InicioConciertosCrónica de Rodrigo Cuevas y Baiuca en Madrid (Noches del Botánico, 2023)

Crónica de Rodrigo Cuevas y Baiuca en Madrid (Noches del Botánico, 2023)

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Y el atardecer se rindió a Rodrigo Cuevas

Vibración, tensión. Se para el tiempo y no hay forma de quitar la vista de Rodrigo Cuevas. Guasa, distensión, calma y la relajación de un inquieto frontman que tiene tiempo hasta para pararse a hablar con el público y bromear. “Vamos a tocar unos temazos que se os van a caer las bragas (a las que llevéis)”, avisaba nada más empezar. Parón seco y se vuelve a detener el tiempo hasta que rompe una canción y se hace el color, el baile, La Romería de Rodrigo Cuevas y la sonrisa acampada en las caras de un público enganchado. En el atardecer de un caluroso viernes de julio, entre la naturaleza de las Noches del Botánico, subió Rodrigo Cuevas a una grada en la que no había un solo hueco; cuando bajó, ya había conquistado a todos los allí presentes.

Comenzó el concierto contoneándose casi a capela sobre una distorsión que arropaba un canto, unas melodías que en algún momento sonaron a viejo y que ahora parecen modernas e innovadoras, pero en realidad son atemporales, son arraigo, son esencia y tuétano. La fusión fue la gran protagonista de una noche en la que convivieron beats electrónicos y cajas de ritmos con panderos cuadrados y sartenes; sintetizadores con flautas dulces y castañuelas; muiñeiras con perreos y twerkings por los suelos. Una noche de vanguardia con Baiuca y Rodrigo Cuevas.

El asturiano dio una lección de confianza, de contorsionismo, de presencia en el escenario. Acompañado de dos bailarines que vivían entre los bailes populares del norte y el perreo, siempre con la gracia con la que se movería un niño cuando nadie lo está mirando. Movimientos inocentes, resultones, sensuales y divertidos. Solo se pudo reprochar la falta de volumen, en general. Los beats que tendrían que haber resonado en el pecho se quedaron en un latido a medias; y la voz de Rodrigo, en lugar de sonar rotunda y desgarradora, se perdió por momentos entre el público. Se tuvieron que buscar con atención las segundas voces de su banda, por desgracia, porque cuando se conseguían encontrar, elevaban las canciones con nuevos matices.

Hubo tiempo para la fiesta, la celebración, la reivindicación de la libertad, de los derechos y la lucha contra el maltrato. La Romería emocionó al pasar por Rambalín, entusiasmó en la improvisación Por la calle de Alcalá e hizo enloquecer por Xiringüelu y Muiñeira para a Filla Da Bruxa. Y el atardecer se rindió a Rodrigo Cuevas.

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AUTOR

Jorge Ocaña
Jorge Ocaña
Estudiante de ingeniería, pero sobre todo un loco de la música.

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