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ALGIERS – THERE IS NO YEAR

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Algiers es una banda cambiante. Los de Atlanta mudan de piel en cada trabajo y en su tercer LP en un lustro no han querido ser menos. En There Is No Year miran hacia un sonido como de película de ciencia ficción narcótica, perdiendo por el camino su identidad y personalidad, protagonizada especialmente por el estimulante vozarrón de soulman que gasta su cantante y letrista, Franklin James Fischer.

Precisamente, un poema de Fischer sirve de aliciente argumental de la primera decena de piezas del álbum. La última, Void, se distingue fácilmente del resto, y queda claro que su incorporación al disco ha sido por mera escasez de la energía a la que tenían acostumbrado a su público. No falta en el conjunto ese ímpetu anárquico y político en su lenguaje, caracterizado por su defensa de la sociedad oprimida, y que distingue entre el bien y el mal, aunque sin señalar a nadie («Don’t Forget It / It’s Us Against Them»).

Todo discurre en torno a un mundo distópico y apocalíptico en el que llueve fuego. La aniquilación y el desposeimiento material están a la vuelta de la esquina. «Freedom is coming», versea irónicamente en Dispossession, un tema en el que colabora en los coros el proyecto Mourning [A] BLKstar del activista Ra Washington. Una aportación que ayuda en la percepción de que pueda corresponderse con una crítica al imperialismo y al afán de meter mano en países subdesarrollados.

Por otro lado, la idea narrativa del disco sale de los versos de Misophinia (“miedo al sonido”), un poema del vocalista que en There Is No Year se convierte con el paso de los minutos en un «miedo al silencio». Porque, ¿cómo de oscura sería la existencia sin ruido? «Todo comienza a desvanecerse bajo el peso del silencio», son las últimas palabras de este viaje sintético y catártico que tiene como epílogo una nota del todo discordante en la rabiosa Void, estrenada en el programa Adult Swim en diciembre de 2019.

Asimismo, se puede observar una clara influencia de la novela del mismo título que publicó en 2011 su colega Blake Butler. En ella, el autor ilustraba su historia en un mundo saturado en el que trataban de sobrevivir el arte, la identidad y la familia. Esto se puede contemplar en parte en mensajes que lanza Fischer. En Hour Of The Furnaces, por ejemplo, clama a favor de cantar y bailar mientras todo se derrumba («Hey hey hey, sing / We all dance into the fire»); y siempre prevalece ese sentimiento de aferrarse a lo que uno tiene ante la extinción que está por llegar.

El viaje se envuelve de una sombría mezcla de sintetizadores, distorsión y teclados entre los que Fischer trata de marcar su espíritu sesentero a nivel vocal, aunque en este caso busque en ocasiones otro tipo de registros. La influencia de Depeche Mode, con los que giraron presentando su aclamado The Underside Of Power, o Massive Attack (se viene colaboración en los próximos meses) se deja notar en la producción diseñada por los ingenieros Ben Greenberg y Randall Dunn. El último ya estuvo en su anterior referencia, pero esta vez aseguran en entrevistas que los productores han tenido un peso mayor en el resultado.

Esto se comprueba en un disco que tiene escasos momentos identitarios y estimulantes en una instrumentación y producción demasiado artificiosa. La marciana mezcla de Chaka, con interludio de jazz espacial incluido, o esa transición hacia la desolación que marcan de Wait For The Sound a Nothing Bloomed son las partes más notorias de un desempeño irregular y de inicio titubeante.

En definitiva, There Is No Year es el trabajo más literario y filosófico de Algiers, cinemático en su envoltorio y con un mensaje con poca valentía ideológica en su contenido. La mezcla de noise rock, synth wave y góspel queda sepultada por la escasez de puntos álgidos en su lucha particular entre el sonido y el silencio.