InicioConciertosCrónica de Quique González en Madrid (La Riviera, 2024)

Crónica de Quique González en Madrid (La Riviera, 2024)

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«Gracias a vosotros, porque me habéis regalado una vida increíble». De esta forma se despidió el viernes Quique González de su público, después de más de dos horas de concierto. Y ese agradecimiento es mutuo y recíproco por parte de muchos de los que estábamos ahí. Son 25 años ligados a sus canciones, toda una vida en la que su música me ha salvado, me ha arropado y me ha abrazado, desde que con 17 años le descubrí por casualidad en la mítica sala madrileña La Redacción, detrás de su guitarra acústica. Desde entonces, decenas de conciertos, innumerables canciones compartidas, muchas tardes de walkman y discman, multitud de noches en la soledad de mi habitación sumergido en su universo, infinitos momentos que no existirían sin su música, sin sus historias, sin sus versos.

Ya lo he dicho en alguna que otra ocasión, pero no me cansaré de repetirlo, Quique es el artista más importante de mi vida, al que más veces he visto en directo, el único al que he seguido durante tanto tiempo con el mismo fervor y pasión del primer día. Por eso, celebrar sus 25 años de carrera es celebrar gran parte de mi propia vida, agradeciendo siempre haber podido estar desde los inicios, presenciando cada paso y sintiendo cada pequeño triunfo casi como algo propio. El pasado fin de semana, el artista madrileño cerraba la gira que le ha llevado a conmemorar esta efeméride por toda la geografía española. Y lo hacía con un doblete inolvidable, interpretando íntegros sus discos Salitre 48 (2001), el viernes, y Daiquiri Blues (2009), el sábado. Esta crónica intenta plasmar lo vivido y sentido en la primera de esas noches.

Quique González
Quique González en La Riviera (fotografía de Alejandro García-Cantarero)

El disco con el que empezó todo

Personal, el álbum con el que debutó Quique González, data de 1998 y con él fuimos algunos los que le conocimos, pero no fue hasta la siguiente entrega que todo empezó a crecer. Salitre 48 es posiblemente el disco que más cariño despierta entre los seguidores del artista, no sabría decir si es su mejor trabajo, probablemente habría mucho debate en esto, pero de lo que sí que no hay duda es que es su obra más especial, por todo lo que supuso para él y para su carrera. Aquí empezó el Quique que todos conocemos hoy y gracias a él le tenemos donde le tenemos.

La idea de escuchar Salitre 48 íntegro y en el mismo orden en el que fue grabado, ya resultaba emocionante solo con imaginarlo. Y así fue como arrancó el concierto, con los reconocibles primeros acordes de Salitre y sus entregados seguidores cerrando los ojos para intentar degustar cada nota y cada frase de una de las canciones más queridas de Quique. La noche empezaba como esperábamos, sí, pero eso no impidió que la emoción se desbordara desde el primer minuto.

Quique González y Carlos Raya en La Riviera (fotografía de Alejandro García-Cantarero)

El regalo de ver a Quique y a Carlos Raya juntos de nuevo

El hecho de volver a escuchar en directo algunas canciones que hacía tantos años que Quique no interpretaba en sus conciertos era quizás el mayor de los alicientes que tenían los fieles del músico, pero había una sorpresa para la que no estábamos preparados y que permanecerá en nuestras retinas durante mucho tiempo. Volver a ver al protagonista de la noche junto al que fue su mentor y maestro en los primeros años de carrera, fue algo mágico, casi místico. Carlos Raya es el principal culpable de que Quique esté donde está, es el responsable de sus primeros discos y fue con él con quien hizo mano a mano las canciones/maquetas que formarían parte de Salitre 48. Es por eso que su aparición sobre el escenario tuvo una enorme carga simbólica y sentimental para todos.

Fueron cuatro los temas en los que Raya acompañó a Quique: La ciudad del viento, Crece la hierba, Rompeolas y 39 grados. Un pequeño set en el que el magnífico guitarrista dio buena muestra de su maestría con las seis cuerdas y de su carisma empuñando el instrumento. Su característico sonido hace que la guitarra adquiera vida propia, sin restar protagonismo a la voz del cantante, pero aportando una personalidad apabullante en cada nota. Por cierto, qué bonito fue volver a sentir la piel erizarse con Rompeolas, una de las piezas más emocionantes de toda la carrera de Quique, que caló bien hondo en todos los presentes.

Cuando una banda eleva las canciones

A lo largo de su carrera, Quique González se ha rodeado siempre de excelentes músicos, que han formado una banda compacta y que han dignificado y, en ocasiones, mejorado el repertorio en directo. Muchas de ellas tuvieron nombre, otras no; algunos músicos han estado en varias formaciones, otros solo en una gira concreta; pero el denominador común ha sido siempre la sobrada calidad con sus instrumentos y la camaradería y amistad con el propio Quique, cosa que él siempre ha puesto en valor por encima de otras cuestiones más técnicas o profesionales.

