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Crónica del Austin City Limits que lo cambió todo

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Dejamos atrás este Austin City Limits con una sensación unica de entrar en una era y salir en otra totalmente diferente, con nuevas divas, iconos, referentes y frases. Ciertamente hemos visto cambiar la música y el mundo durante estos tres días en una experiencia tan reconfortante que es díficil de explicar.

Al margen de lo sucedido una tarde de domingo en Austin en la que todo cambió, el festival nos ha dejado otros momentos increíbles: la exuberancia pop de Dua Lipa en el concierto perfecto, el poderío de bandas emergentes como Mannequin Pussy o Glass Beams, la sofisticada sensualidad de The Marias, la nostalgia de Foster The People o la íntima conexión con Khruangbin y Leon Bridges. Esta es la crónica apasionada de un vórtice temporal y musical en forma de festival.

El espectáculo pop definitivo

Dua Lipa apareció en Austin en la cúspide de su carrera. Todo un contrapunto con sus primeros conciertos en la capital texana durante el SXSW 16 en el que actuó en la calle ante apenas una decena de personas como se encargó de recordarnos durante su trepidante directo. Entre tanto, la diva británica de ascendencia albanesa ha sublimado el pop, ha licuado la fórmula del éxito y ha embotellado su elixir en un bello frasco de hora y media de duración. Todo lo que sucede durante ese fragmento de tiempo es una oda a la belleza y al buen gusto. Músicos de altos vueltos, una veintena de bailarines espectaculares, leds y escaleras giratorias y una estrella que sabe brillar sin descanso. Más allá de su radiante belleza, Dua Lipa ofrece un pop barnizado por los mejores productores, algunos, como Kevin Parker, han ideado unos temas atemporales capaces de sonar bien en cualquier lugar y en cualquier mente. Un carrusel de éxitos te lleva por el camino fácil del ritmo y te hace sentir feliz, en casa, justo lo que pretende el pop; encontrar un punto en común con la masa donde se sienta a gusto, a cobijo. Todos queremos comprar el producto Dua Lipa y no es casualidad. Sus directos son la tentación perfecta, la sublimación del pop comercial, no te dejan escapar ni te dejan más opción que convertirte en un acólito suyo más.

Y el mundo cambió para siempre

Los cambios generacionales no se avisan, suceden. En un instante, tu mundo, todo lo que das por sentado y tus proclamas han caducado, se han renovado o se han pirado a mejor vida. Son cosas que pasan con frecuencia pero no dejan de ser fascinantes. El pasado domingo 6 de octubre de 2024, en Zilker Park, la música y en consecuencia el mundo cambiaron. Quizás no hayan cambiado en ese momento, es probable que ya hubiesen cambiado antes pero sobre las 18:45 se certificó el cambio de icono generacional. Durante la semana previa al Austin City Limits, Chappell Roan había estado en boca de todos por la posible cancelación de su concierto debido a su salud mental. No obstante, una vez ella misma confirmara su presencia la reventa se disparó a históricos 800$ por un pase diario para el domingo. Su condición de fenómeno con tirón parecía confirmarse aunque ya es algo que habíamos visto con anterioridad. Sin embargo, lo que sucedió durante todo el día fue tan inesperado como insólito. Las carreras multitudinarias para ocupar un lugar a las 11 de la mañana, siete horas antes del directo, poblaron de rosa los alrededores del escenario American Express dejando vacíos al resto durante prácticamente todo el día. Una hora antes del directo todo el parque estaba esperando por Chapell Roan y ella no hizo desmerecer a la mayor aglomeración de gente registrada en el festival para un único concierto. Pero lo más insólito fue comprobar la conexión casi mesiánica de la artista con su público. Su conexión generacional se produce a base de temas con estridencias ochenteras que nos reconectan a tiempos más felices encarnados por la Madonna del Lucky Star o Cindy Lauper, bases rock, mensajes feministas combativos, mucho empoderamiento, y temas como la salud mental, la aceptación y la libertad sexual… Toda una carta abierta a la gen-z y un resumen musical, ideológico y estético de los 2020. La nueva musa ha llegado para quedarse y cambiar todo el panorama musical y cultural. Y no es una proyección, es un hecho. Como pudimos comprobar una tarde de domingo en Zilker Park donde una generación alzó la voz y coronó a su nueva emperatriz.

Las historias de Chris

Al contrario de Chappell y su conexión generacional, las historias de Chris Stapleton son atemporales. Se forjan en victorias y duras derrotas con el sabor añejo del whiskey de Tennessee. Su directo fue un muestrario de carisma y buenas canciones, simplicidad escénica y caricias al alma. Ese rollo tan forajido que desprenden himnos como Outlaw State of Mind se deshacen con su presencia noble y canciones como Tennessee Whiskey. Es entonces, con las luces bajas, donde emerge ese Chris Stapleton que te habla como un padre que entiende tus errores y comparte tus preocupaciones tan humanas como universales.

