2024 está siendo un gran año en cuanto a esperados regresos: Billie Eilish, Dua Lipa, Charli XCX, entre otras. Julio fue el turno de Clairo. En un mes complicado para nuevos lanzamientos, la estadounidense lanza Charm (2024), su tercer LP, bajo su propio sello discográfico.
Claire Cottril —nombre de la artista— conquistó con su elegante bedroom pop gracias a sencillos como Bags, Sofia o Pretty girl. La viralidad de estos y el gran alcance que tuvo Immunity (2019), disco debut, podría haberse desvanecido. No obstante, su proyecto no ha dejado de llamar la atención. La ruptura que supuso Sling (2021) con lo previo dio muestras de la capacidad de Clairo para crecer. Tres años después, ya había ganas por ver qué iba a ofrecer en esta nueva etapa.
Los dos singles, Sexy to someone y Nomad, anunciaban el fondo de Charm: desenfado, confesiones y libertad. Hay cierta continuidad sonora con Sling, si bien profundiza más en sonidos soul, R&B y folk. Todo ello con el aura bedroom pop que la caracteriza desde sus inicios, más sofisticada y menos viral.
Ahora bien, ¿funciona? La primera escucha deja destellos que animan a volver a algunos temas; se cuentan con los dedos de una mano. El resto se diluye en un ambiente correcto, pero pobre. El LP es monótono y, al contrario que Sling, donde la introspección y la música estaban en equilibrio, la lentitud de Charm está lejos de activar el encanto que anunciaba el título.
La producción de Leon Michels aporta aires vintage. Melodías setenteras, con pianos, órganos y algún Wurlitzer, hacen del disco un trabajo analógico que huye de clichés. De hecho, con temas como Second Nature y Slow Dance, Clairo incluye arreglos más complejos con los que rehuye de la viralidad de sus inicios. Sin embargo, su voz se pierde entre demasiadas capas instrumentales y perjudica la conexión con las letras.
Echo es el punto de inflexión. Tras la monotonía previa, la psicodelia brilla y deja atrás los teclados predominantes hasta el momento. Recuerda a Pink Floyd, con la dulzura misteriosa característica de Cottrill.
Glory of the Snow y Pier 4 cierran Charm. En ambas se acumula la nostalgia vertida a lo largo de los 30 minutos previos y la despedida vuelve a rozar una monotonía peligrosa. No hay colofón, solo una continuación que se hace larga.
Se echa de menos una mayor espontaneidad en Clairo. Sin caer en las garras de la viralidad imperante, la cantante tiene capacidad de sobra para saber cómo conectar. Sus letras, por ejemplo, son una de sus mejores bazas e incluso pasan a un segundo plano en todo el disco. Juna o Add Up My Love, esta última una brillante balada soul con el protagonismo de flautas y platillos, habrían brillado con un poco más de carisma.
La sofisticación musical de Clairo es innegable. Sin embargo, estando totalmente en contra de la inmediatez en el mundo de la música, el giro que han dado sus canciones, parece que le pasa factura. La conexión entre el público y los temas resulta más lenta. Un disco tibio, pensado para una experiencia integral, de escucha atenta, que, aún así, no acaba de calar. Habrá que ver qué decide Cottrill: seguir creciendo como compositora, con los riesgos que conlleva, o encontrar un equilibrio con las sendas más inmediatas de sus inicios.

