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Beck – Ride Lonesome

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Hay una hora del día donde el paisaje deja de pertenecer al mundo y empieza a parecer un recuerdo. Las paredes pierden definición, las carreteras se vacían y cualquier sonido adquiere una profundidad extraña. En ese momento aparece un jinete que cabalga solo por las llanuras. No porque tenga prisa por llegar, sino porque hace tiempo que dejó de importarle el destino. A su espalda queda un paisaje que conoce demasiado bien; delante, kilómetros de polvo, silencio y una línea de horizonte que parece moverse a medida que él avanza. No lleva compañía. Tampoco parece buscarla. Quizá porque algunas travesías solo pueden hacerse cuando uno acepta que nadie va a ocupar el asiento de al lado.

Hay algo profundamente folk en esa figura: el hombre frente al paisaje, la guitarra imaginaria golpeando el lomo del caballo y una canción que nace más de lo perdido que de lo que todavía queda. El cine convirtió al jinete solitario en un arquetipo. La música lleva décadas intentando desmontarlo, humanizarlo o simplemente ponerle voz.

Ahora imaginemos que ese hombre se baja del caballo, entra en un estudio de Hollywood y se sienta frente a un micrófono. Tiene más de medio siglo de vida, demasiadas canciones a sus espaldas y una colección considerable de caminos ya recorridos. No necesita demostrar que sabe montar. Ese hombre es Beck. Y Ride Lonesome (2026) es su nueva cabalgada hacia el territorio de la pérdida, la memoria y la soledad. Una travesía de guitarras acústicas, cuerdas y paisajes crepusculares que mira de reojo a Sea Change y Morning Phase, pero que llega desde un lugar distinto: el de alguien que ya sabe que algunas historias no terminan cuando uno quiere, sino cuando finalmente aprende a seguir caminando.

Los hombres que conocen el camino

Para entender Ride Lonesome hay que entrar primero en la habitación donde empezó a tomar forma. Beck escogió la Sala B de los United Studios de Hollywood y reunió allí a varios de los músicos que ya habían compartido con él algunas de sus grabaciones más acústicas. Cada uno de ellos sabía cómo dejar espacio al resto y, sobre todo, cómo acompañar una canción sin robarle el silencio. A partir de ahí, diversos profesionales contribuyen a recorrer el camino.

Smokey Hormel es quien coloca las guitarras acústicas y la slide guitar en el corazón del álbum, mientras que Jason Falkner aporta las guitarras eléctricas y los arreglos instrumentales. Justin Meldal-Johnsen se encarga del bajo y el contrabajo, proporcionando ese pulso cálido que sostiene unas canciones construidas alrededor de la fragilidad. En la batería y percusión aparece Joey Waronker, cuya interpretación evita cualquier exceso y permite que los temas avancen con una cadencia casi hipnótica.

Roger Joseph Manning Jr. completa el entramado desde los teclados, el piano y los sintetizadores, además de participar en las voces de apoyo. Por encima de esa base, David Campbell vuelve a desplegar sus arreglos de cuerda y orquestales, ampliando el horizonte emocional de las canciones y reforzando su dimensión cinematográfica.

Otros compañeros de aventura

Beck produce el álbum y firma la composición de prácticamente todo el repertorio, además de participar instrumentalmente en las sesiones. Una excepción significativa aparece en If You Don’t Know What Love Is, acreditada también a Jason Falkner y Eli Reuben Hirsch. En la mesa de mezcla vuelve a encontrarse con Nigel Godrich, colaborador esencial desde Sea Change. El mastering corre a cargo de Paul Hicks, mientras los créditos técnicos de las sesiones incluyen a David Greenbaum, Erik Brauer, Dylan Sky y Darrell Thorp.

El sello Capitol Records es quien publica el álbum el 18 de septiembre de 2026. La fotografía de portada pertenece a Mikai Karl quien también participa en la realización de los videoclips de la era Ride Lonesome, prolongando en imágenes ese universo de penumbra, aislamiento y espacios abiertos. La única colaboración vocal externa destacada llega de Sierra Ferrell, que aparece junto a Beck en una versión extendida de Ride Lonesome publicada digitalmente como pieza especial y no incluida en la edición estándar del álbum.

‘Ride Lonesome‘ nace de una memoria compartida. Beck vuelve a rodearse de músicos que conocen su lenguaje y deja que esa experiencia acumulada haga el resto. El disco no necesita reinventar la conversación: basta con retomarla donde quedó

El jinete que ya no necesita esconderse

La trayectoria de Beck siempre ha funcionado como una sucesión de mutaciones. Pero Ride Lonesome recupera una parte especialmente reconocible de su personalidad. El Beck acústico reaparece, aunque ya no tiene exactamente la misma edad ni ocupa el mismo lugar emocional. El disco convierte la soledad en movimiento. No propone quedarse contemplando las ruinas de una relación, sino atravesarlas. Ride lonesome cabalga solo, encuentra el camino, llora lo que tengas que llorar y continúa. La imagen conecta además con la tradición folk estadounidense, donde la carretera representa tanto libertad como pérdida. Beck transforma ese imaginario en una carretera emocional.

