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Crónica de Love of Lesbian en Madrid (Movistar Arena, 2025)

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Volver a ver a Love of Lesbian en Madrid, el pasado sábado 1 de noviembre, fue como regresar a un lugar que ya conocía, aunque esta vez el escenario fuera mucho más grande; su último paso por la capital fue en una triple Riviera —como os contamos aquí en febrero— y aquello ya fue un reencuentro. Ahora, en el Movistar Arena, esa sensación se multiplicaba por mil. Además, este concierto marcaba el fin de la gira La Hermandad Tour que les ha llevado por toda España y Latinoamérica, lo que añadía una capa de emoción extra: el cierre de un ciclo, la última oportunidad de vivir juntos estas canciones en directo antes de que la banda descanse de los escenarios por un tiempo. No era, por tanto, un concierto más: era un espacio donde sus canciones se convertían en una conversación compartida entre ellos y nosotros.

El Movistar Arena imponía, pero pronto —desde el primer acorde— la sensación no fue de distancia, sino de volver a casa. Una vuelta a ese lugar íntimo de emoción; una vuelta a donde solíamos gritar. La pasarela que se adentraba entre el público, las pantallas que proyectaban imágenes y luces en sincronía con las canciones y una sección de viento que reforzaba el sonido sin hacerlo excesivo; todo estaba pensado para que el concierto no se sintiera como un espectáculo más, sino como una conversación ampliada con nuevos matices.

Ejército de salvación y Cuando no me ves abrieron la noche con esa mezcla de melancolía y electricidad que define y le sienta tan bien a esta banda. Santi Balmes lo dijo con una sonrisa: esta vez querían un concierto distinto, más tranquilo, «algo más emocional que explosivo». Y eso fue exactamente lo que entregaron: un espacio para respirar entre canciones, para volver a sentir las letras sin prisa.

La complicidad con el público se tejía en cada gesto. En Bajo el volcán, el primer gran momento coral, Balmes habló, divertido, de su relación con Madrid: «Estamos casados con esta ciudad […]  A veces nos preguntamos: ¿hasta cuándo nos vais a hacer caso?».
Habló de amistad, de lealtad, de esa unión invisible que existe entre quienes llevan años acompañándolos desde los primeros discos. Luego llegaron Noches reversibles y Los colores de una sombra, bañadas en luces ámbar que parecían moverse al compás de los recuerdos.

Brindemos deprisa, bebamos despacio

La aparición de Rigoberta Bandini en vídeo para Contradicción añadió otro nivel de detalle al montaje: fue muy original, aunque reconozco que resultó algo chocante escuchar su voz pregrabada, sin la presencia física que una espera en un directo. Aun así, el montaje estaba cuidado y tenía su belleza: los reflejos en los laterales del escenario, la sincronía con la banda en las pantallas y el refuerzo de teclas y vientos creaban un marco envolvente. Al final, lo que quedó claro es que la voz de Rigoberta es irremplazable en esta canción, y aunque no estuviera allí en persona, su timbre llenó el espacio con la misma fuerza de siempre.

Después sonó Escuela de danza aérea, y el recinto pareció flotar por un momento. Con Antisistema solar, el cielo del escenario se llenó de luces naranjas y estrellas suspendidas, y la sensación era la de estar dentro de un universo íntimo y silencioso, donde cada palabra encontraba su eco. «Sigamos por los aires…», pidió Balmes antes de Planeador, mientras él y Julián Saldarriaga avanzaban por la pasarela, buscando ese contacto cercano con la gente que tantas veces se diluye en los grandes recintos.

Entre anécdotas, Balmes y Julián continuaron reflexionando sobre los inicios, sobre el idioma que los llevó a cruzar el Atlántico y el sinsentido de rivalidades entre Barcelona y Madrid. Hablaron con naturalidad, infinito cariño y sin poses forzadas. El público les escuchaba como quien escucha a un amigo que vuelve a casa y necesita contarte lo que ha aprendido.

El bloque acústico llegó como una pausa cálida. Mi primera combustión y Un día en el parque redujeron el Arena a algo mínimo y desnudo: dos músicos al final de la pasarela con voz y guitarra predominando, y un público que contenía la respiración. Cuando Balmes dijo, con la voz ligeramente rota, «esta es probablemente una de las letras más bonitas que hemos escrito», no fue una frase más: se notaba que lo sentía. Ese temblor suyo en la voz se contagió rápido. Eché un vistazo a mi alrededor y vi gente quieta, con los ojos brillantes, y me descubrí igual, con lágrimas que aparecieron sin que pudiera evitarlas. Fue como estar en una habitación compartida con miles de personas, todos agradecidos por esa pausa que nos dejaba sentir de verdad.

Después, El poeta Halley se convirtió en uno de los momentos más hermosos del concierto. «Un homenaje a las palabras», anunció Santi como preludio de una de las canciones más hermosas de su repertorio, donde sorprendió un vídeo del maestro Joan Manuel Serrat recitando el poema final del tema. El silencio que se hizo durante esos segundos fue tan solemne que parecía una oración.

Balmes habló también de heridas: de la catástrofe de la DANA, del genocidio, del fascismo, de la necesidad urgente de seguir gritando. Su voz sonó más grave, pero también más firme, como recordatorio de que la música también sirve para nombrar lo que duele. Justo después comenzaron al unísono los primeros versos, en su garganta y en la de los miles que asistíamos esa noche: «¿A que no sabes dónde he vuelto hoy? / Donde solíamos gritar».

