Un año más, no podíamos faltar a nuestra cita con el Mad Cool Festival en el recinto Iberdrola Music de Madrid. Mucho ha ido cambiando y mejorando en el recinto desde la primera edición, y la experiencia a lo largo de esta edición ha sido de notable alto. Podría haber sido un sobresaliente, sin duda, pero los cortes eléctricos en los dos escenarios principales del primer día nos impiden darles la máxima calificación. Pero, al igual que otras veces, seguro que de todo se aprende y no volverá a ocurrir. De hecho, no ocurrió más a lo largo de un fin de semana que tuvo muchos y muy variados protagonistas.
Dejemos, un año más, que la música sea la protagonista y acompáñanos en nuestro recorrido musical por el Mad Cool 2025.
JUEVES
Leon Bridges
Arrancar un festival con una figura como Leon Bridges es siempre un acierto y altamente recomendable. Cuando tienes tres días de conciertos por delante, no está de más ir subiendo la intensidad poco a poco, y nada mejor para ir entrando en calor —aunque en julio en Madrid si algo sobra son grados de temperatura— que el cantante de Atlanta. Su sugerente y seductora propuesta soul es perfecta para la tarde, para ir entrando en ambiente y dejarse llevar por su voz y su presencia escénica.
Acompañado por una magnífica banda formada por siete músicos más, Leon Bridges demostró su calidez y gran capacidad vocal cuando el sol aún pesaba sobre nuestras cabezas y la necesidad de hidratación se tornaba fundamental. Un sonido exquisito y un directo perfectamente limpio y brillante, hicieron que la sensación general del público fuera de estar ante algo de una belleza y exquisitez enorme.
Gracie Abrams
Era uno de los grandes nombres de una edición en la que los y las solistas jóvenes —y virales— se han hecho con un hueco privilegiado en detrimento de las grandes bandas que coparon los carteles de años anteriores. The Secret of Us es el álbum que ha llevado a Gracie Abrams a ser mundialmente conocida y con el que se presentaba en Madrid ante un público eminentemente joven. La edad media era bajísima en las primeras filas y multitud de fans tomaron posiciones desde la apertura del recinto. El fenómeno fan es así y algo similar ocurriría el sábado con Olivia Rodrigo.
Gracie Abrams conectó desde el primer momento con su público y dejó entrever su cercanía y simpatía sin esconder la sonrisa. Pero todo esto se hizo más evidente aun cuando acaeció el imprevisto del que todo el mundo habló en las horas posteriores: de repente, el sonido se fue, las pantallas se apagaron y se cayó la electricidad del escenario principal. Lo que al principio pareció ser cuestión de un momento, duró 20 minutos. Durante ese tiempo, la buena de Gracie se acercó a las primeras filas y, tras intercambiar unas palabras con sus fans, se colgó la guitarra acústica y continuó su actuación completamente desenchufada.
Tras algunos temas sobre el escenario, la cantante bajó al pasillo que dividía la pista y fue ahí donde continuó interpretando algunas canciones más y charlando con su gente. El gesto no solo honra a la joven artista, sino que demuestra un arrojo y profesionalidad casi inusuales. Fueron 20 minutos en los que a la mayoría de los presentes no les quedó otra opción que esperar a que se resolviera la situación y los problemas técnicos, pero que para los más cercanos al escenario —y al pasillo— seguro que se convirtieron en los minutos más especiales de todo el festival —o de sus cortas vidas— debido a la cercanía con la que pudieron disfrutar de su admirada artista.
La electricidad se restableció y ya solo dio tiempo a que Gracie Abrams interpretara junto a su banda la popularísima Close to You, que provocó el delirio de los miles de personas que esperaron expectantes. Un concierto que prometía se convirtió en una pequeña decepción por el dichoso imprevisto eléctrico que, por cierto, volvió a suceder en el stage 2 al inicio de la actuación de Iggy Pop.

