar con una increíble potencia, tras la que se despidió, tan rápido como llegó, con un susurrante “I Love You, Madrid”. ¿Nos hubiera gustado que el concierto fuese un poco más largo? Sin duda, pero lo que pudimos ver, nos encantó. Una voz así no se disfruta todos los días. Te vemos pronto de nuevo, Lianne.

