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Crónica de Van Morrison en Noches del Botánico (Madrid, 2026)

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Volver a encontrarnos con Van Morrison en el Botánico era algo ineludible en la edición de este año. El músico de Belfast, que cumplirá 81 años en unas semanas, repetía por segundo año consecutivo gracias al buen sabor de boca que le quedó de los conciertos que dio el año pasado en este mismo lugar. Así nos lo transmitieron en su día desde el propio ciclo, que Morrison y su equipo habían terminado encantados y seguramente repetirían este año, algo que se confirmó al anunciarse el cartel de esta décima edición.

No es para menos. Lo que ofrece el irlandés junto a su banda encaja a la perfección en la filosofía de Noches del Botánico, tanto por propuesta musical como por público potencial. Un recinto que parece hecho a la medida de artistas como este y que lleva su música al lugar que merece, tratada con cariño y profesionalidad y siendo recibida siempre con una calidad técnica incomparable. Así sucedió la segunda de las noches en las que el cantante se presentó en la Ciudad Universitaria de Madrid.

Del blues de los últimos años a los clásicos de siempre

A las 20:30 dio comienzo la actuación. Ya sabíamos que es costumbre en Van Morrison ofrecer temprano sus conciertos y terminarlos igualmente pronto, para así poder volver a dormir a su casa de Belfast. Así que, con puntualidad estricta, a la hora marcada, los músicos que le acompañan fueron saliendo al escenario para, tras ellos, aparecer el protagonista de la tarde-noche, ataviado con traje azul, sombrero y gafas de sol, tal y como viene haciendo en los últimos años. El show comenzó con “Deep Blue Sea”, la primera de las canciones que interpretó de su último lanzamiento discográfico, Somebody Tried To Sell Me A Bridge, un álbum de blues compuesto casi íntegramente por versiones y con el que rinde homenaje a los grandes del género.

La primera parte del concierto estuvo asentada exclusivamente en este disco (6 temas) y en el maravilloso Remembering Now que publicó el año pasado (4 temas), con “Down To Joy” como punto fuerte del mismo. Así que no fue hasta la undécima canción que Van Morrison empezó a desplegar un repertorio más completo, tirando de clásicos como “Dweller on the Threshold”, que sorprendió e hizo las delicias de sus seguidores más fieles.

Una banda metódica y perfectamente engrasada

Van Morrison se acompaña de una banda excelsa, formada por guitarra, bajo, batería, teclados, dúo de vientos y dos coristas. Son músicos experimentados, veteranos en su mayoría, y que nos regalan un sonido limpio y cristalino en cada nota. Eso permite que el show suene como si uno se pusiera los discos en su casa. Son exquisitos, concienzudos y metódicos, y juntos funcionan como un reloj; son una máquina perfectamente engrasada. No hay fallo en ellos, pero por si acaso, su jefe siempre está al quite, marcando los tempos, dando pequeñas órdenes a la banda, observando y corrigiendo cada detalle. Nada se le escapa al león.

Es verdad que no es el artista más carismático, ni el que tiene una conexión más estrecha con su público, pero también es verdad que su fortaleza se basa en la magistral interpretación que hace de cada una de sus piezas. Hay algo arrebatador y magnético en su voz y eso trasciende a otras cuestiones extramusicales. Sus conciertos no te levantarán del asiento ni te harán vibrar en una explosión de júbilo, pero tampoco te permitirán quitar los ojos del escenario ni sentirte ajeno a la magia que ahí se produce.

Por muchos años más

Los momentos más efervescentes de la tarde se sucedieron casi al final del concierto, cuando Van Morrison se lanzó a interpretar su clásico “Moondance”, momento en el que el veterano músico se mostró más activo corporalmente, dejándose llevar así hasta el final. Con “Goin’ Down Geneva”, que enlazó con “Brand New Cadillac”, mostró su vena más roquera, para a continuación cerrar la noche con otro clásico como “Real Real Gone” y la siempre efectiva “Gloria”, en la que por fin el público se desató algo para acompañar a los músicos en el mítico estribillo de la canción. Cuando aún estaba sonando dicho tema, Morrison soltó un “Muchas gracias” y se marchó, dejando a sus acompañantes en el escenario, los cuales disfrutaron de un final en el que cada uno se despidió a su manera, deleitándonos con sus instrumentos.

Sentimos una deuda eterna con esta generación de músicos que están ya en el crepúsculo de sus carreras y vidas. Septuagenarios y octogenarios que en su día hicieron más por la música de lo que las nuevas generaciones quizá hagan jamás. Eran el contexto y el mundo perfectos para hacer lo que hicieron, servir de ejemplo e inspiración para todo lo que vendría después. Hoy, cuando vemos que esto está más cerca de apagarse que nunca, nos sentimos afortunados de poder seguir disfrutando de leyendas como Van Morrison. Ojalá duren muchos años más y sigan regalándonos noches inolvidables.

Setlist Van Morrison:

  1. Deep Blue Sea
  2. Kidney Stew Blues
  3. Rock Me Baby
  4. Madame Butterfly Blues
  5. Snatch It Back and Hold It
  6. Down to Joy
  7. Is It Wasn’t for Ray
  8. Somebody Tried to Sell Me a Bridge
  9. Back to Writing Love Songs
  10. The Only Love I Ever Need Is Yours
  11. Dweller on the Threshold
  12. Ain’t Gonna Moan No More
  13. Night Time Is the Right Time
  14. Moondance
  15. Early in the Mornin’
  16. Goin’ Down Geneva / Brand New Cadillac
  17. Real Real Gone
  18. Gloria
Javier Decimavilla
Javier Decimavilla
La música nos puede salvar la vida o al menos mejorarla. Bob Dylan, Neil Young, David Bowie, The Beatles o The Rolling Stones, entre otros, nos llevan enseñando el camino a la felicidad desde hace décadas.