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Crónica de Two Door Cinema Club en Madrid (Noches del Botánico, 2026)

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Noches del Botánico es una de nuestras citas favoritas del año, y este 2026 no podía empezar mejor. Hay algo en ese entorno que transforma cada concierto en algo especial. Quizá sea el propio jardín, quizá sea la luz del atardecer mientras suenan los primeros acordes, o quizá sea simplemente la sensación de que en Madrid aún existen lugares donde la música en vivo respira sin agobios. Todo suena mejor en el Botánico. Todo se siente más vivo. Y así llegamos al domingo por la noche con la certeza de que Two Door Cinema Club iban a hacer de este un acontecimiento que recordaríamos.

La ocasión lo merecía. La banda norirlandesa llegaba a Madrid en plena gira por el 15º aniversario de su Tourist History, celebrando tres lustros de un disco debut que cambió para siempre la forma de entender la música de guitarras bailables en el indie europeo. El recinto estaba absolutamente lleno, con un ambiente espectacular desde antes de que salieran al escenario. Gente animadísima, de distintas edades y perfiles, pero todos con muchas ganas de disfrutar, dispuestos a entregarse al baile desde el primer segundo.

Arrancaron con “Cigarettes in the Theatre” y el público estuvo al cien por cien desde el instante cero. Nada de ir calentando motores. Al contrario, la intensidad fue máxima desde el primer acorde y así se mantuvo durante todo el concierto. Ya en el segundo tema, “I Can Talk”, la comunión era total. El Botánico no paraba de bailar, las guitarras rugían y todo lo que quedaba por delante era fiesta. Pura y simple fiesta. “Come Back Home”, “Do You Want It All?”, “This Is the Life”… Un encadenado de canciones de Tourist History que fue poniendo al público en órbita progresivamente, sin un solo momento de tregua.

Y es que esa es la gran virtud de Two Door Cinema Club como propuesta en directo: han construido un repertorio tan sólido, tan pensado para funcionar sobre un escenario, que cuando lo llevas a un entorno al aire libre como el Botánico, el resultado es prácticamente infalible. Es música de guitarra que hace bailar, una combinación que parece sencilla, pero que muy poca gente sabe ejecutar con la consistencia y la calidad que demuestran estos tres músicos de Irlanda del Norte. Son una garantía tanto en festival como en una noche como esta.

El primer gran momento de conexión con el público no lo protagonizó su cantante Alex Trimble, sino su bajista Kevin Baird, que tomó la palabra para saludar a Madrid con una broma que arrancó unas cuantas sonrisas: este domingo, en la ciudad, había dos grandes acontecimientos. Uno era la visita del Papa León XIV. El otro, bueno, pues el otro lo protagonizaban ellos mismos. El Botánico se lo agradeció con risas y aplausos.

Hubo también espacio para la sorpresa, y es que el mismo Kevin Baird anunció que iban a interpretar una canción que nunca antes habían tocado en España, insistiendo en que era «old, very old». La canción era “New Houses”, rescatada de su EP Four Words to Stand On, y aunque no fuera conocida por la mayoría del público, el gesto de traerla por primera vez a España fue recibido con la alegría que merece. Siempre hay una primera vez para todo, pase el tiempo que pase.

Crónica de Two Door Cinema Club en Noches del Botánico 2026
Foto: Fer González / Noches del Botánico

Trimble, por su parte, dejó que hablara la música, y vaya si lo hizo. Con su traje y su forma de agarrar el micrófono, que recuerda inevitablemente a los grandes crooners de otra época, se ha convertido en un frontman que arrastra al público hacia un estado de euforia colectiva sin apenas esfuerzo aparente. Hay una elegancia en su presencia escénica que contrasta a la perfección con la energía explosiva de la música. El sonido del Botánico hizo el resto. Impecable, como siempre, desde los instrumentos hasta su voz, que sonó a la perfección durante todo el concierto.

Tras ponernos a bailar (una vez más) con “Something Good Can Work”, con “Next Year” llegó uno de los momentos más hermosos de la noche. Una canción que sonó a la perfección, que el público disfrutó acorde a acorde, y que demostró que la banda sabe perfectamente cuándo bajar la intensidad para que el reencuentro con los temas más íntimos sea aún más especial. Los visuales, basados en las portadas de sus distintos discos y en sus diferentes videoclips, acompañaron toda la noche con la elegancia sencilla pero efectiva y versátil que ofrecen las pantallas LED.

Aún quedaba mucha noche por delante, y Two Door Cinema Club quisieron llevarnos de la mano por toda su carrera en una segunda mitad del concierto que funcionó como un repaso generoso y bien construido a su evolución como banda. “Handshake” y “Sun” trajeron nuevamente el sonido más maduro de Beacon, aquel segundo disco en el que la banda demostró que no eran un feliz accidente, sino una propuesta con futuro. “Changing of the Seasons” se asomó representándose a sí misma, mientras que pudimos escuchar “Are We Ready? (Wreck)” del Gameshow de 2016, “Dirty Air” del False Alarm de 2019 y “Lucky” como ejemplo de su creación más reciente, el Keep On Smiling de 2022, cerrando un círculo que demostró que cada etapa de Two Door Cinema Club tiene algo que decir y un gran potencial para hacernos bailar.

Con “Undercover Martyn”, “Costume Party”, “You’re Not Stubborn” y “Eat That Up”, “It’s Good for You” volvimos al tan admirado debut, provocando algunos de los momentos de mayor intensidad colectiva de la noche. No nos extraña; ya son canciones que el público lleva tatuadas en su memoria y que en directo suenan exactamente como deben sonar: urgentes y divertidas.

Y entonces llegó el final. “What You Know”, en versión extendida. Las gradas temblando. La gente coreando. Y esa pausa, ese instante calculado al milímetro en el que la música se detiene, el público empieza a aplaudir instintivamente, todo el mundo sabe lo que viene, y cuando vuelve a arrancar ese estribillo imponente, el Botánico entero explota en un último baile, en un abrazo colectivo, en un estado de euforia absoluta. Eso son tablas. Un final antológico para dejar a todo el mundo con una sonrisa enorme en la cara y las piernas agotadas de bailar.

Volvimos a casa satisfechos. Como siempre que el Botánico hace lo que mejor sabe hacer: convertir una noche de verano en Madrid en algo que no se olvida fácilmente.

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