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Bonny Light Horseman – Rolling Golden Holy

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«Tenemos que entender la sabiduría de lo viejo e introducirla en nuestra manera actual de ver la vida»

—David Ruben Piqtoukun (artista Inuit)

Mucha gente piensa que lo viejo ya no merece un espacio en nuestra modernizada sociedad, donde la tecnología parece dispuesta a cargarse todo lo que anteriormente supuso ser la base del conocimiento y de la cultura. Nada más lejos que pensar eso. Sin pasado no existe el presente y sin este es imposible alcanzar el futuro. Así es como muchos artistas tratan de mantener o rescatar el pasado a fin de que no termine engullido entre las feroces fauces de la modernidad. Es justo lo que Bonny Light Horseman trata de hacer con su música: dar una vida renovada al viejo mito oxidado.

¿Dónde termina la música folclórica tradicional y donde comienza la música folclórica moderna? Es lo que deja caer como interrogante Grayson Haver Currin en la presentación de la banda en su propia página web. La respuesta radica en que Bonny Light Horseman «siempre se ha esforzado por brindar nueva sabiduría y perspicacia a partir de viejos modelos, ya sean fragmentos de canciones antiguas o la chispa de voces siempre entrelazadas». Bonny Light Horseman es una banda formada por Anaïs Mitchell (cantautora de folk y creadora del musical Hadestown), Eric D. Johnson (frontman de Fruit Bats) y Josh Kaufman (multi instrumentalista que ha trabajado con Grateful Dead, The National y The War on Drugs). Los tres debutaron como banda en su álbum homónimo durante enero del 2020.

Ahora parece que se han atrevido con un segundo trabajo. Rolling Golden Holy es un álbum bien armado y ejecutado, sereno y atemporal, con 10 pistas que, a priori, no representan ninguna novedad, pero que tratan de mantener fiel ese estilo puramente norteamericano que sigue explorando sus emociones a través del folk y el country, pero dándole cierto aire de renovación. Para ello, cuenta con los tres miembros base de la banda y con la colaboración extra de Mike Lewis como bajo y saxo y de JT Bates como soporte a la batería. El disco ha sido grabado en el estudio Long Pond de Aaron Dessner y en el hogar espiritual de la banda, una antigua iglesia llamada Dreamland.

Bonny Light Horseman empieza a cabalgar con Exile, un maravilloso tema que narra el deseo de no acabar solo y alejado de la persona que amas: «Cuando estoy en la oscuridad volaría directo al ojo del huracán por ti». La melodía se aposenta en una base rítmica suave, pero con una cadencia que bambolea el cuerpo y hace que la cabeza sueñe. La guitarra y el banjo proporcionan el oxígeno necesario para no terminar en el destierro. El jinete ágil se detiene para dar paso a Comrade Sweetheart, una pista amarga que recrudece el fatalismo del soldado. Es un canto al amor desesperado del amante que se queda esperando el regreso del amado. Tristeza, soledad, miedo, anhelo, esperanza: ¿Quién va a atarte las botas? / ¿Quién va a soltar mi trenza? / ¿Quién va a vendar tus heridas? / ¿Quién va a hacer que mi corazón se rompa? / ¿Quién sino mi amor? La rosa y la zarza / Que creció de nuestro amor cada vez más alto.

Llegamos a California, una canción soberbia que surge de la tradición americana. No concibe nada nuevo, pero lo transmite todo. Para mí una de las joyas del álbum. El tarareo lírico es de una belleza asombrosa, y su letra, el deseo de dejar atrás lo caduco y reencontrarse con lo nuevo y desconocido. Summer Dream es otro de los temas insignia del álbum, una melodía sencilla pero contagiosa cuya cadencia media te conduce por tierras calurosas para nunca dejar de soñar. Banjo, guitarras, golpeo suave de batería, junto a la delicada voz de Mitchell, endulzan armoniosamente la belleza sonora en un ardiente compás.

Gone by Fall, sus voces y guitarras me conducen al sonido legendario de CSNY, Cat Stevens, Simon & Garfunkel o incluso a The Beatles. La voz y coros son de una armonía prodigiosa. Los delicados dedos sobre la guitarra acústica desatan notas de extrema perfección, apacibles como el suave vaivén de las flores o la brisa del viento: «Nuestro amor es fugaz, nuestro amor se va volando. Podría durar para siempre o podría durar un día (…) En el prado o en las sombras altas (…) y luego desaparecer por otoño».

