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Crónica Noches del Botánico: Woodkid en Madrid (Real Jardín Botánico Alfonso XIII, 2021)

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Fotografías: Víctor Moreno

El concierto que ofreció Woodkid en el festival Noches del Botánico debe ser elevado a la categoría de espectáculo. Lo que han preparado para esta gira mundial es una minuciosa coreografía de música, proyecciones y luces controlada al milímetro. La sincronización es tal que, si no fuera porque prácticamente todo lo escuchado durante el concierto se toca en riguroso directo (Yoann Lemoine da mucha importancia a esto), parecería una grabación de estudio. Hasta las cuatro gotas de lluvia que cayeron parecían parte del espectáculo, ya que llegaron con las primeras notas de In Your Likeness, una de las canciones más emotivas de S16 (2020), su último disco.

La orquesta que acompaña a Woodkid se ha visto muy reducida con respecto a su última gira, pero han conseguido que el sonido no deje de ser imponente. Con dos percusionistas, un teclado, y una pequeña orquesta de cinco músicos son capaces de estremecer, y casi intimidar, al público. Además, la voz de Yoann Lemoine sonó impecable durante todo el concierto.

La exhibición de luces funcionaba como nexo entre la música y la gigantesca pantalla que inundaba el escenario con las animaciones creadas por Yoann, (destaquemos su faceta como diseñador gráfico, ámbito en el que ha sido premiado en numerosas ocasiones).

S16 (2020) se adentra en un viaje oscuro por el frío mundo de lo industrial y los sentimientos más íntimos y profundos del ser humano. Este choque de conceptos se acentúa en el directo gracias a las ya nombradas proyecciones sobre la pantalla. Imágenes abstractas, en su mayoría, que rozan el límite con lo grotesco y lo bello, encontrando un punto de unión entre estos dos universos, a raíz no solo de las formas sino también del enfrentamiento y las explosiones de color que surgen de entre las sombras. El cantante parecía teletransportarse al subir a la enorme plataforma del escenario para adentrarse en un mundo que combina realidad con ficción llegando a dar la espalda al público por momentos.

Sin embargo, las canciones de Woodkid tienden a parecerse unas a otras, ya que utilizan en su mayoría una fórmula similar, lo que provocó que el concierto resultara en algunos momentos un tanto repetitivo. Es cierto que el repertorio fluyó entre los temas más movidos y los más profundos para no alargar en exceso la euforia, ni el bajón. Aun así, probablemente perdió la oportunidad de aportar un color diferente en un par de temas para culminar el espectáculo. En canciones como Brooklyn, de su primer EP Iron (2013), se echó en falta esa guitarra acústica que le aporta un aire folk y distinto (así fue como él la presentó), pero acabó sonando un poco a lo mismo.

Uno de los momentos más especiales fue sin duda la pieza que interpretaron los músicos justo después de que Yoann los presentara y saliera del escenario para dejarlos tocar. La banda sonó magnífica y llenó de épica el Jardín Botánico, acompañada de una de las proyecciones más coloridas y luminosas de la noche.

Como colofón no podía faltar Goliath con su fuerza, potencia y estridencia, terminando de encender al público, aunque éste ya estaba totalmente entregado en las últimas canciones. Así llegó la esperada Run Boy Run, que levantó inevitablemente de su asiento a todos los presentes, en un entusiasmo desenfrenado que no se pudo agotar en los tres minutos y medio que dura la canción. El público acabó entonando a pleno pulmón los coros durante un largo rato, lo que obligó a la banda a retomar una vez más el tema en un final más que emocionante.

Quedó demostrado que hay muchas ganas de bailar, de disfrutar de la música y la cultura y de soltar toda la energía que ha tenido que quedarse dentro durante todo este tiempo, esperando lo que cada vez se intuye más cerca. Por último, sería injusto finalizar sin destacar la labor del festival Noches del Botánico, que hizo posible con su gran organización que tanta gente pudiera disfrutar a la vez de la música en vivo, algo impensable hasta hace muy poco.

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Jorge Ocaña
Estudiante de ingeniería, pero sobre todo un loco de la música.
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