El verano en Valencia es un poco agobiante. La verdad es que, entre el turismo y la humedad, se vuelve un poco pesado. Sí… Tenemos playa, tenemos costa, ya lo sé. Y gracias a eso, podemos soportar el calor. Pero eso también puede ser un arma de doble filo. Y lo digo porque se nota en la ciudad; se nota en el centro y en los lugares más alejados de la costa. Se nota en los bares, en los restaurantes… Y se nota en las salas de música, en los bares musicales y demás locales que acogen cualquier tipo de expresión cultural. Amén de esto, veamos.
Luis Carrillo actuó en la sala Loco Club de Valencia el pasado 1 de julio, en su ciudad natal. A las 22:30h, una hora un tanto complicada para un sábado de verano en esta ciudad. Había mucha fiesta, sí. Pero más inclinada hacia la playa, ya sabéis; la brisa del mar y demás. Fue un riesgo, pero es su ciudad y su gente fue a verlo. Aquellxs que lo han visto crecer. Y bueno, debo decir que al principio éramos pocos. Pero luego se corrigió y se llenó la sala. También la pasamos genial; porque con amigxs, tinto de verano con vermú rojo y buena música en directo, se garantiza un buen rato.
Un frío principio, en pleno verano
Era normal. La gente había terminado de cenar y se dirigía del restaurante a la sala Loco Club. El comienzo fue frío, sí. Pero para alguien que ha sido telonero de Simply Red, empezar con poca audiencia es un incentivo para hacerlo perfecto. Para brillar y dejar al público boquiabierto, aplaudiendo después de cada canción.
Luis Carrillo inició el concierto con El Sendero, la canción que cierra su álbum Puntos De Fuga y por la cual ha recorrido medio país presentándola en una extensa gira. El inicio de esta canción nos pilló a casi todos confesándonos en la barra, algo común en los seres humanos. Porque sería ingenuo no reconocer que nos gusta sufrir llevando un vaso lleno de cualquier bebida espiritual en la mano. Sin embargo, eso fue lo que nos llevó a corear esa primera canción de la noche.
El concierto siguió en esa línea. Cada canción atrajo a más gente, más brazos en alto, más aplausos. Al comienzo de cada canción, había una breve introducción que explicaba el significado de las letras, la razón detrás de la composición y el orgullo que siente Luis Carrillo por su público, incluso alguna anécdota que nos hizo reír. Realmente, se le puede considerar un showman sensato.

Adiós a una vieja compañera
Se podía sentir que la temperatura en la sala había aumentado, aunque los sistemas de aire acondicionado cumplían su función a la perfección. El lleno en la sala era el culpable de ese aumento de temperatura.
Ya todos estábamos inmersos en el espectáculo, la felicidad se apoderaba de la sala, un claro indicio de la buena acogida a Carrillo y su banda. No en todos los conciertos se puede decir lo mismo; a veces, los cambios de notas o de estilo en una canción no son bien recibidos. Ya sabéis cómo suelen ser los directos. Y no importa si se trata de canciones nuevas o antiguas, no siempre agradan al público.
Sin embargo, en este concierto nos gustó. Nos gustó incluso el discurso que hizo al despedir una de sus canciones antiguas para dar paso a las nuevas. Y nos gustó cómo la interpretó (se trata de la canción Recogidas). Luis es alguien que transmite la delicadeza con la que crea su música y la paz que lleva dentro.


Una invitada inesperada
Ya habíamos llegado al punto medio del concierto, todos intentábamos encontrar un hueco cerca del escenario para tomar la foto obligatoria, capturando ese momento que inmortalizaría nuestra presencia allí. Era el final de la canción Vinc d’un Poble de Judith Nedermann, la única canción que canta en valenciano en su último álbum, Puntos De Fuga.
Luego se dispuso a presentar la siguiente composición, A Brazo Partido, la cual interpreta junto a Marta Andrés en el disco. Ella no estaba presente en el concierto, pero Luis nos presentó a la artista que lo acompañaría en esa canción. A MARES fue la sorpresa de la noche, cantó con él esa canción (también abrió el concierto). Y se convirtió en un momento muy íntimo, especial. No conocía a la artista, pero su voz sensible me cautivó. Así como el solo de trompeta de Manu Pardo, que acompaña a la canción. La eleva a otro nivel, os lo aseguro. Ese solo de trompeta silenció la sala y nos puso la piel de gallina.
Después de descubrir esa joya en bruto, el concierto adquirió otro matiz. Las siguientes canciones nos hicieron bailar, animando una velada que prometía fiesta. Y los músicos estaban dispuestos a ello. La batería de Pau García llevaba los ritmos con ese estilo característico suyo, tan natural y seguro de sí mismo que te hace pensar que todo es muy sencillo. Ya lo demostró en la grabación de El Grito, esa canción en la que parece que no hace nada, pero a la vez lo hace todo. Pero la versión en vivo de esta canción es diferente a la del disco. Mucho más bailable y con más instrumentos. Se dejaba ver el bajo de Miquel Antoni y la guitarra de Toni Carrillo en un tema que, en principio, es una balada con solo batería y voz acompañada de algunas notas de guitarra acústica.
Se acercaba el final del concierto y no queríamos irnos. Uno de los temas finales, La Manzana, nos dejó con ganas de más. Fue un momento de locura en el que toda la banda participó, y nos entregamos a ellos bailando y coreando la canción entera.
En definitiva, fue un concierto que me sorprendió gratamente en términos musicales, a pesar de la fecha y la hora. Merecía tener más público, aunque tampoco éramos pocos. También cabe destacar que la calidad del sonido en la sala fue sobresaliente, tanto por parte del técnico como de los músicos. Además, el servicio en la barra fue rápido y sin errores.


