Tan fugaz como un suspiro se fue el Austin City Limits más intenso y fascinante de cuantos hemos vivido. ¿Por qué ha sido el mejor ACL? Quizás fuese el clima benigno que disfrutamos sin los rigores del termómetro que durante otras ediciones nos agobiaron. Quizás la distribución del cartel con menos headliners de relumbrón y más grupazos de clase media-alta, o puede que haya sido el buen rollo imperante y que ha atraído a celebridades como Venus Williams o Matthew McConaughey.
También es verdad que no es díficil nombrar este edición del festival de Austin como la mejor de los últimos años cuando acabas de ver en directo a estrellas como Kendrick Lamar, Foo Fighters, Yeah Yeah Yeahs, Alanis Morissette o Labrinth. Estamos ansiosos por contaros todas las aventuras vividas en Zilker Park en este Austin City Limits de ensueño.
Breve pero intenso
El concierto más esperado apenas duró 30 minutos. Las pantallas gigantes del festival nos advertían primero de un posible retraso de Kendrick Lamar debido a problemas en su vuelo y después confirmaban que el set del artista sería reducido. Lo que no nos podíamos imaginar, tampoco Kendrick, es que una normativa municipal obligaba al festival a tener un toque de queda a las diez de la noche. Eso provocó que la organización del festival le cortase el sonido en plenos compases de su actuación y que el rapero de California se tuviese que retirar mientras el público seguía entonando sus canciones. Una regusto agridulce que no empaña una media hora de un show íntimo, sin grandes estridencias, sin leds, pero con mucha presencia de arte y baile urbano. Historias de la calle que se quedaron en el silencio de un toque de queda.
El dúo improbable
Foo Fighters pasearon por Austin una carrera espectacular y un carisma fuera de la norma. Sus temas hicieron mella en los fieles seguidores que repasaron sin dejar de cantar todas las grandes canciones de la banda. Pero Foo Fighers es, y la banda lo sabe, el último eslabón de un rock que palidece y que se aferra a gente como ellos que reivindican el género con grandes versiones de los Ramones, DEVO, Metallica o incluso de los Beastie Boys. También tuvieron un gesto con el recién fallecido Taylor Hawkins, a quien dedicaron Aurora. Y después, desfile de canciones icónicas hasta llegar al desfase final con Monkey Wrench y la sorpresa de la noche, el dúo improbable entre la banda y Shania Twain cantando Best of you. Shania se montó en un carrito de golf tras acabar su directo y se subió al escenario para hacernos vivir un momento inolvidable, antes de que la mítica Everlong nos dijese adiós.
Yeah!

El directo de los Yeah Yeah Yeahs tiene varios componentes irresistibles. Por un lado, te estás encontrando cara a cara con una de las grandes bandas del underground de las últimas décadas que trascendió a los géneros y a las etiquetas para acabar siendo un banda imprescindible que define el buen gusto. Por otro lado, Karen O es un torbellino tan fascinante que solo ella merece la pena cualquier esfuerzo físico o económico que hayas hecho para estar ahí. Para terminar, el show visual es tan imponente que casi te olvidas de mencionar lo terriblemente bien que suenan temazos tan icónicos como Maps, Gold Lion o Heads Will Roll y delicias más recientes como Spitting Off The Edge Of The World. Una maravilla directa al baúl de los grandes recuerdos musicales.
Viaje a los 90
He de reconocer que nunca había sido muy fan de Alanis Morissette. Es indudable su condición de icono noventero y la frescura que aportó al pop en aquel momento en que apareció descalza en nuestras vidas, pero no me había percatado de su carisma y del poder nostálgico de su música hasta que su escueta figura apareció sobre el escenario. Los compases de Right Through, Reasons I Drink, You Outgha Know y, por supuesto, Ironic, tuvieron un efecto balsámico y me transportaron a tiempos mejores. Lo que terminó por conquistarme fue el hecho de ver a esa esbelta canadiense como un maremoto arrasando con su voz mis prejuicios y todo ello sin quedarse quieta un instante. El show resume a través de visuales muy entrañables el peso y la influencia de una artista legendaria, algo que ayuda a sumergirse en la nostalgia y a valorar la trascendencia de la artista ante la que estamos. Un directo que dijo adiós con Thank U a modo de agradecimiento a quien la apoyó, y a quienes nos apoyan, en los momentos duros de nuestras vidas. Icónica y no lo digo de manera irónica.
Una homilía generacional
Hay artistas que representan una generación, un instante de la historia, un momento preciso. El presente es el instante de Labrinth. Le pertenece. Lo pude contemplar junto a miles de adolescentes emocionados. Entiende su lenguaje, lo habla y les cuenta historias atemporales que les afectan. Su estilo a mitad de camino entre el gospel más poderoso y la electrónica más refinada ayuda a crear una sinergia especial con un artista que, más allá de la deslumbrante banda sonora de Euphoria, ha logrado tejer un momento generacional en cada uno de sus conciertos. Su eco aún retumba en Zilker Park.
La diva

