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All Them Witches – House Of Mirrors

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All Them Witches y el arte de perderse entre reflejos

All Them Witches regresa después de seis años de silencio discográfico con House of Mirrors (2026), una obra que no pretende ofrecer certezas. Al contrario. Su propósito consiste en erosionarlas. El séptimo trabajo de estudio de la banda de Nashville convierte la clásica atracción de feria del laberinto de espejos en una metáfora contemporánea sobre identidad, percepción y alienación. Un viaje donde cada reflejo muestra una versión diferente del mismo rostro.

La espera desde Nothing as the Ideal ha sido larga, pero el resultado demuestra que el grupo no ha permanecido inmóvil. La incorporación del batería Christian Powers inaugura una nueva etapa sin alterar las coordenadas esenciales de una formación que ha construido uno de los catálogos más personales del rock psicodélico moderno.

Créditos y arquitectura sonora

Publicado el 29 de mayo de 2026 bajo el sello BMG Rights Management, House of Mirrors representa el primer álbum de estudio de la banda en seis años. La producción corre a cargo de Ben McLeod, quien asume un papel central en la construcción de un sonido que mantiene intacta la esencia del grupo mientras explora nuevos matices.

La ingeniería y mezcla vuelven a recaer en Mikey Allred, colaborador habitual de la banda y responsable de preservar esa atmósfera orgánica, espacial y sombría que ha acompañado a All Them Witches durante buena parte de su trayectoria. La formación actual queda integrada por Charles Michael Parks Jr. en voz y bajo, Ben McLeod en guitarras, Allan Van Cleave en teclados, sintetizadores y violín, y Christian Powers en batería y percusión.

Una década construyendo su propio universo

Desde sus primeros pasos en Nashville, All Them Witches ha desarrollado una identidad difícil de encerrar en una sola etiqueta. Blues del delta, stoner rock, psicodelia, doom, rock progresivo y largas exploraciones instrumentales conviven dentro de una propuesta que siempre ha privilegiado la atmósfera sobre la inmediatez.

Mientras otros grupos del revival psicodélico miraban hacia el pasado con nostalgia, la banda optó por reinterpretar aquellas influencias desde una perspectiva contemporánea. Esa capacidad para transformar tradiciones musicales en paisajes propios explica la fidelidad de una audiencia que ha crecido disco tras disco. House of Mirrors no supone una ruptura. Funciona más bien como una evolución natural. Un nuevo pasillo dentro de un edificio que la banda lleva más de una década construyendo.

Psicodelia, barro y electricidad

Musicalmente, el álbum sigue transitando ese territorio fronterizo donde conviven el blues pantanoso del sur estadounidense, la pesadez del doom y la expansión mental de la psicodelia. Las guitarras de McLeod alternan momentos de delicadeza acústica con oleadas de distorsión capaces de transformar una canción en una tormenta. Los teclados y sintetizadores de Allan Van Cleave aportan profundidad y textura, mientras el bajo de Charles Michael Parks Jr. continúa funcionando como una columna vertebral oscura y sinuosa. La llegada de Christian Powers introduce una energía diferente. Su batería resulta más directa, menos ceremonial y más física. No intenta reemplazar el legado de Robby Staebler. Aporta una personalidad propia que impulsa muchas de las dinámicas del disco.

Una voz que observa desde la penumbra

Charles Michael Parks Jr. posee una de esas voces que parecen diseñadas para la introspección. No necesita exhibir potencia para transmitir autoridad. Su fortaleza reside en la contención. A lo largo del álbum interpreta los textos como si recorriera los corredores de ese laberinto imaginario. A veces actúa como observador. En otras ocasiones parece atrapado dentro de las mismas preguntas que plantea. Su timbre grave añade un componente casi espectral a muchas composiciones. No guía al oyente hacia una conclusión. Lo invita a caminar junto a él.