Bright Eyes
El sol seguía cayendo a plomo sobre el escenario Ouigo cuando Bright Eyes, con su característica intensidad, se hacía con el escenario ante un público expectante, entregado al mismo tiempo a la música y a la búsqueda de la sombra más cercana. Si nunca habías escuchado a Conor Oberst y compañía, este concierto fue una extraordinaria tarjeta de presentación, ya que el setlist fue un reparto casi milimétrico por los diferentes álbumes de su carrera, sin que ninguno cobrase un especial protagonismo frente a los demás.
Ya en este concierto, por momentos, empezamos a sufrir el efecto dominó de este escenario, donde nunca sabes cómo va a ser el sonido, magnífico en algunos conciertos, irregular en tantos otros. En algunas canciones, parecía perder fuerza de forma extraña, aunque teniendo en cuenta lo que estaba pasando en el escenario principal en ese mismo momento, casi que no podemos quejarnos, ya que al menos no hubo interrupción alguna.
Con este arranque imperfecto entre calor y murmullos, el festival iba cogiendo fuerzas para tres días que nos dejarían momentos inolvidables. Sin duda, la música de Bright Eyes fue un comienzo más que notable para nuestro intenso recorrido.
Iggy Pop
A sus 78 años, Iggy Pop salió al escenario con una energía que no corresponde a la edad de su pasaporte. Vale, quizá no es el torbellino de antaño, pero sinceramente, ¿quién sigue dando conciertos así a esa edad? Poder ver a una leyenda viva como él es un regalo, y nosotros estábamos decididos a disfrutarlo.
El arranque fue un desastre, no vamos a mentir. Después de que Gracie Abrams sufriera un corte de luz en su actuación, a Iggy le tocó lidiar con dos apagones nada más empezar. Veinte minutos de espera que podrían haber matado el ambiente, pero este hombre es un profesional del caos. Se lo tomó a risa, haciendo cortes de manga a las cámaras, guiñando a los fotógrafos y animando a los fans que estaban en las primeras filas con bastante sentido del humor que desarmaba. Un 10 por esto, Iggy.
Cuando por fin volvió la electricidad, Iggy y su banda abrieron con T.V. Eye, de sus días con The Stooges, y el lugar explotó. No hubo tregua. Como si temieran otro corte o quisieran asegurarse de que nadie se fuera sin los clásicos, el setlist fue un cañonazo tras otro. Para la mitad del concierto, ya habíamos vibrado con Raw Power, coreado The Passenger y Lust For Life —una detrás de otra, sin piedad— y, de repente, ese riff histórico, de los mejores que se han compuesto: I Wanna Be Your Dog. Pocas intros en la historia del rock pegan tan fuerte.
Iggy no paró. En su cuerpo, el tiempo ha ido dejando su huella, pero en cuanto a motivación, le veíamos la misma rabia y ganas de siempre. Viendo este concierto, no parece que tenga intención de bajarse del escenario. ¿Cuántos años de mecha le quedan? Ni idea, pero no parece que esté pensando en retirarse. Así que nos fuimos con la sensación de haber visto algo único: un artista que ha vivido mil vidas y sigue subiéndose a un escenario para recordarnos que el rock no muere ni morirá nunca. Iggy Pop es historia viva, y mientras siga dando guerra, aquí estaremos para verlo.

Muse
La gran banda de esta edición llegó hace apenas un mes y medio al cartel y lo hizo de rebote, debido a la cancelación de la gira de Kings of Leon por problemas de salud de su cantante Caleb Followill. Pocas veces un plan B ha sido tan aplaudido y celebrado, pero es cierto que si no se hubiera dado esto, la edición de este año del Mad Cool se habría quedado un tanto descafeinada y huérfana de bandas de estadio —Kings of Leon son populares, pero no se acercan a lo que supone Muse en cuanto a público y show—.
Así, la actuación de la banda británica era esperada con enorme expectación tras su fantástica aparición en el festival hace solo tres años. Y Matt Bellamy y los suyos no defraudaron, todo lo contrario, ofrecieron quizá el concierto más memorable de esta edición. Con una puesta en escena hipnótica donde las pantallas cúbicas móviles, las luces y el fuego pusieron de manifiesto el status de Muse. El concierto fue una sucesión de hits que dejó sin respiro a las miles de personas que se congregaron en el escenario principal del recinto.
