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Recordamos ‘Slanted & Enchanted’ de Pavement en su 30 aniversario

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A Pavement les bastaron 39 minutos para cambiar el curso del rock alternativo, del indie rock o como diablos quieras llamar a esas bandas que vuelan bajo para pasar desapercibidas del radar del mainstream. Que con tu disco de debut impregnes a miles de bandas en todo el mundo y que tu influencia se aprecie en ellas y en miles de discos y canciones décadas después solo sucedió con la Velvet Underground. Desde el malditismo de los de Lou Reed a la actitud no actitud de Pavement hay un universo que se solapa como en una nueva versión del «Interstellar» de Christopher Nolan musicalmente hablando. Tres décadas después los tentáculos de Stephen Malkmus y los suyos siguen vigentes, hay bandas influenciadas por Pavement que no han escuchado a Pavement en su puta vida. En nuestro país el 95% de grupos Indies de los noventa si tuvieran que rendir cuentas a Pavement llevarían años en la ruina monetaria. 

Seamos sinceros Pavement no inventaron nada y a la vez lo rediseñaron todo, ellos son el equivalente musical a Marcel Duchamp y quien no vea su importancia en la historia artística del siglo XX es un lentejo. Esos que llegaron tarde a Pavement antes ya se habían perdido a sus predecesores, Hüsker Dü, Big Black o Minutemen pero es que sin estos o gente como Sonic Youth, The Replacements o Dinosaurios Jr. posteriormente, no habría habido la explosión Nevermind. La importancia capital de gente como REM, Fugazi o Mudhoney en el rock del siglo pasado sigue pesando actualmente. Pavement son un grupo de entre guerras y por ello quedaron sepultados.

Si Michael Azerrad firmara este texto diría que Pavement es de esos grupos que podrían ser tu vida y en mi caso así son. Pavement son mi vida. Ese cinismo, ese humor absurdo y cáustico, ese desaparecer de las fiestas cabizbajos y arrastrando los pies es marca de la casa. Esa actitud ante la vida de saberse vencido incluso antes de entrar en combate pero a la vez esa tozudez de intentarlo una y otra vez aunque no logremos derribar ese muro que nos separa de la felicidad es también marca de la casa. No hay en el universo una balada indie tan bella y desoladora como «Here» y punto. Lo grandioso de Pavement es ese equilibrio funambulista entre el lofi más amateur y naif fusionado con un orgullo herido, una tozudez musical en llevar las melodías a salvo entre las tormentas sónicas más terroríficas. 

Cuando los jóvenes de medio mundo ya se habían cansado del «Nevermind» y andaban distraídos con los Smashing Pumpkins o los Stone Temple Pilots, el mainstream del No Mainstream, algunos aventajados se enamoraban de «Slanted & Enchanted» un disco que treinta años después sigue sonando mágico y fresco. Henry Rollins decía que en la vida solo confiaba en los seis primeros discos de Black Sabbath, pues en mi caso solo confío en los primeros cuatro discos de Pavement. Ahora mismo esta sonando «Perfume-V» y me sigue revolucionando las entrañas como el primer día, Pavement son la perfección de la imperfección. Como sonar desvencijado, torpe y atropellado es bello y mayestático.

La vida no sería la misma sin canciones como «Summer Babe (Winter Version)», «No Life Singer Her» o «Loretta’s Scars». Todo en Pavement era necesario, el bajo de Ibold robusto y sensato, la imprecisa y alocada batería de Steve West, la dualidad y diálogos guitarrísticos de Malkmus y Kannberg y el punto freak y cómico de el «Percusionista» Nastanovich creaban un universo noise que les ganó para algunos acertados críticos como Robert Christgau o Stephen Erlewine el título de mejor banda de la década de los noventa.

Con el paso de los años las melodías acabaron gozando de más espacio y sus trabajos finales casi no hay rastro de las guitarras afiladas del pasado pero la calidad, y el valor de esas composiciones esta lejos de toda duda. Tuve la suerte de verlos en su época de máximo esplendor en un concierto memorable que jamas olvidaré, uno de esos conciertos que te marcan para siempre, si un día un genio de la lampara me otorgara tres deseos uno seria haber formado parte de Pavement. La importancia de la banda californiana para sus incondicionales más radicales seguidores entre los que me incluyo es digna de estudio. La emoción que sentí en pleno Primavera Sound 2019 cuando se anunció la aparición de Pavement en el próximo festival fue equivalente a rozar el nirvana tibetano. Si la suerte nos acompaña tres años después de aquel día volveré a gozar de un concierto de la banda de Stockton. 

La grandeza de ellos residía en hacer las cosas sin premeditación, eran traviesos y esquivos con la prensa y auténticos saboteadores profesionales de su propia carrera cuando en la gira del Lollapallooza de 1995 se obstinaron en ofrecer conciertos caóticos que les acarreó las reacciones más hostiles que jamás se habían visto nunca en ese festival, sus conciertos se recibían por el público con lluvias de barro y piedras pero lejos de amilanarlos, quizás por el excesivo consumo de hierba, les llevaba a incrementar la tensión actuando sin lista de canciones y llenar sus minutos en el escenario con larguísimas jams dignas de bandas como Phish, con la destreza instrumentista de Pavement aquello rozaba la tragicomedia. Tras un concierto donde el público fue demasiado violento con ellos, abandonaron el escenario principal y se autodenominaron la banda que acabó con el Lollapallooza.

Cuando uno escucha treinta años después «Zurich is Stained» se da cuenta de lo arrebatador de su propuesta, recordáis en la película «Singles» de Cameron Crowe cuando el protagonista dice no tener una estrategia para ligar y la chica le comenta que su estrategia para ligar era precisamente no tener estrategia. Pues lo de Pavement es igual, pretendían sin pretenderlo ser una banda de éxito, y lo lograron sin lograrlo. Su debut es abrasador, críptico, alterado, caótico, distorsionado y oscilante pero tan bello e irrepetible que la vida merece la pena cada vez que te acercas a él. Definir a Pavement es como intentar definir lo indefinible donde las metáforas más cínicas y personales se unen a superposiciones de palabras aleatorias para crear unas letras con un sentido propio, no común para cada oyente y eso es muy difícil de lograr. Pavement expresan imágenes, pintan borrosos bocetos de costumbrismo en narraciones de hechos y situaciones que son escenas inconexas de una realidad alejada de su propio mundo.

Pavement son la imagen de la apatía, de la indolencia  y la profunda inactividad emocional de aquellos adolescentes que nos vimos atrapados en los 90’s, donde el horizonte era gris, opaco y lento de alcanzar despojados de aquella rebeldía adolescente tanto ellos como nosotros nos hemos dado cuenta que aquella infelicidad fueron nuestros días más felices.

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