Seguimos cabalgando, pero esta vez con Sweetbread, que arranca inicialmente sosegado con un banjo de corte western y va evolucionando hacia una reminiscencia más rítmica. Los coros y estribillos de Mitchell alcanzan la cota más alta. Es un alegoría a la libertad de vivir, siempre cuando puedas, cuanto sientas, y mientras quieras, porque cuando el combustible de la existencia termina, no hay vuelta atrás, no hay otra oportunidad: «Algunos estamos pensando en llegar (…) Algunos conducimos solo para andar en la carretera (…) tomar mollejas cuando hay hambre, beber licor rojo cuando estamos secos, o tener un amante, o estar solo bajo el cielo azul (…) cuando muera».

En Someone to Weep for Me, el inicio de guitarra da entrada a una voz que clama no partir. Entre medio, el punteo suave de las cuerdas eléctricas y una letra que eriza la piel: «La primera noche que la vi, fue la última noche de mi partida. Fui entonces un extraño en una tierra intrusa, donde un ángel vino a por mí, pero todo lo que siempre quise, era simplemente alguien que llorara por mí».

Fleur de Lis es símbolo de la vida, de la perfección, de la luz, la resurrección y la gracia que ilumina. Solían llevarla los caballeros en sus escudos a fin de estar protegidos. La voz de Mitchell canta esas divinas palabras de amor como un abrazo protector al amado deambulante: «Tú eres un lirio y una espina, mi valle dorado y las colinas donde nací (…) Todo era dorado cuando en nuestro abrazo mi cabeza reposaba en tu hombro». Continúa Fair Annie, una sencilla canción de amor y despedida, nos habla de un adiós, de una pérdida y de un reencuentro en otra parte: «¿Quién te abrazará, querida? ¿Quién te va a besar? ¿Quién te va a amar? ¿Quién te va a extrañar? (…) Me voy (…) Para estar deambulando (…) ¿Cuándo volverás a casa? (…) Estoy en camino a la gloria. Si llego allí antes que tú, iré de regreso por ti». Guitarra, voz, percusión suave y slow se deslizan como una dulce golosina de melancolías, deseos y sueños.

El ágil jinete llega a su destino final con Cold Rain and Snow, la pieza más eléctrica del álbum. Como cierre se ajusta a esa alegría y nostalgia que se desprende cuando sabemos qué dejamos, qué esperamos y a dónde queremos llegar. Así lo modela la lírica y voz de Mitchell junto a los coros de la banda: «En la fría lluvia y nieve ¿adónde vamos a ir? (…) Enrollados en el hielo, los colores son tan brillantes que nos deslizaremos a través de la noche». El compás es muy marcado y la instrumentación transcurre a medio gas.

No cabe duda que Rolling Golden Holy es un trabajo lleno de amor, nostalgias, pérdidas y reencuentros imposibles. Es un disco que nos cuenta que el amor es más fuerte que la vida misma, porque no tiene fecha de caducidad y es capaz de trascender incluso más allá de la muerte. Su élan vital es tan profundo que no existe fuerza capaz de pulverizarlo. Somos carne y huesos que terminan envejeciendo y desapareciendo, pero el espíritu del amor sobrevive a todo eso y más.

Todo esto es justo lo que la banda trata de decirnos cuando nos plantea el tiempo como llave de la evolución de las cosas y de la vida, cuando lo viejo da paso a lo nuevo para que, paradójicamente hablando, este llegue nuevamente a envejecer y a morir. Sin embargo, nada termina aquí sino que todo forma parte del mismo ciclo, de la eterna transformación de esa fuerza imperecedera que está por encima de los seres humanos y de las cosas. Lo viejo nunca muere simplemente cambia de forma para convertirse de nuevo en algo inédito. Como el ágil jinete que nunca se detiene ni desfallece, es así como todo avanza y nada desaparece.

Larga vida, pues, a este armonioso y peregrino proceso.

Escucha aquí Rolling Golden Holy de Bonny Light Horseman

AUTOR

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonch
Hablar de uno mismo no es tarea fácil, aunque muchas veces las circunstancias pidan hacerlo, como es el caso. Se pueden contar muchas cosas, pero quizás lo más importante es abrazar la vida con positividad. ¿Qué puedo contaros de mí? Este caso deciros que me encanta la música y mi profesión, la de periodismo (escribir) y la de comunicación gráfica (diseño gráfico y fotografía), herramientas que me permiten abrir muchas puertas, como conocer gente para intercambiar, transmitir cosas y generar proximidades. Las nuevas tecnologías permiten eso y más. Así que nada de excusas y manos a la obra…

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