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Crónica de The Rapants en Madrid (sala But, 2026)

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Hay bandas de fuera de Madrid a las que las citas en la capital les sobrepasan. Otras llegan sin hacer demasiado ruido, se coronan y salen por la puerta grande. Lo de The Rapants en la sala But fue uno de esos casos.

La noche del viernes sirvió como excusa para presentar Rapants Club. Con este trabajo, su cuarto disco de estudio, los de Muros se han despojado de la etiqueta de promesa y confirman que, además de ser profetas en su tierra, pueden traspasar cualquier frontera. Así lo demostraron dentro del ciclo Sound Isidro, con una programación en la que siempre hay hueco para el acento gallego.

Nada más entrar, las pantallas de la sala reflejaban el lema de este LP: «Que a morte nos pille nun pogo». Auguraba una noche memorable y, desde que aparecieron en el escenario como un pincel, sempre elejantes en traje, no hubo lugar a dudas. Sin grandes introducciones, se sacudieron el miedo para subir la temperatura de la sala varios grados. La fórmula que llevan años perfeccionando es difícil de explicar y muy fácil de reconocer: guitarras que oscilan entre la urgencia y la celebración, melodías que se pegan como chicle y una sensación permanente de estar escuchando himnos colectivos.

Desde el principio quedó claro que el concierto no iba a ser una simple presentación del disco. Samu, Xanma, Matías y Xaquín fueron los maestros de ceremonia perfectos y, con un espíritu más disco que nunca, trasladaron la esencia de su Rapants Club. Las canciones nuevas, como “Tranquila” y “Jrasias por confiar” —no tardó en llegar el primer pogo, iniciado como siempre por sus fans juligans— fueron bien acogidas. Las más antiguas son una gozada en directo, aunque daba igual de qué etapa fuera cada una: todo sonaba cohesionado, compacto y natural. El público las siente suyas y, desde hace un tiempo, a pocos grupos los llevan tanto en volandas como a estos chicos de Muros.

La esencia verbenera del grupo, capitaneada por Samu con su «quiero que todos hagamos palmas» para introducir “La Mítica”, subió todavía más la temperatura de la But, convertida en un hervidero. Eso sí, no impidió que los pogos monopolizasen la pista en “Viaxei” y “Meu cariño”. Hasta hubo unos pocos que se arrancaron con una muiñeira en el bis de “Country asesino”.

Luego llegó el momento de ponerse romanticones, una faceta que les sienta especialmente bien. “Por que son así”, la colaboración con Sara Faro (Fillas de Cassandra) y Antía Ameixeiras (Caamaño & Ameixeiras), fue el momento más conmovedor de la noche. El público les cumplió el gusto de iluminar la sala con los flashes de los móviles y ellos devolvieron el cariño con una traca final épica.

Al igual que la fórmula del éxito de The Rapants es envidiable, su repertorio también. Están en un punto en el que se hace difícil elegir qué temas tocar y bastantes icónicos se quedan fuera. Muchos más, teniendo en cuenta la brevedad del concierto, rozando sin llegar a tocar a la hora y media de duración. Demandas de la organización, dijeron. Menos mal que borraron ese regusto con las cinco canciones finales.

“Vai ser ijual”, con ese verso que anunciaban las pantallas de la But, va camino de ser uno de los grandes himnos de la banda y así se sintió esa noche. Eso sí, de momento ninguna eclipsa el momento de culto de “O avión”. El audio replicando la megafonía de un aeropuerto pone en jaque a quienes saben qué toca ahora: despegar. Grupos de amigos y desconocidos levantan sobre sus cabezas a la persona con suerte que planeará, literalmente, entre el público. Epicidad en su estado más puro ver el tráfico aéreo en cada concierto de The Rapants.

“A vida”, “La favorita” y “Rue Franklin” pusieron el broche a una noche impecable. La banda entregó canciones y el público les devolvió entusiasmo. Todo para confirmar el momento tan dulce que atraviesan, tanto por la solidez de su repertorio como por la identidad propia que no han dejado de afianzar.

Al encender las luces, regalaron un último momento de euforia compartida perreando hasta el suelo al ritmo de “Ella me levantó” de Daddy Yankee. Ya sin los chavales sobre el escenario, el público, con ganas de más, empezó a cantar «Eu traio unha borracheira» en un perfecto gallego, capaz de levantar a cualquiera en las fiestas de Galicia. Como no podía ser de otra manera, los cuatro salieron una última vez a despedirse y se sumaron a los cánticos en un gesto de complicidad que les honra.

The Rapants llevan la humildad por bandera y nunca se cansan de agradecer la confianza. Son conscientes de que, a base de esfuerzo, buena música y una cercanía única, pueden presumir de tener a su alrededor una comunidad muy fiel que respondió llenando la sala hasta lejos de casa.

Más allá de los números, de los grandes recintos (el pasado marzo llenaron el Fontes do Sar de Santiago de Compostela con casi 6.000 personas) y de los festivales, ellos se crecen en sala. Convierten cada concierto en un encuentro con una conexión tan difícil de fabricar, pero tan natural para ellos. Un sentimiento de pertenencia genuino que recuerda por qué merece la pena seguir creyendo en la música hecha desde la honestidad. Jrasias a The Rapants por la parte que les toca.

Setlist The Rapants en la sala But

  • 1. Sin medo
  • 2. Tranquila
  • 3. La noche
  • 4. Jrasias por confiar
  • 5. Fai tempo
  • 6. La mítica
  • 7. Viaxei
  • 8. Máis bicos que rosas
  • 9. Non sei como
  • 10. Country asesino
  • 11. Blaster w4u
  • 12. Todo era veneno
  • 13. Meu cariño
  • 14. Por que son así
  • 15. Ancoradoiro
  • 16. Vai ser ijual
  • 17. O avión
  • 18. A vida
  • 19. La favorita
  • 20. Rue Franklin
Vera Cordeiro Canosa
Vera Cordeiro Canosa
Entusiasta de la música y los libros. Con la cabeza siempre puesta en los días que quedan para irme de concierto.