En esta gira del 25º aniversario, han acompañado al cantante su actual e inseparable escudero Toni Brunet a la guitarra, el elegante y meticuloso Edu Olmedo a la batería, Jacob Reguilón al bajo y contrabajo, y Raúl Bernal a los teclados, acordeón y guitarra. Juntos forman una banda infalible. Podrán gustar más o menos estos músicos, pero lo que es indudable es que consiguen sacar un sonido exquisito y un brillo excepcional a cada una de las canciones de Quique.

Jacob es casi su hermano, con el que coincidió durante muchos años al principio de su carrera, pero cuyos caminos estuvieron separados durante un paréntesis del que el propio Quique habló de forma sincera y siendo muy tajante: «Me arrepentiré siempre de aquello». Y mención aparte merece el excelso Raúl Bernal, inseparable músico de José Ignacio Lapido, que ha caído de pie en la banda de Quique González, dotando de una magia, energía y personalidad únicas con cada instrumento que acaricia.

Volver a lo que un día fuimos

Como decíamos, se interpretó al completo el disco protagonista de la noche, con pequeños matices en algunos temas, arreglos diferentes en la línea de lo que viene haciendo Quique con su banda en los últimos años, y algunas frases añadidas a las canciones, como los versos finales de Permiso para aterrizar, la mención a ‘su Atleti’ en Día de feria (a diferencia de él, su pareja y su hija son aficionadas del equipo colchonero), etc.

El carácter emocional de este álbum es indudable, como también lo es que las canciones han envejecido de manera fabulosa. Por eso, la primera parte del show estuvo cargada de emotividad, de recuerdos compartidos, de nostalgia bien entendida, de volver a ser lo que un día fuimos y que siempre nos hemos empeñado en mantener. Volvimos a sentirnos invencibles gracias a temas que forman parte de nosotros mismos, como Bajo la lluvia, Ayer quemé mi casa, Tarde de perros o la hermosísima De haberlo sabido.

Quique González en La Riviera (fotografía de Alejandro García-Cantarero)

La gira más bonita de su vida

Tras el breve descanso, como ha venido sucediendo en toda la gira, llegó el momento de rescatar temas de otros discos. Así, para goce de los allí presentes (supongo que incluso de los que se pasan todo el concierto hablando, pareciendo que no va con ellos lo que sucede sobre el escenario), los cinco músicos acometieron un final a la altura de una carrera inigualable. Quique invitó a César Pop, otro amigo que le ha rescatado y ayudado varias veces en los últimos años, para acometer juntos Relámpago y Nadie podrá con nosotros. También sonó Charo, con la excelente interpretación de Toni Brunet haciéndose cargo de los versos que cantaba Nina de Juan en la original o ¿Es tu amor en vano?, fantástica versión de un tema de Bob Dylan que en esta ocasión sonó más acelerada que la que en 2013 quedó registrada en Delantera mítica.

Por supuesto, no faltaron otras canciones imprescindibles como Kamikazes enamorados, Miss Camiseta Mojada o Vidas cruzadas (con Carlos Raya y César Pop de nuevo en el escenario). Estas dos últimas cerraron la noche por todo lo alto, para delirio total del público, no sin antes la despedida con la que abríamos esta crónica, con un Quique pletórico y visiblemente emocionado que dejó clara una cosa: «Esta ha sido la gira más bonita de mi vida».

Quique González en La Riviera (fotografía de Alejandro García-Cantarero)

Setlist Quique González:

  1. Salitre
  2. Día de feria
  3. La ciudad del viento (con Carlos Raya)
  4. Crece la hierba (con Carlos Raya)
  5. Rompeolas (con Carlos Raya)
  6. 39 grados (con Carlos Raya)
  7. Carnaval
  8. Perdone agente
  9. Bajo la lluvia
  10. Ayer quemé mi casa
  11. De haberlo sabido
  12. Jukebox
  13. En el disparadero
  14. Tarde de perros
  15. Todo lo demás
  16. Permiso para aterrizar
  17. Avería y redención
  18. ¿Es tu amor en vano?
  19. Se estrechan en el corazón
  20. Relámpago (con César Pop)
  21. Nadie podrá con nosotros (con César Pop)
  22. Kamikazes enamorados
  23. Charo (con Toni Brunet)
  24. Miss camiseta mojada (Con Carlos Raya)
  25. Vidas cruzadas (con Carlos Raya y César Pop)

AUTOR

Javier Decimavilla
Javier Decimavilla
La música nos puede salvar la vida o al menos mejorarla. Bob Dylan, Neil Young, David Bowie, The Beatles o The Rolling Stones, entre otros, nos llevan enseñando el camino a la felicidad desde hace décadas.

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