El disco tiene ecos a Nick Drake, Leonard Cohen, Gram Parsons e incluso al Pink Floyd más contemplativo. Pero también aparece el propio Beck de Sea Change y Morning Phase. La diferencia reside en la textura: aquí todo parece cubierto por una fina capa de polvo, como si las canciones hubieran pasado demasiado tiempo al sol. El resultado recuerda al Beck de principios de siglo, pero evita reproducir literalmente aquellas grabaciones. El propio Beck explicó que volver a trabajar con estos músicos permitió recuperar una química antigua desde una experiencia diferente: décadas de convivencia musical habían cambiado la forma de tocar juntos.

Beck canta aquí con una fragilidad deliberada. Utiliza una voz tenue, aireada y profundamente integrada en la instrumentación. Las reverberaciones amplían las palabras hasta convertirlas casi en ecos. En algunos momentos parece cantar desde una habitación vacía. En otros, la voz adquiere una cualidad casi litúrgica. Las canciones hablan de ruptura, pérdida y soledad, pero Beck evita el desgarro teatral.

El solitario héroe del oeste americano

Ride Lonesome es conceptualmente el cierre de la trilogía del desamor de Beck, sirviendo como secuela espiritual directa de sus aclamados álbumes acústicos Sea Change (2002) y Morning Phase (2014). El primero nació alrededor de su ruptura. Y el segundo llegó después de una lesión de espalda que condicionó su vida y trabajo. Ahora, tras el divorcio de Marissa Ribisi, Beck vuelve a mirar de frente la pérdida. La diferencia está en el tono. A diferencia de su álbum anterior Hyperspace (2019) que abordaba la distracción futurista y electrónica en pleno inicio de su separación, las letras del álbum Ride Lonesome son consideradas las más maduras y directas de su carrera, alejándose de la ironía o el surrealismo habituales para hablar desde una vulnerabilidad absoluta.

El disco aborda temas como la aceptación del dolor, la incomunicación, la nostalgia y la resiliencia en la mediana edad, utilizando el paisaje desértico como un reflejo del estado emocional del artista. En este álbum predomina una resignación sabia y calmada ante la soledad.

El álbum están indirectamente inspirado en el clásico filme de cine western de 1959, Ride Lonesome (Cabalgar en solitario). Beck utiliza esa iconografía (paisajes desérticos, páramos y estaciones de tren abandonadas) para ilustrar el desamor como un viaje solitario hacia un destino incierto. El concepto defiende que, ante las dificultades más profundas de la vida, uno debe avanzar por su cuenta a través de su propio paisaje emocional. Las canciones, además, están impregnadas de un sentimiento de fatiga existencial, el paso del tiempo y el peso de los recuerdos. Beck es consciente de su edad.

la película western de 1959, ‘Ride Lonesome’, narra la historia de un cazarrecompensas que atraviesa un territorio hostil mientras transporta a un prisionero, una imagen que encaja de manera natural con el concepto de viaje solitario del álbum. En el género wéstern, cabalgar solo representa la carga del héroe solitario

Doce estaciones para atravesar la noche

La secuencia comienza con Ride Lonesome, donde Beck establece el vocabulario del álbum: rosas que no florecen, una persona ausente, un corazón que no debe convertirse en enemigo y la obligación de encontrar el camino de regreso. La canción plantea la soledad como tránsito, no como destino. Después, Run Away mantiene el tono elegíaco y amplía el paisaje emocional con imágenes de tormentas y espacios abiertos. La canción empuja ligeramente el álbum hacia delante, como si el protagonista comprendiera que quedarse quieto tampoco sirve.

In The Night introduce una oscuridad diferente. La guitarra acústica y las cuerdas construyen un espacio nocturno donde la búsqueda de respuestas se vuelve más espiritual. El videoclip de Mikai Karl, protagonizado por Denis Lavant, prolonga esa sensación de aislamiento. Con Failed Words llega uno de los momentos más densos. El piano y la reverberación convierten la incapacidad para comunicarse en una experiencia sonora. Las palabras existen, pero ya no consiguen alcanzar al otro.

Bleed abre la herida. La canción abandona parcialmente el folk más desnudo y se acerca a una atmósfera de dream-pop espacial. El dolor adquiere una dimensión casi cósmica. Y Disappearing Act resume en poco menos de tres minutos la lógica del disco: alguien desaparece, pero su ausencia continúa ocupando espacio. La instrumentación cálida contrasta con unas imágenes líricas dominadas por oscuridad, cielo y pérdida.