Abrieron con Unravelling, su single más reciente, que además es el primer adelanto de su próximo álbum. Y a partir de ahí, a base de contundencia y energía, fueron desarrollando un concierto sublime donde no faltaron canciones que desataron la locura de su público como Plug in Baby, quizás uno de los momentos más efervescentes de la noche, que dio paso al más intimista con Unintended y un Matt Bellamy que parece cantar cada día mejor. Madness, Time Is Running Out, Uprising… Son muchos los temas incuestionables de Muse y no faltó ninguno de ellos en un show a la altura de las expectativas y con la contundencia sonora que asegura siempre la guitarra de Bellamy, el bajo de Chris Wolstenholme y la batería de Dom Howard. Un trío de rock tremendamente efectivo y efectista, con pirotecnia incluida al cerrar el show con Starlight.
Weezer
Weezer regresó a Madrid tras dos décadas de ausencia y lo hizo a lo grande, cerrando la jornada del jueves en el Mad Cool 2025 con un concierto que desató euforia y nostalgia a partes iguales. La expectación estaba fuera de toda duda: una banda de su calibre, con una discografía que ha marcado a generaciones, no pisaba la capital desde su actuación en el Palacio de Vistalegre, como recordó un Rivers Cuomo al que también parecía extrañarle que hubiera pasado tanto tiempo. El público, que había resistido una larga jornada festivalera tras el apabullante concierto de Muse, no dudó en quedarse hasta el final, aunque al día siguiente tocara madrugar. Y Weezer les recompensó con creces.
El concierto fue una celebración absoluta de la carrera de la banda, un viaje por sus discos más icónicos con un repertorio que se inclinó, sin disimulo, hacia sus mejores años. El Blue Album, piedra angular del rock alternativo de los 90, dominó la noche. Canciones como Buddy Holly, My Name Is Jonas, Say It Ain’t So y Undone – The Sweater Song desataron cánticos masivos, con el público coreando las letras de cada canción. Los videos de la pantalla LED de fondo, perfectamente seleccionados para cada tema, teñían el escenario con los colores de los discos: azul brillante para el Blue Album o verde vibrante para el Green Album. Este recurso amplificaba la conexión emocional con cada tema, como si los álbumes cobraran vida propia, cada uno con su propia mitología, frente a los miles de asistentes.
Weezer sonaron compactos, precisos y con esa energía que te da la experiencia y el dominio del escenario tras tantos años de carrera. Rivers Cuomo, con su característica mezcla de timidez y carisma, lideró el cuarteto con una voz que sigue intacta, mientras Brian Bell, Patrick Wilson y Scott Shriner tejían un sonido robusto y sin fisuras. Hubo espacio para Pinkerton, con joyas como El Scorcho y The Good Life y, por supuesto, el Green Album también tuvo su momento, con Hash Pipe y, sobre todo, Island in the Sun convirtiendo el recinto en una marea de manos alzadas y sonrisas. También fue divertido escuchar su Beverly Hills personalizado por momentos a su presencia en Madrid cantando un «Living in Madrid, España». En general, eso sí, los temas más recientes, aunque presentes, quedaron en un discreto segundo plano. En un festival como el Mad Cool, donde los grandes éxitos mandan, la decisión fue acertada: la audiencia quería himnos, y Weezer los sirvió en bandeja.
No hubo lugar para la decepción. La banda, consciente de la espera de 20 años, dio todo sobre el escenario, y el público respondió con una increíble ovación. Al final, después de que los últimos acordes de Buddy Holly cerraran la noche, y mientras el público coreaba su nombre, Rivers y compañía formaron la icónica “W” con sus manos, un gesto que subrayó la conexión lograda a lo largo de la última hora. Esta despedida dejó una promesa implícita: no dejarán pasar otros 20 años para volver —o al menos eso esperamos—. El público, cansado, pero eufórico, se quedó con la certeza de haber vivido algo especial. Y mientras el eco de Buddy Holly aún resonaba en el aire, una cosa quedó clara: Weezer no solo volvió, sino que conquistó.


