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CIRCA WAVES – SAD HAPPY

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En la película Submarine (Ayoade, 2010) Lloyd le entrega a su hijo Oliver una cinta grabada por ambas caras. La cara A, Celebratory, contiene canciones de amor alegres. La cara B, Despondency, temas de desamor «por si las cosas no funcionan».

No podemos asegurar que Kieran Shudall, vocalista, líder y, en esta ocasión, productor de Circa Waves, conozca la película. Aunque, teniendo en cuenta que su discografía evidencia influencias de Alex Turner —autor de la banda sonora del film—, no parece descabellado asumir que es así. Lo que está claro es que Sad Happy (2020) presenta una dualidad.

Pero, a diferencia del cassette de Oliver Tate, esta no se extiende solo a la temática. Las dos mitades manifiestan una diferencia de influencia, instrumentación e incluso estilo. Happy y Sad forman dos álbumes completos por sí mismos que, no obstante, encajan como piezas de un puzzle, haciendo un contraste fantástico entre ellas en todos los planos.

Lo primero que oímos del álbum fue Happy, lanzado en enero. Este EP —luego convertido en la primera mitad del álbum— nos hizo creer que íbamos a recuperar el pop-rock indie y despreocupado que conocimos en Young Chasers (2015), si acaso pasado por un filtro de madurez. Con el influjo de Jake Bugg Miles Kane, era una sucesión de bangers que invitan al baile en la cocina y a la garganta afónica la mañana después de un concierto.

Happy abre con Jacqueline, un comienzo fuerte y animado que nos prepara para lo que ha de venir. Temas entre los que destacamos Be Your Drug Move To San Francisco sirvieron para recordarnos lo bien que se le da a Circa Waves producir temazos con subidas y bajadas calculadas al milímetro para explotar en el momento preciso. Canciones de enero que, no obstante, olían a verano.

Después de 8 semanas digiriendo la primera parte del álbum, ha llegado Sad. Y, aunque su nombre evidencia el cambio de temática, la metamorfosis va mucho más allá.

En SadCirca Waves da el salto de experiencia para el que llevan preparándose durante 4 álbumes. Se atreve con diferencias más grandes y más profundas. No solo en letras, que, efectivamente, exploran temas como el dolor, la hipocresía social, el rencor y la muerte. También en sonidos, que se abandonan a la distorsión tanto instrumental como vocal, sin perder, eso sí, su seña de identidad.

Sad Happy, el tema principal y homónimo del disco, ejerce como bisagra entre ambas mitades. A través de una melodía bailable y disco que nos recuerda mucho a Blossoms y Two Door Cinema Club, las palabras juegan a alternar líneas desalentadoras («I was dancing with my eyes wide shut, trying not to think too much, too high to fall down») con otras que manifiestan el optimismo en la frustración («The good times will come ’round’»). Ese contraste que define título y espíritu del álbum.

Mantenemos el patrón animado y subimos la intensidad de las notas disco en Wake Up Call y la profundísima Hope There’s A HeavenBattered & Bruised nos lleva de vuelta a los orígenes pop-rock de la banda con un bajo poderoso que se alimenta de AM (2013), de Arctic Monkeys, mientras nos habla de corazones rotos. A través de esos cuatro temas, se consolida el contraste del álbum completo. Letras desgarradoras acompañadas por melodías activas, canciones de amor que ralentizan el ritmo.

Pero también hay hueco para las canciones igualmente lentas y entristecedoras en Sad. Sympathy no falla a la hora de expresar un dolor agudo ni en la letra ni en su melodía, arañada a la guitarra acústica. Y, de nuevo, tras la instrumental Train to Lime Street —un recurso con el que ya habíamos jugado en What’s It Like Over There—, tenemos Birthday Cake.

El cierre virtual del álbum vuelve a lamentar el paso del tiempo, como ya vimos en Happy con Call Your Name («I can’t believe I’m not 23»), y deja entrever la inseguridad provocada por una relación abocada al fracaso con líneas como «We’re designed to fade like scars» y los recurrentes «Said you’d be there»/«Will you be there?».

Sad Happy nos presenta en definitiva un sonido que ha utilizado bien sus 7 años de experiencia. Los temas con melodías maduras y que juegan a explorar nuevos horizontes se dan la mano con los sonidos explosivos con los que los chicos de Liverpool siempre nos invitan a vivir la vida. Sin ánimo de quitar valor a la onírica poesía de Alex Turner en Submarine, podemos —y debemos— señalar que Circa Waves ha creado en Sad Happy un sólido álbum doble que, francamente, encaja a la perfección en el cassette de Oliver Tate.