InicioConciertosCrónica de Niña Polaca en Madrid (sala Cool, 2021)

Crónica de Niña Polaca en Madrid (sala Cool, 2021)

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Fotografías: @ellieatgigs

Es un patrón repetido, década tras década, el hecho de que cada cierto tiempo surjan bandas que marcan, en mayor o menor medida, a toda una generación. Esta identificación puede tener un carácter territorial o social pero, en un gran número de casos, esos grupos y sus canciones vienen para quedarse y perduran en el tiempo más allá del momento de su irrupción. Ocurrió con algunas formaciones surgidas en los 80, como Los Ronaldos o Radio Futura, algo similar pasó con Extremoduro o Platero y Tú en los 90, o con Pereza años más tarde, por poner solo algunos ejemplos. Pues bien, por determinadas circunstancias, el momento que vive la música actual ha dado origen a un buen puñado de grupos de este tipo (más allá del estilo musical que desarrollen) y Niña Polaca, sin lugar a dudas, es uno de los que están teniendo un mayor calado en la actualidad y un mayor crecimiento desde el underground de la capital.

Reventando la Cool y esas cosas

Tras publicar el año pasado un disco recopilatorio con sus primeras grabaciones y demos, la banda formada por Surma, Beto, Sandra y Kobe editaron hace poco más de un mes su primer larga duración con temas nuevos, el formidable Asumiré la muerte de Mufasa. En ese momento anunciaron un concierto presentación en la sala Cool de Madrid y agotaron las entradas en tan poco tiempo que decidieron añadir una fecha más en el mismo recinto. Esta es solo una pequeña muestra de que la carrera de Niña Polaca acaba de despegar y se presume imparable.

La primera de las noches en la sala del centro de Madrid, no significó únicamente la presentación en directo de un exitoso álbum, sino que se convirtió en una celebración de altura en el que para muchos era el primer concierto con total normalidad desde hacía más de año y medio. Y como tal, el show se presentó excitante, ardiente, enérgico y repleto de euforia. «Reventando la Cool y esas cosas» rezaba el encabezamiento del setlist de Niña Polaca y efectivamente, ocurrió lo que ellos mismos presagiaron, la sala estalló desde el primer acorde y el público entró en ebullición sin reservas, vaciándose por completo y desatándose una maravillosa locura colectiva.

Marcando a una generación

Decíamos que Niña Polaca representa eso que muchas veces llamamos «banda generacional», pero este calificativo, lejos de intentar etiquetar, nos sirve para resaltar una de las características y mayores virtudes que tiene el cuarteto: la inclinación por las historias cotidianas (aunque no carentes de cierta crítica social), la facilidad para empatizar con unos seguidores plenamente consciente de cada palabra que cantan y la querencia por melodías que transitan entre lo adrenalítico y lo sosegado. Pero sobre todo, lo afirmamos porque su repertorio empieza a tener ese fascinante aroma que hace presagiar que sus canciones están marcando a cientos de jóvenes de nuestro país, empezando, como no podía ser de otra manera, por los de Madrid, origen y escenario de la mayoría de las composiciones del grupo.

Quizás aún sea pronto para aventurar si la música de Niña Polaca trascenderá a lo largo de los años, pero lo que sí parece claro es que está dejando huella en una generación y salpicando sin remedio a otras que descubren en estas canciones esa frescura que muchas veces se añora de tiempos pasados. El concierto que vivimos evidenció aún más esta teoría pues, aunque la mayoría del público era eminentemente joven, un gran número de los allí presentes ya peinan canas, demostrando que la música es el lenguaje de conexión intergeneracional por excelencia.

Avasalladores

La noche arrancó con Máster en imbécil como breve calentamiento previo a lo que habría de venir a partir de ese momento, pues ya con Pdr Snchz la multitud se desató en el primero de los múltiples pogos en los que nos veríamos envueltos (más adelante ocurriría lo propio con otras canciones como Pinta Malasaña, Willy e incluso Nora). No era para menos, este segundo tema es uno de los más electrizantes de su repertorio y así Niña Polaca dejaron claro que estaban dispuestos a poner patas arriba ese recinto, algo que ocurrió desde el primer momento.