Suki Waterhouse es pura elegancia, sensualidad, sofisticación y buen gusto. La diva londinense llegaba a Austin en un gran momento personal y profesional. Aún colea su gran actuación en Daisy Jones & The Six. Y con todo ello, apareció embutida en un elegante mono rosa y un pop que juega con el rock y las baladas de manera tan sugerente que tus oídos no pueden sino sentirse bendecidos por ser acariciados por Neon Signs, On Your Thumb, To Love o Coolest Place In The World, dedicada a un ingrato ex. Exquisito directo en el parque.
La reina disco
Hay mucho de buen rollo en la música de Jessie Ware, pero también hay mucho curro e imaginación. La londinense se ha ido convirtiendo en un sólido referente de la comunidad LGTBI+ y en la última reina del disco. Una maravilla visual con bailarines y coros espectaculares, un set divertido con canciones bailables y un talento único para hacer todo esto con una elegancia especial. Sin duda, Jessie Ware y sus What’s Your Pleasure?, Selfish Love o Free Yourself han sido puntos álgidos de este festival al igual que su emotiva versión del Believe de Cher. Nuestras caderas aún se resienten de tantos ritmos incontrolados.
La mujer orquesta
Tash Sultana define el término multiinstrumentalista. Ese rollo DIY suyo es lo que la hace tan personal e irresistible. Es capaz de tocar cualquier instrumento y no necesita a nadie más para montar una fiesta molona. Aunque se había traído a Austin a parte de su banda, la mayor parte de su repertorio fue interpretado por ella misma mientras canta, cambia constantemente de instrumento, controla las bases… Todo un espectáculo que nos recuerda a los músicos callejeros que tanto la han inspirado.
Rap de nueva generación

Little Simz es pura vanguardia. Una evolución que parte de bases clásicas que han evolucionado en su música hasta convertirla en el icono de la nueva música urbana británica. En Austin hizo gala de su estilazo habitual y no necesitó de excesivos visuales ni ningún tipo de parafernalia para meterse al público en el bolsillo. I love you, I hate you, Gorilla, Point and Kill o Selfish nos ayudaron a profundizar en las letras y los ritmos de esta auténtica guerreras de las rimas. Incluso se atrevió con un María María de Santana que nos dejó alucinados. Véanla, es increíble. Merece la pena.
Encanto Indie
Hay dos maneras de ser frío y distante en el indie. La primera, de manera natural, lo cual siempre supondrá un hándicap porque nunca serás capaz de transmitir plenamente, como le sucedió a la banda que precedió en el festival a Gus Dapperton, los Portugal. The Man. Luego existe la frialdad impostada. La actitud melasudista de los Gus Dapperton es muy interesante y tiene matices cálidos como los bailes a lo Jagger de Brendan, sus momentos de introspección en el sillón de la abuela que se trajo al escenario y el buen rollo entre él y su teclista, los cuales hicieron que canciones como Palms, My Favorite Fish o Horizons sonasen aún mejor. La frialdad bien entendida hecha concierto.
Fiesta en el parque
Mars Volta es un desfase sin igual. Todo un cóctel explosivo con esencia del rock de los 70, unas gotas de funk, un kilo de tabasco y una sazón de ritmos ardientes latinos. No pueden molar más. Hiperactivos como pocos, la banda de El Paso sigue pisando fuerte y dejando huella allá donde va tras más de dos décadas de una carrera que se define en sus conciertos, incluso más que en sus divertidas y fascinantes canciones. Lo cual habla muy bien de estos chicos locos, que se lo pasan como nadie sobre el escenario provocando infinitos bailes, pogos y movimientos espasmódicos a cualquier oído que entra en contacto con sus ritmos diabólicos.

