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Agnes Obel – The Meaning of Flowers

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Seis años después de Myopia, Agnes Obel regresa con The Meaning of Flowers, un disco en el que sigue estando esa mezcla de piano, cuerdas y melodías delicadas que asociamos rápidamente con ella, pero en el que también hay más espacio para la electrónica, los sintetizadores y las voces tratadas. No es un giro radical, aunque sí se nota que Obel quería mover algunas piezas.

El nacimiento de su hija está muy presente en el origen del álbum. También las ideas de crecimiento, transformación y esa conexión entre lo humano y la naturaleza que aparece detrás de muchas de las canciones. Pero más allá de todo lo que rodea al proceso de creación, lo que termina importando es si esas nuevas experiencias se traducen en canciones capaces de sorprender.

El disco deja ver tanto sus mejores aciertos como algunas dudas inevitables. «Laymelli» es probablemente uno de los temas que mejor muestra hacia dónde quiere llevar Obel su música. Hay pequeños ruidos, una base electrónica muy contenida y una voz mucho más grave y manipulada. «Gemini» se mueve por un terreno más melancólico, mientras que «Jenn’s on the Way» tiene ese punto extraño que aparece a menudo en sus canciones y que hace que algo aparentemente delicado termine resultando un poco inquietante.

The Meaning of Flowers encierra bastante más oscuridad de la que puede sugerir a primera escucha. Las canciones son pausadas y la producción nunca se desborda, pero debajo hay cierta tensión. La voz también juega un papel importante en ello. Obel la dobla, cambia su registro y la mezcla con los sonidos electrónicos hasta que en algunos momentos cuesta distinguir qué parte pertenece a la voz y cuál al resto de la producción.

Aun así, no es un mal disco. Está cuidado hasta el último detalle y hay canciones realmente buenas. Sin embargo, parte de los cambios que introduce Obel se quedan más en la producción que en las propias composiciones. Hay más electrónica, más efectos sobre la voz y más pequeños detalles en los arreglos, pero no siempre esa búsqueda acaba dando lugar a temas que se queden contigo cuando termina el disco.

«Tangerine», el único instrumental, es un buen ejemplo de ello. Tiene saxofón, piano y esos pequeños detalles que aparecen constantemente en el álbum, pero es difícil no pensar que la canción ganaría con una voz encima. Algo parecido ocurre en algunos otros momentos: funcionan dentro del conjunto, pero cuesta encontrar ese tema que haga que quieras volver inmediatamente al disco.

The Meaning of Flowers sigue teniendo mucho de Agnes Obel. Su forma de utilizar el piano, las cuerdas y la voz continúa siendo reconocible y la producción está llena de matices que probablemente se descubran mejor con varias escuchas. También hay una intención clara de llevar su sonido un poco más lejos.

Esta vez, me quedo con la sensación de que el cambio se nota más en cómo están construidas las canciones que en lo que las canciones terminan provocando. Después de seis años de espera, esperaba encontrar algo que me sorprendiera un poco más. Hay buenos momentos, hay riesgo y hay una Agnes Obel que sigue teniendo una personalidad muy marcada. El resultado final hace que acabe resultando más continuista de lo que podría parecer al principio. Quizá necesite más tiempo para terminar de encontrarle todo lo que tiene, aunque de primeras me deja con la impresión de que esta vez podía haber dado un paso más.

Escucha aquí el último disco de Agnes Obel, The Meaning of Flowers

Miriam Blanco
Miriam Blanco
Cuando la música dice mucho, intento que las palabras estén a la altura.