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BALTHAZAR – FEVER

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Una manada de licaones nos mira fijamente en la portada de Fever, el cuarto álbum de Balthazar. La elección podría ser casual, pero lo cierto es que este animal, conocido también como perro salvaje africano, se puede relacionar con el concepto narrativo que parece venir incluido en el nuevo trabajo de los belgas.

No en vano, este mamífero acostumbra a cazar en manadas y, en ocasiones, lo hacen bloqueando cualquier escapatoria a la presa, ganándola finalmente por el agotamiento al que se ve sometida la víctima. Este hecho coge similitudes con la relación complicada, tóxica, violenta (en el tema Watchu Doin’ está a punto de convertirse en trágica) y, claramente, agotada que sirve de nexo durante todo el álbum. Como una “fiebre” que se propaga.

El trabajo llega tras un hiato en el que a los dos miembros más visibles de Balthazar, Maarten Devoldere y Jinte Deprez (ambos producen y escriben el cuarto LP de los belgas), les ha dado tiempo a comenzar diferentes proyectos en solitario: el primero bajo el nombre de Warhaus y el segundo como J. Bernardt. También después de que la formación, de gran popularidad en el país flamenco (su reválida Rats fue número 1 en ventas), haya sufrido alteraciones: el aporte de cuerdas y voces de Patricia Vanneste ya no está presente en el grupo y resulta una ausencia notable.

Todo ello deriva en que Devoldere y Deprez han buscado trasladar lo aprendido por separado y, a su vez, desviar un poco el rumbo para que no se noten las bajas. Las eléctricas pierden protagonismo en la paleta de sonidos de Fever, donde toma el mando la sección rítmica encabezada por el bajo de Simon Casier. Esto no es novedad, ya que éste acostumbraba a marcar el ritmo también en las anteriores referencias de Balthazar. Sin embargo, esta vez el art pop de cadencia pausada de los belgas se acerca más a los sonidos r&b, soul y funk modernos, al estilo de contemporáneos como Jungle.

El vocalista Maarten Devoldere, no sabemos si mirando a su pasado, interpreta con su característica voz al hombre de la mencionada relación: incapaz de cambiar sus malos hábitos (Changes), culpando a su pareja cuando ella está a punto de apretar un “gatillo” (Watchu Doin’), mostrando que solo tiene un único interés (Entertainment) o asegurando que nunca la volverá a decepcionar (I’m Never Gonna Let You Down Again).

En el apartado instrumental, destaca la percusión del trabajo, denotando influencias del jazz, e incluso latinas a través de timbales. Las primeras ya se sentían antes en Balthazar gracias a la incorporación de vientos en algunos cortes. Aquí también están presentes y ayudan a reflotar el recorrido en un precioso y estiloso cierre de disco. You’re So Real se convierte así en uno de los pocos temas que brilla en un álbum que parece querer contar más de lo que en verdad puede en piezas como Phone Number, Grapefruit o Roller Coaster.

La extensa introducción groovy a la “fiebre” que son para Balthazar estas situaciones sentimentales, la misteriosa Wrong Faces, los pequeños momentos de electricidad a mitad del disco y los momentos funkys del comienzo son otros puntos positivos de un trabajo irregular que no cuenta con demasiadas canciones triunfales. De esta forma, Fever incorpora un mensaje más que interesante en su planteamiento narrativo, pero se ve limitado por la sensación de que el minimalismo y detallismo de los belgas no siempre tiene tanto que ofrecer como parece insinuar.

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