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Crónica de Yawners en Madrid (Sala 0, 2020)

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«I’m not gonna miss you anyway / ‘Cause when I come back I don’t even care», canta Elena Nieto a la ciudad de Madrid en el tema que cierra su debut Just Calm Down. Una canción de amor-odio en la que se desahoga con una metrópolis que a veces aprieta —en el metro, las distancias, los precios— pero otras abraza. E indudablemente, Madrid abrazó a Yawners el pasado sábado, en el concierto con el que arrancaron su gira 2020 en la Sala 0 del Palacio de la Prensa. Desde el tercer tema del directo, el público se sumió en una vorágine de saltos y sudor, coreos de estribillos y letras, que continuarían durante la hora que duró el concierto.

Un bolo que además sirvió para presentar la nueva formación de la banda: Teresa Iñesta (Repion) a la batería y Tomás Rey (Ordesa) al bajo. Totalmente entregados al directo, fueron muchas las miradas de complicidad y las sonrisas que no podían evitar ante una noche que se figuró memorable para este proyecto de punk pop, que ya comienza a consolidar una fiel base de seguidores que atestiguan, entre otras cosas, la garra de sus directos.

Todos los temas de Yawners plantean un camino entre la euforia —dada por los ritmos, los riffs, la determinación de la palabra cantada— y la nostalgia —dada por el contenido, en su mayoría planteamientos agridulces sobre el amor, la amistad, la juventud—, y en esta ecuación se resuelve en el directo a través del baile y el movimiento, dirigidos por los guitarrazos y la voz de Nieto, camuflada entre el humo que atestaba el escenario y entre un maravilloso colchón sonoro.

Los presentes se recrean no solo con las letras, si no con los riffs adictivos como los que atraviesan Right Or Wrong o A Funny Laugh, el que da comienzo a See You, See Me o a Please, Please, Please. Ganchos ya reconocidos por un público que exclamaba emocionado al adivinar cada canción que se avecinaba. También con los ritmos que revientan en La Escalera o comandan en Seaweed.

Just Calm Down sonó en su totalidad, aunque hubo un breve momento para recordar Fuck It y Too Late, dos temas que rescatan el espíritu más punk y lo-fi del su primer EP, Dizzy, lanzado en 2015. Y a pesar de ser en inglés el 95 % de las canciones, las coreó el público sin problemas, algo que Nieto reconoció y agradeció, dirigiéndose al público. La mayoría jóvenes, veinteañeros, pero también había algún niño y sus padres, determinados quizás a recordar esos sonidos de los noventa.

Aún así, predominó la adrenalina de los jóvenes que, concentrados entre pogos, manteos y manos al aire, convirtieron la casi hora del concierto en una auténtica vorágine que alcanzó su punto mayor con La Escalera, previsiblemente guardada para el final y que despidió al grupo entre coreos: «Creo que te llama tu madre por el hueco de la escalera, creo que está gritando tu nombre por el hueco», una fábula costumbrista que se repite hasta el infinito en clave punk pop y dejó un final que, si bien temprano, no pudo dejar mejor sabor de boca. Moratones en las piernas, pitidos en los oídos, pero el alma plena de euforia, de esa energía precisa y pulcra que transmiten las canciones clavadas de esta prominente formación.