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BILLIE EILISH – HAPPIER THAN EVER

Streaming: Billie Eilish – Happier Than Ever

Todas las generaciones tienen sus referentes. En todos los aspectos de la vida. Iconos que definen la cultura popular de un determinado momento concreto de la historia. Podemos seguir el camino de miguitas de pan desde hace décadas: Billie Holiday, Nina Simone, Dusty Springfield, Nancy Sinatra… La generación X tenía a Kate Bush, a Alanis Morrisette. Los millenials tenemos a Lana del Rey. ¿Y la generación Z? La generación que únicamente ha vivido durante periodos de terrible crisis económica y periodos de terrible crisis económica propiciada por pandemias y vivirá terribles crisis económicas consecuencia de catástrofes naturales por el cambio climático, ellos la tienen a ella, a Billie Eilish.

Es inevitable caer en el paralelismo entre Billie y Lana del Rey. La irrupción de ambas significó un cataclismo musical en todo el mundo, con un ambicioso primer álbum que las catapultó hacia el estrellato. Vale, Lana tenía unos 26 años cuando le llegó la gloria, y Billie aún no tiene edad legal para beber en su propio país, pero ambas reflejan el estado mental y por qué no, cultural, de las generaciones a las que representan, generaciones cuyas preocupaciones y sentimientos vitales son comunes en gran parte.

Sin embargo, Billie Eilish es capaz de plasmar como nadie la angustia zoomer, la visión de la juventud de este mundo: nos muestra la ansiedad con la precisión de un cirujano del nivel de Stephen Strange y la siempre acechante depresión crónica que padece la mayor parte de la sociedad y gran parte de los jóvenes. Esto, fue capaz de hacerlo con sólo 17 años. Es una especie de Shinji Ikari antes de subirse al EVA-01, pero con un talento artístico y expresivo inmenso. Paradójicamente, mostrarnos ese mundo interior y esos recovecos oscuros con tanta clarividencia, la convirtió en una estrella. Millones y millones de reproducciones en los servicios de streaming, entrevistas, portadas de revistas, entre las que podemos incluir Vogue, líneas de ropa con su nombre, merchandising, muñecas de acción… cambió la estética de toda una generación. Hasta fue la voz del partido demócrata contra Trump. Da la impresión de que el tiempo se comprime al hablar de Billie Eilish. Todo eso, fue fruto de la publicación de When we all fall asleep where do we go? (2019), que, no nos engañemos, nos dejó a todos con la boca abierta, e hizo que fuese perfectamente normal que señores de 40 años disfrutaran de tamaña obra maestra escrita por una chavala de 17. Porque, es totalmente normal, ¿verdad?

En medio del más monumental hype creado jamás, aparece este segundo álbum, el que debe significar la consagración de cualquier artista, pero que, en el caso de Billie significa más una continuación. Parece que lleva 15 años con nosotros. Salió del útero de su madre consagrada como artista ya. 

En realidad, no esperéis grandes novedades respecto al sonido mostrado en su tremendo álbum de debut, y para nada esto es una mala señal. El esquema es bastante parecido: canciones íntimas mezcladas con amenazantes y sugerentes piezas RnB con su particular hilo de voz, aunando la estridencia y contundencia con la sutileza, marca de la casa. Happier than ever (2021) es lo que viene después del punto y seguido, es Billie Mk.2. Una evolución. Es crecimiento. Emocional y mental.

Era descorazonador escuchar las historias y los paisajes descritos en When we fall asleep where do we go? (2019) pese a ser obra de alguien tan joven. En esta nueva entrega, notamos un poco más de esperanza, pero sin pasarse. Vemos como Billie ha tomado conciencia de su situación vital, algo plasmado en el gran hit del álbum, que ya conocíamos desde hacía meses, I Think Therefore I Am, o en Getting Older. Podemos ver cómo va superando su angustia vital, y nos quedamos mucho más tranquilos por su salud. Será nuestro instinto maternal. Maternal de gatos, queremos decir.

Esta reafirmación personal está presente a lo largo de todo el disco, con el alegato feminista de Not My Responsability, o la propia I Think Therefore I Am, donde nos da una ligera idea del mundo de locura mediática al que se ha visto sometida (de hecho, nos cohíbe un poco hablar de su disco al escuchar esas letras), y, sin embargo, mira atrás con cierta nostalgia, como si no tuviera 19 años y sí 47.

Happier Than Ever va a ser uno de los álbumes del año, sin duda, aunque carezca del factor sorpresa del debut. Es más, precisamente por ello, porque es justo lo que esperábamos, ha dado al público exactamente lo que quería, mostrándose además como una artista más madura, más completa y consolidándose en su puesto de diva generacional, de referente de una época. Billie ha tomado conciencia de sí misma, como si se tratara de una especie de Skynet zoomer al borde de la depresión, lidiando con la ansiedad y luchando por ser feliz dentro de una sociedad cada vez más decadente, con un futuro, en el mejor de los casos, gris. Desde aquí, sólo nos queda decir: “Billie, no estés triste, ¿por qué estás triste?,” sabiendo que estamos todos exactamente igual que ella.

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