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BOB DYLAN – ROUGH AND ROWDY WAYS

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Se acerca al grupo de los octogenarios y el cantautor de Minnesota se arriesga con un nuevo lanzamiento, el 39º de su carrera y el primero en ocho años con material original y no versiones o grabaciones en directo. En lo nuevo de Bob Dylan abundan las referencias a otros artistas, a canciones y a personajes históricos.

Ya en su título queda claro de dónde mama este trabajo. Rough And Rowdy Ways alude directamente a un tema de Jimmie Rodgers de 1929. En su trabajo anterior con letras propias, Tempest (2012), Dylan tocaba eventos históricos como el hundimiento del Titanic o el asesinato de Lennon. Este nuevo LP sigue la línea casi una década después y utiliza las anécdotas para hablar de legados, conciencia cultural y sociedad. Para ello el artista se apoya en elementos muy de género, es decir, la banda se centra en riffs de blues y country ya manidos y mantiene el ambiente sonoro de la Triplicate, la trilogía de covers con raíz norteamericana publicada en 2017. Hay un aura pastoral en el disco, y hay canciones que parecen espirituales de época. Contiene letras centradas en romances (I’ve Made Up My Mind to Give Myself to You), religión (Goodbye Jimmy Red)… y ha llegado a decir que fueron escritas gracias a “trances”, lo que puede justificar sus bases instrumentales repetitivas.

Rough and Rowdy Ways abre con el adelanto I Contain Multitudes que, partiendo de la frase de Walt Whitman como título, empieza a entrelazar personajes como: Edgar Alan Poe, William Blake, Anne Frank, Rolling Stones… Algo similar también ocurre con Black Rider y Murder Most Foul, que amparan su sonido bajo un título escrito de puño y letra por William Burroughs y Shakespeare, respectivamente. “Soy el último de los mejores, puedes enterrar al resto“, comenta Dylan en False Prophet. Es… ¿irónico? ¿Va de socarrón? ¿Un anciano creído tal vez? Lo fácil es atender a algo como “quería haceros pensar” (no declarado por él desde luego), pero el tema peca de demasiada prepotencia como para interpretarlo como un juego de mentes.

En My Own Version of You el protagonista compone a una mujer construida con partes recogidas de morgues y monasterio. Un enfoque grotesco y macabro que intenta dar vida a un cuerpo femenino estilo criatura de Frankenstein y que consiga, además, salvar a Dylan. Una canción que menciona a: Pacino, Brando, Russell, Julio César, Jerome y San Pedro, Freud y Marx, un alarde más de lo “leído” que es su autor. Mother of Muses cuenta cómo el cantante anda estancado, perdido y sin ideas; y le pide a su séquito personal de musas, a sus recuerdos del pasado, que vuelvan a inspirarle y le marquen el camino. Sin dejar de nombrar a: Sherman, Montgomery, Martin Luther King, Elvis…

Ya hacia el final de esta decena de pistas, Crossing The Rubicon apela a esa anécdota histórica que sitúa a Julio César frente al pequeño río que separaba Italia de la Galia Cisalpina. Ése que estaba penado cruzar, que él vadeó y que acompañó con la frase: “Alea jacta est” (La suerte está echada), de cara a ese destino incierto, arriesgado y decisivo que estaba por venir. Y por si este evento pop no fuera un aliciente para enmarcar una buena trama, Dylan lo engola versando: “crucé el Rubicón el día 14 del mes más peligroso del año, en el peor momento”. Tomó la decisión cuando la ocasión no le era favorable, cuando no tocaba, y amplió su melancólica hazaña. Llegando al final, Murder Most Foul retoma el asesinato histórico, pero no es Lennon el protagonista de la lírica sino John F. Kennedy. JFK da pie a un cierre extenso, que amplía su foco hacia temas relacionados con la segregación y la disparidad social en diecisiete minutos sonoros que hacen que Rough and Rowdy Ways supere la hora de música.

Es complejo saber qué inspira a Bob Dylan y qué le lleva a combinar nombres anacrónicos de manera aparentemente aleatoria. Lo es más cuando declara al New York Times que sus “letras son reales, tangibles, no metáforas”. ¿Hay que entender que verdaderamente cruzó el Rubicón entonces? Este trabajo está sonoramente muy anclado a raíces y, líricamente, se declara muy en consonancia con el pasado, con los viejos tiempos. Para algunos, es el mejor trabajo de Dylan publicado en la segunda mitad de su carrera. Para otros, el resultado de un cantautor “enamorado del lenguaje y la filosofía”. Intenta transmitir un mensaje enfocado en la realidad de su autor, en la que le rodea y filtra a través de sus ojos, previa a un apocalipsis social futuro que quizá ya no se pueda evitar.

Lo cierto es que Bob Dylan siempre se le permiten y pasan cosas. Sin duda, es complicado bajarle del pedestal en el que la sociedad le ha colocado, pero la gran carga que puede imprimir en sus letras, y que ha llegado a predominar frente al componente instrumental, no es especialmente destacable aquí. El alarde innecesario de nombres no es más que un relleno en el resultado final y una mención dedicada a cabezas de la historia, a personajes memorables, sin una justificación específica y bien elaborada. El trabajo final son diez cortes bien presentados, con un sonido de época bien conseguido, constante y repetitivo, que no puede ser mejor valorado que como a un disco con la etiqueta de: “correcto”.

Escucha el nuevo disco de Bob Dylan, ‘Rough And Rowdy Ways’