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Cusk – Cusk (EP)

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Música para desaparecer dentro de una grieta

Algunos discos llegan con una identidad perfectamente empaquetada. Otros prefieren aparecer cubiertos de polvo, con los cables enredados y una herida todavía abierta. El EP homónimo de Cusk aterriza con un interrogante. Nadie sabe que se esconde tras él hasta que la aguja del giradiscos se posa sobre los surcos y empiezan a crujir las primeras notas. Entonces el alma se encoge. Y descubres que sus cinco canciones te arrastran hacia una habitación oscura donde las guitarras pesan, las cuerdas tiemblan y la voz parece recordar algo que nunca termina por contar lo que oyes. Es simplemente Cusk, un término inglés cuya traducción nadie sabe exactamente a qué se refiere, aunque podría entenderse como quijada (cada una de las dos mandíbulas de los vertebrados que tienen dientes).

Publicado el 14 de agosto de 2026 bajo el sello indie The Bird Records, Cusk se presenta al mundo como un trabajo homónimo de la formación Cusk, un dúo londinense con una intuición poco común que convierte la incomodidad en atmósfera. Se trata de un lanzamiento breve, aunque no ligero cuyo sonido pega fuerte. Cada tema deja una mancha distinta. Juntos forman un pequeño organismo repleto de alt-rock, grunge espectral, post-punk sombrío y melodrama instrumental. Un conglomerado de márgenes ya respuesta no es fácil.

En una era musical obsesionada con la producción ultra-limpia y estructurada para captar la atención en los primeros cinco segundos, ‘Cusk’ apuesta por la fricción analógica. Su música exige una escucha activa y paciente, recordándonos que el arte más duradero es aquel que se resiste a ser consumido como un simple producto de entretenimiento rápido

Lo que esconde la mandíbula

Cusk se publicó el 14 de agosto de 2026 a través de The Bird Records, en formato digital y en vinilo limitado de doce pulgadas. El trabajo supone el debut discográfico de Cusk, el dúo londinense formado por Esmé Creed-Miles y Evie Hilyer-Ziegler, dos autoras multinstrumentistas que se conocieron en una noche de improvisación. La primera aporta guitarra rítmica, voz y una escritura de inclinación andrógina. La segunda trabaja las cuerdas, la melodía y un canto de resonancias casi mitológicas. En la grabación también participan John Cudlip, Elle Puckett, Chase Meiser, Cameron Allen y otros instrumentistas vinculados a guitarras, violín, violonchelo, bajo y batería. Jorge Elbrecht coproduce junto a Creed-Miles la pieza Blu tac piano, mientras Thad Kopec firma la mezcla y Felix Davis, la masterización.

Las cinco pistas parecen trabajar sobre fragmentos todavía sin clasificar: una imagen, una frase, una melodía, una tensión que no encuentra salida. El dúo ha explicado que su proceso nace de notas de voz, poemas y motivos capturados al vuelo. Después, ambas integrantes desarrollan las piezas tocando juntas. Así, el nombre del EP funciona como una cápsula. Como una mandíbula que aprieta sus dientes. Cusk no explica quiénes son; deja que el temblor de de su quijada haga temblar las guitarras abrasivas hasta convertir la vulnerabilidad en materia eléctrica.

El ruido también puede murmurar

La música de Cusk se instala en un territorio fronterizo. Sus guitarras y voces no persiguen el estribillo clásico. La instrumentación combina guitarras eléctricas densas, bajo, batería, piano, violín y violonchelo. Las cuerdas no decoran. Abren grietas. Murmuran y desatan ruido. A veces suavizan el golpe. En otras ocasiones convierten la canción en una escena de tormenta. La producción permite que convivan el barro y el aire, la distorsión y el espacio vacío. Por eso el EP no avanza como una sucesión de riffs. Se mueve como una criatura que cambia de forma.

La crítica ha relacionado la pista Blu tac piano con Courtney Love, especialmente por la rugosidad vocal y el nervio visceral, aunque también ha señalado la presencia de Stevie Nicks en las atmósferas construidas a base de violines y pianos. La comparación sirve como puerta de entrada, pero no agota la propuesta. Cusk recoge esos fantasmas y los hunde en un paisaje más extraño.

