Recluido desde la pandemia en una isla noruega, Beirut nos ofrece Hadsel, después de cuatro años. En este disco, ya el sexto de su carrera, podemos apreciar la evolución y el cambio del personalísimo proyecto de Zach Condon. El contexto de la grabación fue un momento personal complicado para Beirut, debido a los problemas de salud de Condon que le hicieron abandonar abruptamente su última gira y desaparecer durante largo tiempo. Sin embargo, esto no impidió que tuviera especial mimo para construir los elementos que conforman este álbum.
Todos los temas de Hadsel están inspirados o ambientados en los parajes noruegos, que proporcionan cierto recogimiento y melancolía. Se da la circunstancia de que en ellos fue donde Condon grabó este LP y, de hecho, el nombre del disco se debe a la ciudad noruega (Hadsel) donde tenía su estudio.
A pesar del aislamiento y de la atmósfera fría de estos parajes, cada uno de los cortes nos hacen sentir calidez y esperanza. Se trata de un disco muy artesanal –Condon se encarga de cada aspecto del disco, tanto en la composición como en la producción- y luminoso, con un sonido barroco, sereno e íntimo. Hadsel es exquisito instrumentalmente, con elementos poco habituales en las producciones mainstream e incluso en muchas de las producciones alternativas e indie, como son las trompetas y hasta tintes electrónicos con el uso de sintetizadores. Si hemos de escoger un protagonista, este bien podría ser el órgano, que en este caso se trata del mismo órgano de la iglesia de Hadsel, aunque también están bien presentes las cajas de ritmos y los sintetizadores.
Algunos títulos de los temas están inspirados por las pequeñas ciudades noruegas en las que Condon los compuso. Arrancamos el viaje en Hadsel, ambientada en la pequeña ciudad del mismo nombre (con unos 7950 habitantes), y donde el cantante se ancla con su pareja en una interpretación muy coral unida a un sonido barroco gracias al uso del órgano y decorándolo aún más al final con esas trompetas que acompañan el tema de una manera muy vistosa. A continuación, la instrumental Arctic Forest nos traslada a esos fríos bosques noruegos con la sencillez de una percusión, los coros de Condon y trompeta, generando una sensación de comodidad en el oyente, que se irá repitiendo a lo largo del disco.
El desamor está latente en las letras de este LP y buen ejemplo de ello son Baion y So Many Plans. En ambas encontramos una calma y aceptación de esa ruptura, incluso cierta dulzura aportada por la mandolina. Y volvemos de nuevo a Noruega con el tema Melbu, un tema instrumental que nos lleva a la ciudad costera del mismo nombre. En este corte nos encontramos una solemnidad y sobriedad donde no hay más que el órgano, como ya hemos visto, gran protagonista de este trabajo.
A lo largo de Hadsel, encontramos temas que nos envuelven en una atmósfera luminosa y brillante, como Stokmarknes. En contrapartida hay cierta variación en canciones como Spillhaugen donde nos adentramos en un single más bien intrigante y con una breve letra, como también veremos en Regularly o en Süddeutsches Ton-Bild-Studio. A diferencia del resto del disco, aquí introduce, sobre todo al final, el uso de sintetizadores, dando como resultado un sonido más electrónico pero dentro de esta línea barroca que predomina en el trabajo y caracteriza también el sonido de Beirut.
La búsqueda del otro, de encontrar a esa persona especial, e incluso la búsqueda del hogar se dan durante gran parte de este trabajo, y eso lo vemos también en la letra de The Tern.
En definitiva, Hadsel es un LP muy bien trabajado y producido. No obstante, la homogeneidad de los temas hace que escucharlo con los cinco sentidos puestos en él pueda ser algo tedioso y monótono, no tanto si se escucha de una manera más informal.