Del deseo al punto final

A mitad de camino aparece For Your Love, una canción de tono casi funerario. El amor deja de representar refugio y se convierte en algo que se recuerda desde la distancia. Sin embargo, Slow Canyon introduce una grieta luminosa. La slide guitar aporta una calidez distinta y la letra permite que el deseo vuelva a pronunciarse sin ironía. Ese «want you, yes I do» funciona como una excepción dentro de un disco obsesionado con la desaparición.

It Ends Right Here utiliza un título frontal para aceptar aquello que las canciones anteriores todavía intentaban rodear. Aquí ya no importa tanto comprender la ruptura como reconocer su final. Después llega Falling Through My Hands, probablemente uno de los centros emocionales del álbum. La canción convierte la pérdida en una imagen física: intentar sujetar a alguien que se escapa entre los dedos. Beck no necesita explicar la historia completa. La metáfora contiene toda la derrota. If You Don’t Know What Love Is amplía la reflexión. La canción busca una definición del amor cuando la experiencia personal acaba de ponerla en crisis.

Finalmente, Beyond The Light cierra el viaje con más de cinco minutos de duración. Las orquestaciones encuentran aquí su mayor amplitud y la canción transforma la oscuridad inicial en una aceptación menos amarga. La luz no representa necesariamente felicidad: representa aquello que queda después de atravesar la noche.

«Cuando uno atraviesa momentos difíciles, tiene que superarlos por sí mismo. Simplemente debe seguir adelante, sea cual sea el panorama y las circunstancias. Superar esas partes de la vida que no son tan cómodas o fáciles, y tener una fe lejana, es lo que te llevará al otro lado» –Beck

Cabalgar solo cuando ya no queda otro camino

Ride Lonesome no intenta competir con Sea Change. Su verdadero interés aparece cuando entendemos que Beck vuelve a aquel territorio con otra edad, otra vida y otra forma de mirar la pérdida. La memoria está presente, pero también lo está el tiempo transcurrido. Beck ha construido un disco deliberadamente uniforme, pausado y crepuscular. Esa decisión puede limitar la variedad inmediata, pero también genera una continuidad poco habitual en una discografía acostumbrada a cambiar de piel. No hay máscaras. Tampoco necesidad de sorprender. Solo una guitarra, una carretera imaginaria y una voz que acepta finalmente decir lo que durante años prefirió esconde. Quizá esa sea la verdadera idea de Ride Lonesome: no celebrar la soledad, sino aprender a atravesarla.

¿Y qué queda cuando termina Ride Lonesome? Queda un disco hermoso, cuidadosamente construido y con una atmósfera que se instala poco a poco, como esa última luz del día que tarda en desaparecer. Todo responde a una estética perfectamente definida. Sin embargo, tanta coherencia acaba jugando en su contra. El álbum mantiene durante buena parte de su recorrido una temperatura emocional muy parecida y apenas introduce elementos capaces de alterar el paisaje. Las canciones se suceden con elegancia, pero también con una cierta sensación de previsibilidad, por lo que resulta inevitable preguntarse dónde está esta vez ese impulso aventurero.

El problema no reside en que Beck vuelva al territorio de Sea Change o Morning Phase. El inconveniente surge cuando ese regreso se convierte en una permanencia demasiado cómoda. Curiosamente el álbum habla de pérdida, de cambios inevitables y de aprender a caminar cuando el paisaje conocido desaparece. Pero musicalmente se resiste a perder nada. Conserva los músicos, conserva la atmósfera, conserva buena parte del lenguaje y conserva incluso la temperatura emocional de aquellos discos que ahora funcionan como referencia.

La contradicción resulta interesante: un álbum sobre aceptar que las cosas cambian construido alrededor de un sonido que Beck conoce demasiado bien. No es necesariamente un defecto. A veces uno vuelve a una casa antigua porque necesita recordar cómo era. Pero la música más poderosa suele aparecer cuando, al regresar, descubre que la casa ya no es exactamente la misma.

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Periodista. Fotógrafo. Diseñador gráfico. Muchos años al pie del cañón. Ahora toca recuperar el pulso y volver a lo esencial. La música siempre ha sido el eje. No como ruido de fondo, sino como lenguaje, refugio y forma de entender el mundo. Está en todo lo que hago. Me interesa escribir sobre bandas que se salen del guion, que cuestionan lo establecido y abren grietas en lo convencional, ya sea desde el sonido, el concepto o la actitud. Propuestas que no buscan encajar, sino expandir. En Crazyminds, mi papel es claro: dar visibilidad a ese universo «underground» donde laten algunas de las ideas más honestas y estimulantes de la música actual. Hay mucho ahí fuera esperando ser descubierto. Así que vamos a ello. Porque sin transgresión no hay cambio. Y sin cambio, la música deja de tener sentido.