Dos cuerpos y una tensión

Creed-Miles y Hilyer-Ziegler no parecen perseguir una idea convencional de banda. Su proyecto nace de la amistad, la confianza y el contraste. Una trabaja desde el abandono rítmico y la aspereza. La otra introduce precisión melódica y una sensibilidad de cámara. Entre ambas aparece una tensión productiva: control frente al impulso, intimidad frente al estallido, dulzura frente a la amenaza.

Antes de publicar el EP, Cusk ya había construido una presencia en la escena londinense. Su primer concierto tuvo lugar en The Windmill, (Brixton), un espacio decisivo para numerosas propuestas británicas recientes. Más tarde compartieron cartel con DIIV, Geordie Greep y Tiberius B. También actuaron en el Motel Mozaïque y en el Sounds of the City. El 27 de agosto de 2026 presentaron el EP como cabezas de cartel en el The Shacklewell Arms, el lugar donde Creed-Miles y Hilyer-Ziegler se conocieron.

Al refugiarse en la autogestión, el dúo transmuta cualquier expectativa externa en un espacio de libertad radical. La música de Cusk no busca heredar un estatus; prefiere construir su propio mitologema desde el barro de la improvisación

El cuerpo que se recoge a sí mismo

La imagen que acompaña esta reseña muestra un cuerpo femenino tendido sobre un fondo negro. La figura aparece desnuda de cintura para arriba, recogida sobre sí misma, con el rostro oculto entre los brazos. A cierta distancia, unas prendas abandonadas rompen la extensión oscura. La composición trabaja con una oposición sencilla y poderosa. Por un lado, el cuerpo conserva todavía una forma humana. Por otro, la ropa parece representar una identidad desprendida. Como si alguien hubiera dejado atrás una versión de sí mismo y se hubiera quedado sin armadura. El negro no funciona únicamente como fondo. También crea una zona mental: aislamiento, silencio, agotamiento.

La fotografía aparece acreditada a Sophie Vroom en el material de lanzamiento del EP. Su sobriedad visual coincide con el carácter de la música. No ofrece un rostro que interpretar. Tampoco una pose triunfal. Presenta una retirada. La portada parece decir que Cusk no nace desde la exhibición, sino desde la necesidad de desaparecer para volver a escucharse.

Voces que renacen de las cenizas

El registro lirico de Esmé Creed-Miles no busca pureza. Su timbre presenta una aspereza controlada, una textura seca que puede quebrarse sin perder fuerza. Canta como si cada frase hubiera atravesado humo. En los pasajes más intensos, el grano se convierte en rugido. En los momentos más contenidos, mantiene una proximidad casi hablada.

Hilyer-Ziegler introduce un color distinto. Su voz posee un componente más espectral, menos terrestre. Puede sonar como una sirena lejana o como una figura que observa la escena desde el otro lado del cristal. Esa dualidad define buena parte del encanto del EP. Cusk no enfrenta dos cantantes. En realidad, enfrenta dos maneras de habitar la fragilidad.

La colaboración de jennylee (Jenny Lee Lindberg), bajista y vocalista de Warpaint— amplía ese juego. Su presencia en Did it make you cry aporta una gravedad adicional y ensancha la canción hasta convertirla en una pieza panorámica. La voz no aparece como adorno. Funciona como una segunda sombra.

La intimidad como método y refugio

Cusk parece entender la música como una forma de exposición, pero no de confesión directa. Sus canciones no entregan todas las claves. Sugieren. Dejan que el oyente complete los espacios vacíos. En ese sentido, su filosofía se acerca a una idea del arte como experiencia física: una canción puede incomodar, envolver o alterar sin necesidad de explicar su argumento.

La banda también defiende una manera colectiva de crear. Las piezas nacen de materiales incompletos y encuentran su forma mediante la interacción entre las dos integrantes. Esa dinámica evita que una voz domine por completo a la otra. El resultado mantiene una conversación constante entre impulso y estructura.

Su actitud frente a la escena musical tampoco parece complaciente. Cusk procede de un circuito de salas pequeñas, encuentros improvisados y colaboraciones directas. Desde ahí construye una propuesta que no necesita fingir seguridad. La crudeza no aparece como estrategia estética. Se percibe como una condición de partida.

