Fotografías: Alex García-Cantarero, complementadas por fotografías proporcionadas por Mad Cool Festival
El pasado miércoles 10 de julio, arrancaba una nueva edición del Mad Cool, enfrentándose a una importante reválida, ya que tras los problemas lógicos para la primera edición en un nuevo recinto, y las mejoras prometidas a lo largo de los últimos meses, todo el mundo estaba deseoso de disfrutar cuatro días de gran música, con un increíble cartel con algunos de los nombres más interesantes del panorama actual, pero también vivir una experiencia mejorada con respecto al año pasado. Y tenemos que daros una alegría para empezar la crónica: todas las mejores prometidas se cumplieron.
Primero, hubo una considerable reducción de aforo que, sumado a que no se vendieron todas las entradas, hizo que no hubiese masificaciones como las del año pasado, ni siquiera en las jornadas del fin de semana, que son las que, por lógica, suelen tener más afluencia. Así, la experiencia fue sorprendentemente cómoda, algo que todos los asistentes coincidieron en resaltar. Aunque sigue existiendo la (molesta) zona VIP en la división entre los dos escenarios principales, el trayecto entre uno y otro (y el resto de escenarios) se podía hacer de una forma más relajada y fluida que el año pasado, también gracias a que los baños se repartieron por todo el borde exterior del recinto y la zona de patrocinadores también contó con unos espacios mejor distribuidos para que, quien quisiese, pasase por ellos, y quien, no, los ignorase simplemente. La ubicación de la zona de restauración también fue un acierto, no encontrándose en medio del tránsito y destinando a ello un espacio adecuado en tamaño y situación. También es de justicia resaltar que las esperas en barras fueron mínimas, incluso en horas punta y escenarios principales.
Otro aspecto importante, el transporte, también ha funcionado mucho mejor. Además del metro, las lanzaderas y la organización de taxis y VTC, este año también se unió Renfe a la fiesta, y el hecho de llegar y salir del festival en cercanías ha sido un punto muy positivo (quizá, para que todos los destinos nocturnos no acaben únicamente en la zona sur de la ciudad, quizá el año que viene podrían extenderlo hasta Nuevos Ministerios). La movilidad ha sido otro de los grandes aciertos de esta edición, mejorando aspectos como la conexión entre Getafe y Villaverde mediante lanzaderas a la ida (evitando así cortes excesivos de tráfico en horas de mucha afluencia de vehículos en la zona) y un carril peatonal a la vuelta.
Quizá han existido aspectos mejorables, sin duda, como el sonido que, en ocasiones, ha lastrado ligeramente algunas de las actuaciones, lo que a veces no se sabía si era debido a limitaciones propias para no molestar a los vecinos de la zona o que algunos de los pequeños vientos y brisas que ha habido estos días hicieron que la calidad del sonido fluctuase dependiendo del lado del escenario en el que estuvieses. Sin embargo, esto es algo que debería tenerse en cuenta para futuras ocasiones, ya que estos pequeños vientos siempre pueden llegar a ocurrir y debería ser fácil de prever. Y, todo sea dicho, en ningún caso ha sido tan desastroso como el sonido que el año pasado hubo durante el concierto de Red Hot Chili Peppers.
En definitiva, hemos podido disfrutar de cuatro días de música, en los cuales no hemos vivido ninguna situación para la que creamos que se necesitan medidas urgentes, así que queremos darle la enhorabuena a la organización de Mad Cool por las mejoras introducidas. Y ahora, una vez dicho esto, pasemos a lo que más nos importa y apasiona: la música.
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