Seducción pop

Maria Zaragallo es un torbellino de sensualidad en directo. No es algo sorprendente. Ya es habitual disfrutar de unos The Marias susurrantes y sensuales en sus discos pero sobre el escenario María se transforma en una fuerza de la naturaleza que irradia sofisticación y femineidad. Luces bajas, sonidos de trompetas, juegos de luces y sombras, todo está pensado para hacerte soñar, atraparte y seducirte para dejarte ir con el mejor de los aromas. Y funciona de manera absoluta. Porque entre el satén de temas como Only in My Dreams, Care for You o su dulce versión de Lovefool nos encontramos con estridencias como las de Hush que sirven para subir la temperatura y dejar a las claras los diversos matices de una banda que entiende el pop como una seducción constante.

El himno del festival

Decíamos en la previa que las luces del Austin City Limits se las llevaría Dua Lipa pero quien se llevaría nuestro corazón sería Khruangbin. Así fue. El trio de Houston protagonizó el que fue el momento más poético del festival. Al caer el sol de Texas en el parque de Austin, los Khruangbin invitaron al genial Leon Bridges al escenario y se produjo la magia de despedir al astro rey al ritmo de Texas Sun en una homilía texana y en cierta medida universal. La gente sintió una caricia en su corazón a través de la canción que ha convertido a la banda en un icono del estado de la estrella solitaria. Pero antes de llegar a este paroxismo, los Khruangbin consolidaron su estatus de banda icónica a través de sus sonidos frontetizos y su presencia con que se representan las razas y los sentires de Texas.

La nostalgia nunca falla

Foster The People era uno de los nombres propios del cartel de este año. El Austin City Limits sabe jugar muy bien la carta de la nostalgia y en este caso no acudió a décadas muy pretéritas sino a la anterior. Los 2010 resurgieron con Don’t Stop, Call It What you Want y sobre todo con Pumped Up Kicks. Los nuevos Foster The People brillaron también con su nueva sensación Lost in Space pero se terminaron difuminando en un directo un tanto errático. Aún así, el sonido de la banda, el carisma de Mark Foster y la nostalgia de todos nosotros terminaron por pesar más y dejarnos un sabor de boca a 2010 que nos encantó.

La voz

Un eco se perdía en la distancia del Austin City Limits. Era una voz como ninguna otra. Una tonalidad fuerte pero cálida que nos conducía sin remedio ante la genial Norah Jones. Su soul es una marca registrada, una manera de entender la vida, que a pesar de los años y las modas que pasen, es un refugio seguro para los amantes de la buena música. Su presencia calmada a los mandos de los diferentes pianos que pasan por delante de ella y de nuestras vidas nos redescubría una artista increíble, una carrera magnífica y una voz estratosférica capaz de grabar en el corazón himnos como Don’t Know Why, What I am To You, o Shoot The Moon.

Rebeldía icónica

Mannequin Pussy son empoderamiento, valentía, punk, rabia, mala ostia y mucho más. También son silencios incomódos, insultos a la política y al star system, apoyo a la causa palestina y un sinfín de proclamas políticas que las convierten en una banda más que interesante con mucho que decir. Su sonido nos recuerda al punk más descarnado, sin artificios. Con valentía y ganas de expresarse sin pelos en la lengua, la banda de Philly es uno de esos lugares a los que acudir en momentos complicados y por mucho que su disco I Got Heaven pueda parecer un lugar fácil de habitar, requiere valor y ganas de apostar por ese sonido garagero que se resiste a rendirse. Con su rebeldía en los riffs y en las letras, Mannequin Pussy se convirtieron en las villanas más poderosas y divertidas del ACL.

La joya más delicada del Austin City Limits

Glass Beams son sin duda una gema preciosa que por su rareza posee una mística y una delicadeza únicas. Los australianos exhibieron en Austin ese secretismo tan exótico que les confieren sus máscaras pero también un sonido único, en el que se dibujan arabescos que se besan con bases jazz y rock mientras una densa atmósfera te envuelve sin que puedas evitar sentirte fascinado. En directo, su simplicidad es otra muy acertada declaración de intenciones que ayuda a adentrarse en su terrirotorio inhóspito, ese donde se sienten poderosos y únicos, ese al que solo unos pocos han accedido aún como avanzadilla de lo que promete un futuro esplendoroso para la banda más prometedora de la escena underground mundial.

El nuevo cuento del vaquero

A todos nos fascinan los cuentos de vaqueros, pero nunca imaginamos el giro que le ha imprimido Orville Peck a la mitología del country. Y mola. Ha sabido revitalizar, abrir nuevos caminos y ver nuevos horizontes en un género masculinizado hasta el tuétano. Su especial sensibilidad y su talento innato han creado un universo a través de grandes canciones, una estética impresionante y unos músicos geniales. El resultado no puede ser más épico. Su directo es un lugar único, un nuevo cuento de vaqueros con finales insospechados, ritmos reconocibles y nuevas miras. Brutal.