Históricamente, la vulnerabilidad femenina en la música alternativa ha sido catalogada a menudo bajo etiquetas reduccionistas como el «confesionario folk» o la «rabia riot grrrl». Cusk escapa de esta dicotomía al proponer una estética del colapso controlado

El ruido y la distorsión aquí no son meros vehículos de protesta exteriorizada, sino herramientas de arquitectura interior. Al fundir la aspereza del grunge con arreglos de cuerdas casi sacros, el dúo resignifica la fragilidad, demostrando que el temblor y la estridencia pueden convivir como una misma fuerza mística

Cinco pistas que conducen hacia la niebla

El EP comienza con Blu tac piano, una pieza que se retuerce lentamente antes de encontrar su centro. Las guitarras poseen un peso casi físico. La batería empuja desde el fondo. Mientras tanto, el violín y el piano abren una dimensión como si detrás del muro de distorsión apareciera un paisaje nocturno. Su atmósfera se forma mediante capas que chocan y se atraen. La letra está centrada en la soledad, el espacio creativo y el peso de las relaciones artísticas.

Después llega Did it make you cry, con jennylee. Es un tema que mira hacia una distancia cinematográfica. La pregunta del título parece sencilla, aunque contiene un desafío. ¿La emoción debe medirse por las lágrimas? ¿O basta con que algo haya dejado una marca? A continuación, Beauty queen reduce la distancia entre belleza y amenaza. El título evoca una figura reconocible, incluso convencional. Con todo, la música desmonta esa imagen desde dentro. La canción avanza con una crudeza directa, sin embellecer demasiado sus bordes. La supuesta reina no aparece como icono inalcanzable. Más bien, parece una persona atrapada dentro de una mirada ajena. Por su parte, Don’t change I love you introduce una frase de afecto que pronto adquiere una tonalidad inquietante. El amor del título puede sonar protector, pero también posesivo. La canción juega con esa ambigüedad. sus estribillos de corte grunge se adhieren a la memoria, mientras la interpretación conserva una tensión que impide escuchar el mensaje como una simple declaración romántica.

Finalmente, Dooms banjo cierra el recorrido con una mezcla de fatalidad y extrañeza. El título une un instrumento asociado a la tradición rural con una palabra terminal: doom. De esa fricción surge la imagen de una música popular que ha aprendido a convivir con el desastre. La canción posee un pulso oscuro y atmosférico. Pese a ello, no se hunde del todo. Mantiene una línea de movimiento, una posibilidad de seguir avanzando entre los restos: «Nada de esto debería arder (…) ¿te sientes pequeña? Todo el calor te romperá el corazón (…) ​​Agonizar a tu lado, es un lugar celestial para morir».

El principio de algo más grande

Cusk no pretende resolver su propia oscuridad. Su fuerza reside precisamente en mantenerla abierta. El dúo londinense ha construido cinco canciones que parecen encontrarse en plena transformación. Todavía conservan el temblor de los primeros pasos, pero también muestran una imaginación sonora poco habitual. Hay músculo, aunque nunca sobra la delicadeza. Hay dramatismo, pero no teatralidad vacía.

La banda trabaja con materiales conocidos —guitarras pesadas, voces rasgadas, melodías sombrías— y los organiza de una forma imprevisible. En lugar de repetir fórmulas, deja que cada instrumento discuta con el anterior. El resultado no ofrece refugio. Ofrece compañía.

Cusk llega como una puerta entreabierta. Al otro lado no espera una habitación iluminada, sino una penumbra habitable. Allí, una voz pregunta si todavía queda algo que salvar. Las guitarras responden con ruido. El violín dibuja una salida. Y, durante unos minutos, la tristeza deja de ser un lugar cerrado para convertirse en una forma de movimiento.

Escucha aquí «Cusk» de Cusk

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Periodista. Fotógrafo. Diseñador gráfico. Muchos años al pie del cañón. Ahora toca recuperar el pulso y volver a lo esencial. La música siempre ha sido el eje. No como ruido de fondo, sino como lenguaje, refugio y forma de entender el mundo. Está en todo lo que hago. Me interesa escribir sobre bandas que se salen del guion, que cuestionan lo establecido y abren grietas en lo convencional, ya sea desde el sonido, el concepto o la actitud. Propuestas que no buscan encajar, sino expandir. En Crazyminds, mi papel es claro: dar visibilidad a ese universo «underground» donde laten algunas de las ideas más honestas y estimulantes de la música actual. Hay mucho ahí fuera esperando ser descubierto. Así que vamos a ello. Porque sin transgresión no hay cambio. Y sin cambio, la música deja de tener sentido.