La portada: un rostro multiplicado

La imagen de cubierta sintetiza perfectamente el concepto central del álbum. Un rostro fragmentado, multiplicado y desenfocado ocupa el centro de la composición. No existe una identidad estable. Cada intento de enfoque produce una nueva deformación. La dominante roja incrementa la sensación de inquietud. No se trata de una imagen cómoda. Parece capturar el instante exacto en que una persona deja de reconocerse en el espejo. La portada sugiere movimiento, desorientación y pérdida de referencias. Exactamente las mismas sensaciones que la banda pretende explorar a través de las canciones.

El álbum toma su nombre y concepto de la clásica atracción de feria: el laberinto de espejos. A través de esta metáfora, la banda explora la distorsión de la realidad, la introspección y la pérdida de la identidad en la era digital

El laberinto de los reflejos: identidad, memoria y espejismos digitales

rodeados de imágenes de nosotros mismos. Fotografías, perfiles, pantallas y proyecciones digitales construyen una colección infinita de reflejos. La banda utiliza la metáfora del laberinto para representar ese conflicto. Cada canción funciona como un nuevo espejo. Algunas muestran vulnerabilidad. Otras exageran defectos o virtudes. Otras devuelven una imagen irreconocible. La dualidad entre momentos acústicos y explosiones eléctricas refuerza constantemente esta idea. La calma y el caos conviven como dos caras de la misma experiencia.

A diferencia de muchos discos conceptuales que construyen una narrativa cerrada, All Them Witches opta por algo más ambiguo. Las canciones no cuentan una historia lineal. Funcionan como habitaciones conectadas por una misma sensación de desorientación. Cada tema ofrece un reflejo diferente. Ninguno parece completamente verdadero. Ninguno parece completamente falso.

La banda explora la idea de que vivimos rodeados de representaciones deformadas. Las redes sociales, la exposición permanente y la necesidad de proyectar una imagen concreta terminan creando una distancia entre lo que somos y aquello que mostramos. El espejo deja de reflejar la realidad para convertirse en una superficie de interpretación. La pregunta que plantea el álbum resulta sencilla y perturbadora al mismo tiempo: ¿cuál de todas esas versiones es real?

Fantasmas analógicos en una realidad digital

Resulta significativo que el álbum comience con una reinterpretación de Red Rocking Chair, una pieza tradicional del cancionero norteamericano. No es una elección casual. Antes de adentrarse en la confusión contemporánea, la banda mira hacia atrás. Busca una referencia estable en la memoria colectiva. Ese gesto establece uno de los grandes conflictos del disco. Por un lado, aparece el peso de la tradición. Por otro, la fragmentación tecnológica del presente. Entre ambos extremos se desarrolla buena parte del viaje.

La propia existencia de una canción como Aethernet parece reforzar esa tensión. Su título combina elementos físicos e inmateriales, evocando un espacio donde las fronteras entre lo real y lo virtual comienzan a difuminarse. El concepto conecta directamente con una época en la que las relaciones humanas, la percepción personal e incluso la construcción de la identidad atraviesan filtros digitales constantes. En este contexto, el álbum plantea una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando terminamos creyendo más en nuestros reflejos que en nuestra propia experiencia?

Cuando el enemigo habita dentro del espejo

Otro de los elementos que atraviesa el disco es la confrontación interior. No aparecen grandes antagonistas externos. La batalla parece desarrollarse dentro de la mente del protagonista invisible que habita las canciones. Títulos como Culling Line o The Welterweight sugieren procesos de selección, resistencia y enfrentamiento. Como si cada habitación del laberinto obligara a desprenderse de una versión anterior de uno mismo para avanzar hacia la siguiente.

La lucha no se presenta de forma heroica. Tampoco existe una promesa clara de victoria. All Them Witches parece más interesado en explorar la incertidumbre que en resolverla. La identidad aparece como un organismo mutable, sometido a tensiones constantes y expuesto a una sucesión interminable de influencias, recuerdos y proyecciones. La presencia de Christian Powers en la batería contribuye incluso a reforzar esta sensación. Su interpretación añade una energía más directa y física, como si el conflicto conceptual del álbum necesitara una respuesta corporal.

