Jue 12 febrero 2026

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Crónica de St. Vincent en Madrid (La Riviera, 2024)

La relación e historia de amor de St. Vincent con Madrid y Madrid con St. Vincent viene de largo. Han sido varias diversas las visitas de la cantante estadounidense a la capital y, en todas ellas, se ha producido una especial conexión con el público. Desde luego, la cantante es una gran admiradora de la ciudad y, especialmente, del Museo del Prado y las pinturas de Goya, algo que ha repetido en diversas entrevistas y que ha demostrado con el concierto exclusivo que ofreció allí gracias a Radio 3 aprovechando esta visita, junto a algunas de las pinturas que le sirvieron de inspiración en este disco.

El pasado domingo, había mucha expectación en una Sala La Riviera absolutamente llena para ver a la artista, que nos hizo sufrir un poco más de lo previsto iniciando el concierto con algo de retraso. Una vez saltó al escenario, con el público expectante y preparados para escuchar la grandiosidad de su arranque con Reckless, llegó el inesperado silencio. La música sonaba, pero la voz de Annie Clark no, y tras unos momentos de duda y cruces de miradas entre técnicos y músicos, decidieron tomar otro pequeño receso de unos cinco minutos para poner todo en orden y empezar de nuevo como si nada hubiera pasado. Finalmente, así fue, tomaron posiciones en el escenario, y la magia se apoderó de nosotros durante la siguiente hora y media.

Una magia que no solamente dependía de la calidad de la música, sino del carisma y el cariño que Clark sabe transmitirnos. Adora el español, y de hecho ha regrabado su último disco al completo en nuestro idioma, y ya en este primer tema cantó partes en español. Un esfuerzo, que lo es, que el público supo agradecer y valorar. Muy pocos se atreverían a intentarlo, pero ella es diferente, está hecha de otra pasta sin duda alguna.

Tras el arranque intenso pero tranquilo, vienen las guitarras de Fear The Future y presenciamos ese otro lado de Annie Clark como una de las guitarristas con más talento y calidad del panorama musical. No solo toca de maravilla, sino que lo vive de una forma maravillosa, acabando el tema tocando la guitarra tirada en el suelo en posiciones imposibles, algo que le gusta repetir en alguna que otra ocasión a lo largo del concierto.

Con Los Ageless y Big Time Nothing, la artista y su banda saben que van a terminar de meterse al público en el bolsillo, porque vaya dos temazos increíbles. Se va metiendo en el personaje, o más bien en los diversos roles que ha ido creando a su alrededor dependiendo de cada etapa de su carrera, y canta, toca y baila con esos distintivos pasos minúsculos como si se deslizase mágicamente por el escenario. Todas las canciones van acompañadas por una interpretación por su parte, que complementa la música a la perfección. El escenario es su ecosistema, y lo domina a su antojo.

Poco a poco, además, nos vamos dando cuenta de que, para ella, es un concierto importante, especial, en el que definitivamente quiere conectar con el público y comunicarse en español. Nos explica cómo España, nuestra cultura, arte y lenguaje le resultan muy inspiradores. Y lo hace fenomenal. Desde luego, el nivel de su español es de notable alto, por mucho que en momentos parezca disculparse por intentarlo. Al contrario, te lo agradecemos, y volvemos a disfrutar con esos momentos en nuestro idioma que introduce en Violent Times.

Con la melodía inicial de piano de Pay Your Way In Pain, antes de que entren los ritmos eléctricos, volvemos a ponernos en marcha acompañados de los pequeños saltos de Annie Clark por el escenario como parte de su coreografía. Este momento de «subidón» se mantiene por todo lo alto con la increíble Digital Witness y el contagioso ritmo de Sweetest Fruit, que definitivamente nos puso a todos a bailar.

Con Cheerleader, que nos traslada a los ya lejanos tiempos de Strange Mercy, Annie Clark cede un mayor protagonismo a su banda, con quienes hace una especie de «coreografía» rodeado por su guitarrista y bajista hasta cerrar con el solo de batería de Mark Guiliana mientras sus compañeros se tiran literalmente tumbados en el suelo. Todo un espectáculo canción tras canción.

Seguimos por todo lo alto con Broken Man, uno de los singles destacados de su último trabajo, y la intensidad de los ritmos de Birth in Reverse, otras de esas canciones en la discografía de St Vincent con las que es absolutamente imposible no bailar.

Pero también hubo momentos para canciones más tranquilas y emotivas, como por ejemplo la preciosa Candy Darling, un tema que me gusta especialmente, en los que lograba dejar al público de La Riviera totalmente en silencio e hipnotizado por su voz y carisma. Nos íbamos acercando al final, y todavía quedaba alguna sorpresa en la recámara.

Por ejemplo, la interpretación de New York, en la que Annie Clark hizo un intento, no muy exitoso para seros sinceros, de crowdsurfing con el público, pero al no ver muchas posibilidades de éxito, decidió desistir y continuar con la canción de una forma más convencional. Aunque quizá esta parte no salió como ella esperaba, su energía no decayó ni lo más mínimo, como volvió a demostrarnos en Sugarboy, sobre todo al final de la canción, cuando volvió a revolcarse por el suelo mientras tocaba la guitarra con una pasión desbordante.

El concierto culminó con All Born Screaming, donde St. Vincent dejó su guitarra al público durante unos segundos, creando un momento mágico para unos pocos afortunados, antes de que llegase el obligatorio «bis» con Somebody Like Me, que puso un precioso final al concierto, que nos dejó a todos más que satisfechos con su impresionante actuación.

Por su emotiva despedida, creo que para Annie Clark fue también la noche especial que esperaba y deseaba en Madrid. Esperamos disfrutar de su talento de nuevo muy pronto. Si quieres conocer más sobre St Vincent, puedes hacerlo aquí.

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