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El domingo nos pilló a todos por sorpresa, ya que fue una jornada que inicialmente no esta prevista en las primeras planificaciones del festival, y eso se notó entre el público. Muchas personas que había tenido su abono hasta ahora, ya no lo tenían para el domingo, lo que unido al calor y, quizá, el cansancio de cuatro días de festival hizo que la afluencia de público fuese algo menor.

Sin embargo, allí estábamos nosotros, algo apenados por la baja de última hora de Arlo Parks por COVID, pero dispuestos a disfrutar de la noche final. Arrancamos con un Sam Fender que parecía que estaba tocando en casa en vez de bajo el sol de Valdebebas, con un público inglés absolutamente entregado y coreando su nombre, lo que hizo que se fuese soltando poco a poco según avanzó el concierto.

Un perfecto aperitivo antes de ver a Cala Vento, que entraron sustituyendo a última hora a Parks, y que no pararon de agradecer a sus técnicos y crew el esfuerzo que habían hecho para preparar este concierto en tan poco tiempo. De hecho, contaron cómo se habían enterado estando uno en Bilbao y el otro en el cine, así que fue casi un milagro que pudieran llevarlo a cabo. Un concierto breve pero de una enorme intensidad que hizo bailar con intensidad al público de Mad Cool.

Aunque no lo hemos nombrado todavía, uno de los lugares de reunión imprescindibles en Mad Cool fue la discoteca que Vibra Mahou montó en el recinto, que estaba llena pasases cuando pasases por delante y acogió numerosas actuaciones sorpresa. Y allí nos fuimos un rato el domingo cuando supimos de la presencia de Ladilla Rusa, que llevaron su sentido del espectáculo, cachondeo y energía hasta Mad Cool. Exitazo para el dúo, que logró que el público se alejase de los escenarios principales para bailar y divertirse con ellos.

En un Mad Cool en el que las mujeres han destacado como decíamos en anteriores jornadas, Nathy Peluso ofreció posiblemente el concierto más memorable del día, demostrando que ya está sobradamente preparada para citas importantes y grandes escenarios. Todo un show, en mayúsculas, en el que lo mismo escuchábamos música urbana, presenciábamos bailes dignos de una clase de crossfit o vibrábamos con versiones de artistas como Camilo Sexto. Sin complejo alguno, la artista se metió al público en el bolsillo y no dejó que nadie desconectase ni un momento.

A continuación, la carpa de quedó pequeña para ver a Two Door Cinema Club. Literalmente, no cabía ni una persona más, y es que prácticamente todo el público internacional que aún quedaba en Madrid se decantó por ellos mientras que en el escenario grande sonaban Natos y Waor. Una sucesión de temazos que arrancó fuerte con I Can Talk y Undercover Martyn, siendo un recorrido por toda su carrera en el que, curiosamente, predominaron las canciones (hasta seis interpretaron) de su disco debut, Tourist History, que seamos realistas, es sin duda el mejor que han lanzado.

Para acabar el festival, había que decidir entre Jack White y La M.O.D.A., y en esta ocasión, ya que a lo largo del festival ha predominado nuestra cobertura de artistas foráneos, decidimos presenciar el concierto de los burgaleses. Y desde luego, no nos arrepentimos en absoluto. Absolutamente emocionante, con una banda entregada y demostrando la fuerza y músculo que compartes cuando sabes que estas en uno de esos conciertos que marcan un antes y un después en tu carrera. El público no hacía más que corear «Escenario principal, escenario principal», así que no hay mejor ejemplo que este para que os hagáis una idea de lo mágico que fue el ambiente que allí se vivió.

Y así, pusimos fin a cinco / seis días de festival, cientos de kilómetros recorridos entre escenarios, de fotos tomadas en múltiples fosos y de experiencias y recuerdos memorables para toda la vida. El año que viene, ya en Villaverde, allí estaremos de nuevo.