La búsqueda de una luz posible

Dentro de un trabajo dominado por la confusión, algunos títulos sugieren momentos de revelación. Turn On The Light destaca especialmente como una posible ruptura dentro del recorrido. Encender la luz implica observar aquello que hasta entonces permanecía oculto. Sin embargo, el álbum nunca ofrece respuestas definitivas. La iluminación que propone la banda no elimina las sombras. Simplemente permite verlas con mayor claridad.

Algo parecido ocurre con Angel On The Wayside. La figura del ángel parece actuar como un observador silencioso situado en los márgenes del camino. No guía. No interviene. Permanece presente mientras el protagonista atraviesa sus propias contradicciones. Por eso el disco resulta tan atractivo. No pretende explicar el mundo contemporáneo. Tampoco juzgarlo. Se limita a recorrer sus pasillos y registrar las sensaciones que surgen durante el trayecto.

No estamos ante canciones sobre un laberinto

La diferencia es importante. Muchas obras utilizan el laberinto como escenario. En House of Mirrors, el laberinto es una condición mental. Las canciones no describen el recorrido desde fuera. Están escritas desde dentro de él. Por momentos parecen recuerdos. Por momentos visiones. A veces adoptan la forma de preguntas. Otras veces funcionan como reflejos distorsionados que nunca terminan de enfocarse completamente. La incertidumbre forma parte del mensaje.

Cuando el álbum concluye con Saturn Song, la sensación no es la de haber encontrado una salida. Más bien parece que el oyente ha aprendido a convivir con las múltiples versiones de sí mismo que habitan entre los espejos. Y quizá ahí resida la reflexión más interesante de todo el trabajo. La identidad no es una imagen fija. Es un conjunto de reflejos en movimiento. Algunos reales. Otros imaginarios. Todos imperfectos.

Saliendo del laberinto

En el álbum también encontramos piezas como Hold Up, Say What?, donde la sorpresa y la confusión parecen convertirse en protagonistas. El laberinto se vuelve más complejo. La tensión encuentra continuidad en Go-getter, una pieza cuyo título evoca impulso, ambición y movimiento constante. Quizá una representación de la necesidad contemporánea de proyectar éxito permanente.

El núcleo conceptual aparece con Starting Line. El punto de partida surge paradójicamente en mitad del recorrido. Como ocurre dentro de cualquier laberinto, la orientación deja de responder a una lógica convencional. Finalmente, Saturn Song cierra el recorrido bajo la sombra de uno de los símbolos más antiguos de la introspección, el tiempo y la melancolía. El viaje concluye, pero las preguntas permanecen abiertas.

Lo que queda de la casa de los espejos

House of Mirrors demuestra que All Them Witches sigue siendo una de las propuestas más interesantes del rock psicodélico contemporáneo. El grupo no busca reinventarse mediante artificios ni perseguir tendencias pasajeras. Prefiere profundizar en su propio lenguaje. El resultado es un álbum que explora la identidad moderna a través de contrastes sonoros, atmósferas envolventes y una poderosa metáfora conceptual. Como ocurre en cualquier laberinto de espejos, el recorrido termina en el mismo lugar donde comenzó. Sin embargo, quien regresa ya no es exactamente la misma persona.

Escucha aquí «House of Mirrors» de All Them Witches

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Periodista. Fotógrafo. Diseñador gráfico. Muchos años al pie del cañón. Ahora toca recuperar el pulso y volver a lo esencial. La música siempre ha sido el eje. No como ruido de fondo, sino como lenguaje, refugio y forma de entender el mundo. Está en todo lo que hago. Me interesa escribir sobre bandas que se salen del guion, que cuestionan lo establecido y abren grietas en lo convencional, ya sea desde el sonido, el concepto o la actitud. Propuestas que no buscan encajar, sino expandir. En Crazyminds, mi papel es claro: dar visibilidad a ese universo «underground» donde laten algunas de las ideas más honestas y estimulantes de la música actual. Hay mucho ahí fuera esperando ser descubierto. Así que vamos a ello. Porque sin transgresión no hay cambio. Y sin cambio, la música deja de tener sentido.