La emoción de la banda solo era comparable a la que el público tenía en su interior sintiéndose partícipes de todo eso, focalizando la tan ansiada libertad en este tipo de eventos con cada baile, con cada salto y con cada una de las frases que cantaron al unísono, derrochando energía y entusiasmo por volver a reencontrase con la música en directo en todo su esplendor. La espera se ha hecho larga, pero parece que ha merecido la pena. Hemos vuelto a las salas con más ganas que nunca, terminando exhaustos, sudorosos y con la imborrable sonrisa de quien ha vivido algo inolvidable.

Canciones que marcan

Pero si hay algo que marcó la noche y a buen seguro es la tónica general en todos los conciertos de Niña Polaca, es la identificación de su público con cada una de las canciones del grupo. Los bailes y los pogos están bien (el de Asumiré la muerte de Mufasa fue épico), son necesarios y sirven para canalizar y dar rienda suelta a toda la energía acumulada, pero cuando veinte canciones son coreadas frase a frase por tanta gente, significa que esta propuesta va más allá de la pura diversión. Así lo demuestran temas como Mañaca, Joaquin Phoenix, Ivona… o las bellísimas San Francisco El Grande, M. o Nora que enseñan el lado más sensible y delicado de Niña Polaca. Todas y cada una contienen frases que su público asume como propias, de esas que hablan de la vida de cualquier persona, de su día a día, y que se quedan grabadas a fuego para siempre.

El setlist se desarrolló sin tregua, dejándonos casi sin aliento así que, para cuando el público pidió que salieran de nuevo al escenario, tras Madrid sin ti (convertida ya en incontestable himno), los cuatro se juntaron a un lado del escenario para dilucidar cómo poner poner fin al show. La decisión fue sorprendente y se convirtió en un broche final algo surrealista para una noche en la que el disfrute y el gozo fue una constante en todos los asistentes y en la que los cuatro músicos se dejaron la piel en el escenario. Se despidieron con una versión rockera del Padre Nuestro (sí, la canción de misa, como suena), sin anestesia ni rodeos.

Conexión y celebración

No es tarea fácil que tanta gente empatice con un repertorio tan reciente, pero las canciones de esta banda son tan imbatibles que lo que parece casi imposible es no hacerlo. Que el público conecte emocionalmente con los temas y poder celebrarlos en directo es una de las aspiraciones que cualquier artista tiene cuando está inmerso en el proceso creativo, y Niña Polaca va camino de lograr objetivos en tiempo récord. Desde luego, su propuesta tiene todos los ingredientes y, aunque destacábamos antes su carácter generacional, aquí hay mucho más que eso. La música es celebración y Surma, Sandra, Beto y Kobe nos lo han vuelto a recordar.

Setlist Niña Polaca:

  1. Máster en imbécil
  2. Pdr Snchz
  3. Mañaca
  4. Me la estoy inventando
  5. Mary The Queen
  6. La Riviera
  7. Garabatos, despedidas
  8. Donne me de boire
  9. Interestelar
  10. Tu belleza se merece una canción
  11. Pinta Malasaña
  12. Willy
  13. San Francisco El Grande
  14. M.
  15. Joaquin Phoenix
  16. Magaluf
  17. Ivona (Voy a decirle a mi madre que la quiero)
  18. La muerte de Mufasa
  19. Nora
  20. Madrid sin ti
  21. Padre Nuestro

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Javier Decimavilla
La música nos puede salvar la vida o al menos mejorarla. Bob Dylan, Neil Young, David Bowie, The Beatles o The Rolling Stones, entre otros, nos llevan enseñando el camino a la felicidad desde hace décadas.
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