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Crónica de Moby en Icónica Santalucía (Sevilla, 2026)

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Moby es uno de esos artistas que cada salida que hace de su país de origen es un motivo de celebración. No es el típico tipo que ame las giras, y en muchas ocasiones ha dejado caer que no es algo que le apasione, por lo que merece la pena disfrutarlo intensamente.

No sé a qué tiempo pasado me tendría que remontar para recordar desde cuándo sentí fascinación por el neoyorquino. Creo que su pasado algo oscuro, vinculado a la cultura nocturna del techno y lo que conlleva; sumado al gusto y fascinación por la arquitectura y su activismo político, forjan una persona muy interesante.

Tuvo todo y a día de hoy lo sigue teniendo, pero tuvo que romper con muchas cosas, incluso con su insana relación con la ciudad que le vio nacer, para resurgir al otro lado de tan vasto país. Ahora, en un lento camino hacia senectud, vive una vida calmada y lejos de los focos mediáticos en el soleado estado de California.

Con 50 años tuvo la proeza de escribir sus memorias, posiblemente porque se sentía más vivo que nunca tras vivir en un Nueva York viciado, underground; donde habla desde la más estricta honestidad de cómo se sentía en tremenda vorágine y su relación con artistas coetáneos como Nine Inch Nails o Fat Boy Slim, entre otros. Para los curiosos, este es el libro y es sin duda un fiel retrato de una etapa compleja a todos los niveles, pero que le llevó a tocar el cielo en el plano musical.

Para entender la música de Moby, había que entender los contextos. Sus primeros trabajos tenían las notas de ese sonido de club, ese alto voltaje, con creaciones frenéticas, sacando a relucir sus mayores éxitos. Después y sin perder la elegancia que le caracteriza, sigue experimentando hacia versiones más ligeras de sí mismo, siempre rodeado de los mejores. ¿Quién no quería ser tocado por el dedo de dios?

Moby: legado a favor del hombre

La visita del artista a la capital andaluza provocó un auténtico revuelo. Si bien no para generalmente en nuestro país —en la última gira me tocó irme a Londres—, era un regalo que en un marco tan extraordinario como es la Plaza de España de Sevilla se pudiera dar tal evento.

Quiero destacar algo: este concierto se enmarca dentro del ciclo de conciertos Icónica Santalucía Fest con una programación diversa y adaptada a todos los géneros con sorpresas como esta. Y espero que dure porque tiene una organización de diez, una acústica épica y una propuesta de ocio y gastronomía mucho más allá del propio concierto. Acercar la música de esta forma es un acierto a todas luces.

Un poco más tarde de las 10 de la noche y bajo una intensa ola de calor, Moby y su banda salieron a escena. Desde el minuto uno, la vitalidad estaba servida. No puedo comenzar sin aclarar que, aunque nuestro invitado de hoy esté muy vinculado a la electrónica, lleva un elenco de lujo sobre el escenario.

Dos voces que no podemos decir que sean complementarias, es que hacen los temas suyos. Cuerdas —contrabajo y violín—, además de teclados, guitarra y batería. Lejos de lo que a veces se vive con los formatos DJ set, donde el trampantojo de poner el nombre del artista suplanta su actuación, se trata de un concierto al uso, en plenitud.

Su salida, siempre espectacular, fue un chute de energía y adrenalina. El setlist se repite en esta gira y es que se trata de una máquina complicada de engrasar y no admite mucho cambio. Con “Bodyrock” se dio pistoletazo a una noche llena de épica, crítica social y mucho flow en la pista de baile.

Para mí siempre es impresionante vivir “Go”. Es el mejor sample de la historia; nadie puede mezclar mejor una pieza tan sublime como es la banda sonora de Twin Peaks con la electrónica más pura. Sin duda es un momento emocionante y la mejor forma de mostrar respeto al impresionante legado que dejaron Lynch y Angelo Badalamenti.

La trilogía que compone “In this world”, “In my heart” y “We are made of stars” es uno de los momentos más emocionantes. Las voces femeninas que lleva engalanan estas canciones, dotándolas de una fuerza increíble. No diremos que estas piezas salen de su mejor momento creativo, pero sí quizás evocan al imaginario colectivo de la discografía de Moby. De hecho, la trascendencia de su música en España se debe en gran parte a su asociación con la publicidad.

También hubo un momento para la nostalgia. Contó que en su primer trabajo conoció a David Bowie y, de tan buen recuerdo, lo llevó a versionar “Heroes” en acústico. Al final, la escena neoyorquina estaba muy mimetizada y quedaba en un pequeño círculo.

Tampoco escatimó en criticar el gobierno actual de Trump. Siempre ha sido un tipo reivindicativo, especialmente en el ámbito de la protección animal y otras causas. Y este activismo lo ha llevado a su forma de vida y no tuvo reparos en expresar su malestar con este gobierno.

Recta final: quemando la pista de baile

Lo que quedaba de concierto era una auténtica fiesta. Como sorpresa tocaron “Disco lies”, canción que ha resurgido después de muchos años en el setlist. A Moby se le ve en un momento físico espectacular, enérgico y sereno a partes iguales. Ha llevado una vida intensa, pero parece que ha encontrado su punto de equilibrio.

Antes de los bises nos deleitó con canciones como “Find my baby”, tan evocadora y cosmopolita, o “Extreme Ways”, uno de los indispensables en su vasta discografía. Para el final se dejó “Porcelain” —«una canción de amor», según sus propias palabras—, “Lift me up” de su disco Hotel y cerró con un ravero “Feeling so real”, con el subidón que se merece.

No cabe duda de que Moby sigue siendo una rara avis de la escena: ha vivido todo y, aun así, siempre ha sabido explotar su creatividad sin encasillarse en un sonido, siendo referente para otros muchos artistas. Hemos tenido que esperar muchos años para disfrutarlo en directo, pero cada minuto de espera mereció la pena.

Lo que se vivió en Sevilla fue una auténtica catarsis artística. Nunca sabremos cuánto tendremos que esperar para vivir semejante experiencia.

Vanesa Carro
Vanesa Carro
Massive music lover and full time traveller