Inmediatamente a continuación llegó Los irrompibles y viajamos al pasado con 1999. Ahí, el tiempo se detuvo. 1999 no envejece, porque somos nosotros los que crecemos con ella. Y es que no importa cuántas veces la haya escuchado: esta canción siempre duele y cura al mismo tiempo. Es una canción que contiene una vida entera, la adolescencia, las primeras veces, los lugares donde aprendimos a sentir sin saber ponerle nombre. La escuchamos siendo otras personas, y cada vez que suena nos recuerda todas las que fuimos. Mientras sonaba me recreé mirando unos instantes a mi alrededor y vi parejas abrazadas, vi a gente cerrar los ojos y a otros emocionarse. Yo también me descubrí cantándola con una emoción antigua, como si el tiempo se doblara y aquella historia —la nuestra, la de todos— volviera a ser presente. Santi la interpretó con un brillo en la mirada y en la sonrisa que no necesitaba explicación. Fue uno de esos instantes en los que entiendes por qué seguimos volviendo a ellos: porque Love of Lesbian sabe contar lo que muchas veces no se atina a expresar.

Y ahora que todo ha acabado, ¿qué?

La aparición de Travis Birds para ¿Qué vas a saber? trajo un soplo de complicidad y ternura, un diálogo íntimo entre dos voces muy distintas, en generación y estilo, que aun así parecían entenderse y fundirse sin dificultad. Manifiesto delirista, Los toros en la Wii y La Champions y el Mundial devolvieron el dinamismo e ironía, los juegos de palabras hábiles y el humor surrealista que siempre acompaña al grupo, recordándonos que también saben manejar con arte y tablas la diversión, riéndose de su propio delirio.

Pero el verdadero hilo conductor de la noche fue la amistad. Lo subrayaron una y otra vez, hasta convertirlo en un mantra. En La hermandad, cuando Dani Martín apareció inesperadamente entre el público y subió al escenario, la ovación fue sincera y grandiosa. Sin ser una fiel seguidora del que fuera cantante del grupo El Canto del Loco —y quien ha hecho del Movistar Arena casi su residencia con diez (¡!) fechas vendidas—, reconozco que fue una intervención acertada, que recalcó aún más la extensa trayectoria que llevan los de Barcelona en la música.

Luego llegaron las icónicas e infaltables Incendios de nieve y Club de Fans de John Boy, y el recinto estalló en una celebración de todo lo compartido: risas, euforia, historias, más instantáneas rescatadas del fondo de la memoria. El bis fue el tipo de final que justifica cualquier espera. Ya sale el sol devolvió la calma, como si la noche se despidiera con un suspiro. 

Y entonces llegó Oniria e Insomnia como el momento más especial de la noche para mí. El concierto había sonado impecable desde el principio, con la banda perfectamente ajustada y un sonido claro que hacía justicia a cada detalle. Pero en esta canción todo se intensificó: las luces bajaron y tiñeron el escenario en una noche azul, el público guardó silencio y la atmósfera se volvió íntima pese a la magnitud del recinto.

Era mi primera vez escuchándola en directo y me emocionó de verdad. La había oído muchas veces en casa, pero allí adquirió otra dimensión: más cercana, más profunda. La ejecución fue precisa, sin fisuras, y esa claridad permitió que la emoción llegara limpia. Me quedé quieta, con la sensación de que no quería que terminara. Fue un cierre perfecto y conmovedor a un viaje intensísimo de 2h 45min que me dejó grabada la noche en la memoria seguramente por mucho tiempo.

Cuando terminó, la banda se despidió con infinita emoción y cariño al público. Oriol Bonet, Jordi Roig, Julián Saldarriaga, Dani Ferrer, Santi Balmes, Ricky Falkner y Marc Clos se abrazaron en verdadera hermandad, y en ese agradecimiento cabía todo: los años de carretera, los discos, las ausencias, las canciones que siguen curando heridas que ni sabíamos que teníamos.

Todos salimos del recinto con el pecho lleno de una manera u otra: de frases, de nombres, de recuerdos y de certezas. De la sensación de que Love of Lesbian no solo acompañan épocas vitales: las musicalizan y las acunan. Y así mientras enfilábamos el camino hacia la calle y la vuelta a casa, esa pregunta final seguía flotando: «Y ahora que todo ha acabado, ¿qué?».

Quizá volver. Quizá seguir cantando. Quizá nunca dejar que se acabe del todo.

Setlist de Love of Lesbian en Movistar Arena (fin de gira)

  1. Ejército de salvación
  2. Cuando no me ves
  3. Bajo el volcán
  4. Noches reversibles
  5. Los colores de una sombra
  6. Sesenta memorias perdidas
  7. Contradicción (con Rigoberta Bandini en pantalla)
  8. Escuela de danza aérea
  9. Cosmos (Antisistema solar)
  10. Planeador
  11. Mi primera combustión
  12. Un día en el parque
  13. El poeta Halley
  14. Allí donde soliamos gritar
  15. Los irrompibles
  16. 1999
  17. ¿Qué vas a saber? (con Travis Birds)
  18. Manifiesto delirista
  19. Los toros en la Wii (Fantástico)
  20. La Champions y el Mundial
  21. I.M.T. (Incapacidad moral transitoria)
  22. La hermandad (con Dani Martín)
  23. Incendios de nieve
  24. Club de fans de John Boy
  25. Ya sale el sol
  26. Oniria e Insomnia
Eva A. Gómez-Calcerrada
Eva A. Gómez-Calcerrada
Vivo rodeada de canciones y de melodías desde que tengo uso de razón. Perpetua enamorada de la música y sus palabras.