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AZUL Y NEGRO – PERSEVERANCE

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Azul y Negro vivió entre 1981 y 1993 doce años de frenesí entre vueltas ciclistas, éxitos mundiales e hitos para la discografía española con una innegable facilidad para construir grandes canciones de pop semi-instrumental y cuyos leitmotiv forman parte de la iconografía pop española.

Veintiocho años después de su separación y cuarenta de su debut, el dúo original ha vuelto a grabar un álbum en el que si algo no ha cambiado es la asombrosa conjunción entre dos personalidades musicales tan diferentes y casi antagónicas como son las de Carlos García-Vaso y Joaquín Montoya.

Un reencuentro que se palpa desde el primer track de título precisamente El reencuentro en el que se intercalan las guitarras afiladas de García-Vaso y el piano clásico de Montoya bajo un manto sintético aunque con el sonido característico que ha venido utilizando García-Vaso en los últimos años. 

Este inicio no hará sino que evocar y alegrar a los incondicionales de la etapa dorada del dúo puesto que la segunda pista Four days, four nights consolida una vez más que sí, que de nuevo los tenemos aquí. Y no solo como mero formalismo sino que en términos creativos lo han hecho por todo lo alto porque esta segunda pista está entre las mejores canciones que han creado ambos en sus dos etapas juntos. El gimmick creado está al nivel de los diseñados para sus grandes himnos del dúo como Me estoy volviendo loco o Con los dedos de una mano. Resumiendo, estamos ante una de las obras maestras de Azul y Negro como canción. 

“La ruta de la seda”, con un más que curioso guiño a Trans-Europa-Express de Kraftwerk, recrea las grandes piezas instrumentales de su etapa clásica como Alhambra; Basta ya reivindica el alma rock de García-Vaso como ya hiciera con La Torre de Madrid y Hitchcock makes me happy mientras que Montoya vuelve a destaparse como el enorme pianista que siempre ha sido con El guardián de las luces que nos lleva al maravilloso Isadora que ya hizo hace casi cuarenta años. La gran virtud del álbum es que encajaría perfectamente en la discografía clásica de la formación pero con una más que loable vigencia creativa. 

La Escalera es una de las sorpresas que nos llevamos, uno de los temas más pop, sencillos y más cercanos a la etapa en solitario de García-Vaso al frente del proyecto en estos últimos veinte años. Aunque es uno de los outsiders del álbum es también uno de los clímax del mismo y, para maravillosa sorpresa de todos, de nuevo nos enfrentamos a una de las mejores canciones que nunca han hecho Azul y Negro.

Pero es que hay más porque cuando apenas alcanzamos el intermedio irrumpe la minimalista, atmosférica y sintética Todo fluye, otra prueba más, y hay que redundar en este aspecto, del asombroso estado de forma en que han vuelto a conjugar los talentos de Carlos y Joaquín. 

Otra virtud del disco es lo bien colocadas que están las piezas sobre el tablero, lo bien configurado que está el track-list para que cada tema vaya entrando a escena en el momento y lugar adecuados. El ejemplo de ello es el paso de la anterior Todo fluye a I’m so glad que, sin ser de lejos de lo mejor del disco, su posición estratégica en el LP la hace brillar más de lo que hace por sí misma. Estereotipos, no sabemos si el título hace alusión a ello, reúne todos los ingredientes que hicieron grandes a Azul y Negro en los 80’s. Pieza instrumental con un leitmotiv y estructura que cumple con todos los estándares y estereotipos de las extraordinarias sintonías deportivas que ya construyeron en la primera y gloriosa etapa.

Nos volvemos a enfrentar a la etapa en solitario de García-Vaso con La vida de hoy que arranca directamente con una guitarra acústica que, combinada con los sonidos electrónicos, se nota influenciada por Tony Mansfield y New Musik mientras que Stravaganza aún siendo una pista instrumental con el sello Azul y Negro sí es cierto que coquetea en su inicio y puente con el trip-hop y con el pop italiano ochentero en su desarrollo. 

Y la tercera obra maestra del LP es Ondas magnéticas que además lo cierra. Azul y Negro en estado puro pero vigentes y contemporáneos, recreando por momentos a Kraftwerk…y a Roosevelt. Tema certero, inteligente, minimalista, vanguardista y diría que inédito en sus cuarenta años de historia. 

Insisto en la idea de lo maravilloso de encontrarnos a unos Azul y Negro que no se limitan a la nostalgia de los buenos y viejos tiempos sino unos Azul y Negro sorprendentes, ambiciosos y que saben que están en 2021 y no en 1981. Por los nuevos y buenos tiempos. 

Escucha aquí Perseverance de Azul y Negro

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