Noche de ola de calor en Madrid, de esas que ni siquiera perdonan en el oasis verde en el que se convierte habitualmente Noches del Botánico. Las temperaturas seguían siendo altísimas cuando cayó la noche del martes 23 de junio, pero el cartel prometía ser tan caliente como el ambiente: Nile Rodgers & CHIC subían al escenario, agotadas las entradas días antes, para recordarnos que hay pocas cosas en este mundo capaces de vencer al calor mejor que el funk.
El escenario lo deja claro desde el primer vistazo: banda al completo, con sección de vientos, teclados, batería y dos extraordinarias cantantes que van a llevar a hombros, literalmente, la actuación. Nile Rodgers no pierde el tiempo. Nos pregunta si estamos dispuestos a bailar y cantar desde el primer segundo, y nos pone a prueba pidiéndonos que coreemos el verso estrella de «Le Freak». Lo hacemos, claro. Y en cuanto la música empieza a sonar, el funk conquista la noche madrileña. Ya nos tiene en el bolsillo.
El funk como hechizo desde el primer minuto
La segunda canción, casi sin pausa, termina de dejarlo claro: «Everybody Dance». Y efectivamente, si miramos a nuestro alrededor no hay nadie (de pie o sentado en las gradas) que no esté bailando al son de las canciones. El baile sigue siendo protagonista, ahora casi como una orden: «Dance Dance Dance». No hay forma de resistirse, es puro embrujo. Ni siquiera hay pausa entre un tema y el siguiente: la maestría con la que encadenan con «I Want Your Love» es mágica. La máquina del funk está en marcha y no piensa parar.
Ese solo de trompeta justo antes del estribillo final, la voz de una de sus dos cantantes (Folami Ankoanda-Thompson y Audrey Martells se reparten esa función durante toda la gira, y confesamos que entre tanto baile no sabríamos jurar cuál de las dos fue la protagonista de este momento), la batería cerrando el tema. Todo bajo la inconfundible sonrisa de Nile, que aprovecha para saludar, agradecer y anunciar que cada miembro de la banda tendrá su momento especial durante la noche. Un momentazo de los que el público disfruta especialmente, de lo mejor de la velada.
Un repaso interminable a sus colaboraciones
Nile habla de todos los artistas con los que ha colaborado a lo largo de su carrera (una lista interminable) y llega el momento del «popurrí» (qué magnífica y curiosa palabra esta, ¿verdad?) de grandes éxitos, con el público cantando cada palabra. Empezamos por «I’m Coming Out» de Diana Ross. Impresionante. «Si no sabéis inglés, no importa, cantad con nosotros», nos dice. Ahí aparece también «Gettin’ Jiggy wit It» de Will Smith y, cómo no, con palmas unánimes, «We Are Family» de Sister Sledge. El momento en el que llama a una de sus cantantes (Folami o Audrey, esta vez tampoco nos atrevemos a apostar) para que se luzca en solitario y termine uniendo su voz a la de sus compañeros antes del final es de los que se quedan grabados.
Y entonces llega Madonna. Nile recuerda cómo le ayudó en sus primeras canciones y cómo de aquella colaboración salieron varios singles número uno, «Material Girl» entre ellos. Cuenta, entre risas, que intentó convencerla de que ese fuera su primer single, y que ella se negó, prefiriendo lanzar antes «Like a Virgin». Y es que vaya carrera de éxitos tiene este hombre, tan desconocido para muchos y un auténtico genio para quien sabe lo que hay detrás de cada canción.
Mención especial para otro gran hiy, «Modern Love» de David Bowie, cantada por Russell Graham, uno de los dos teclistas de la banda. Hace falta valentía para enfrentarse a un tema de semejante leyenda, y sale airoso. Vaya recorrido por una carrera de éxitos llevamos ya, y la noche no ha hecho más que empezar.
De Sister Sledge a Duran Duran sin bajar el ritmo
«Lost in Music» de Sister Sledge sigue sonando antes de saltar a otra de las grandes bandas con las que Nile colaboró: Duran Duran y su «Notorious». De los años 70 a los 80, una y otra vez, con el baile como hilo conductor de toda la noche. Suena también uno de esos himnos disco que el público entero corea de memoria, aunque su título se nos resista por un instante entre tanto baile. Volvemos a Bowie con «China Girl», lo que me recuerda a uno de los grandes arrepentimientos de mi vida musical: nunca haber podido ver al bueno de Bowie en directo. Ojalá haberlo hecho cuando tuve la oportunidad.
Y entonces llega el momento más íntimo de la noche. Nile dedica una canción a Bernard Edwards, el bajista con el que fundó Chic en 1976 y su compañero creativo durante toda una vida: juntos firmaron, compusieron y produjeron buena parte de lo que hemos escuchado esta noche. Edwards falleció en 1996, durante una gira homenaje en Japón, justo después de una última actuación en directo. Nile recuerda lo mucho que sigue echándolo de menos mientras las pantallas muestran fotografías de ambos juntos en sus años de gloria. Un recuerdo precioso y un homenaje sentido en medio de una noche de baile.
De Beyoncé a Daft Punk: el funk no entiende de décadas
Llegan también las colaboraciones más recientes, con «Cuff It» de Beyoncé, justo después de que Nile nos recuerde que ha ganado el Grammy a la toda una Trayectoria. Y entonces llega «Get Lucky», la canción que lo catapultó a una nueva generación, esa que une edades y públicos distintos bajo una emoción común que todo el mundo ha querido bailar alguna vez. También hay hueco para «Lose Yourself to Dance». Es de admirar lo que hace Russell Graham durante toda la noche, prestando su voz a Bowie, a Iggy Pop y, ahora, de forma robotizada, a los franceses de Daft Punk. El hombre tiene esta noche más personalidades que un casting completo.
Llega el momento del solo de batería de Ralph Rolle, que logra que todo Madrid cante antes de meterse de lleno en «Let’s Dance» de Bowie. Qué maravilla. Qué manera de hacer saltar al público («jump, jump, jump») desde detrás de los platillos. Y qué difícil es cantar y tocar la batería a la vez con esa solvencia. Mérito enorme.
«Good Times» y el nacimiento del hip hop en directo
Y entonces llega el lema de la banda: Peace, love and good times. Suena «Good Times», la canción de cuyo bajo nace, vía sample, buena parte de la historia del hip hop. Estamos ante un fragmento de historia de la música en directo. Llega el momento freestyle, en el que la banda hace lo que le da la gana (y son unos genios haciéndolo), que nos lleva directos a Studio 54, un viaje en el tiempo en el que estamos encantados de participar. Y entonces aparece «Rapper’s Delight» y asistimos, en pleno Real Jardín Botánico, al nacimiento del hip hop. Has estado en todas partes, Nile.
Dos detalles finales que dicen mucho de la grandeza de este músico. El primero, que su concierto termina con títulos de crédito en pantalla, con la función y el nombre de cada miembro de su equipo. El segundo, los más de cinco minutos que se queda saludando al público, coreando con ellos, agradeciendo y firmando discos y recuerdos que los fans le acercan. Un gesto de calidez y cercanía que confirma lo que ya sospechábamos desde el primer «Le Freak»: estamos ante una auténtica leyenda viva. Bravo, Nile, y gracias por una noche inolvidable.
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