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Recordamos «Sticky Fingers», de The Rolling Stones, en su 50º aniversario

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Recién comenzada la década de los setenta, The Rolling Stones eran la mayor banda de rock del planeta. Sin embargo, tras el lanzamiento de dos obras maestras consecutivas: Beggars Banquet (1968) y Let It Bleed (1969), la banda estaba rodeada por continuas polémicas y grandes desgracias. La misteriosa muerte del fundador y guitarrista Brian Jones y el fatídico e infame concierto de Altamont tenía a los británicos en el punto de mira.

Con unos Beatles recién evaporados, The Rolling Stones reclamaron su más que merecida corona con contundencia, madurez, pero por encima de todo, excelentes decisiones. La primera fue desvincularse del sello musical Decca y crear su propio sello discográfico Rolling Stones Records, todo el poder para la banda. Por otro lado, la complicada sustitución del fallecido Brian Jones se solventó a la perfección con la contratación del brillante y experimentado guitarrista Mick Taylor. Cerrando este tridente de positivas elecciones, llegamos como no, al diseño para la portada del álbum del archiconocido artista pop Andy Warhol.

El primer plano de una entrepierna embutida en unos ceñidos vaqueros se convirtió rápidamente en una imagen icónica y provocativa, hasta el punto de censurarse por la atrasada censura franquista. En su interior, Sticky Finger (1971) rezuma sexo, drogas y puro rock and roll, pero con una profunda riqueza sonora. El LP se compone de dos caras prácticamente simétricas, con dosis por igual de rock destellante, blues elegante, hermosas baladas y homenajes a la música popular norteamericana.

Si tuviéramos que explicar qué son The Rolling Stones a un primerizo, tan sólo habría que ponerle las canciones que abren tanto la cara A como la B. Brown Sugar y Bitch son himnos del rock desde los primeros 10 segundos. Las punzantes guitarras de Keith Richards y Mick Taylor marcan la intensidad, el saxofón de Bobby Keys dota de profundidad, mientras un Mick Jagger desatado, fanfarrón e incluso cachondo canta lo mismo sobre drogas, sexo interracial que esclavitud: “Gold coast slave ship bound for cotton fields, Sold in the market down in New Orleans, Scarred old slaver knows he’s doing alright, Hear him whip the women just around midnight”.

Y si hablamos de hitos del rock, no podemos olvidar Can´t You Hear Me Knocking con unos afilados riffs de guitarra como cuchillas de afeitar y sus letras encocadas: “Yeah, you got satin shoes, Yeah, you got plastic boots, Y’all got cocaine eyes, Yeah, you got speed-freak jive, now”. Un poco más adelante, para sorpresa del oyente, saltan todas las costuras y los músicos, liderados por la guitarra del sensacional Mick Taylor, convierten la canción en una hipnótica improvisación con toques de blues, jazz y un sorprendente aroma latino.

Para rebajar ligeramente las pulsaciones, a continuación, el grupo nos deleita con dos elegantes composiciones de blues lento: Sway y I Got The Blues. La primera destaca por una producción compleja y llena de capas, arreglada por el mítico músico Paul Buckmaster. En I Got The Blues, otro artista invitado, Billy Preston, es protagonista gracias a su glorioso solo de órgano Hammond.

Las guitarras acústicas y emotivas actuaciones vocales cogen protagonismo en las deliciosas Wild Horses, Sister Morphine y Moonlight Mile. La balada con delicados toques country Wild Horses es posiblemente la pieza más hermosa jamás compuesta por The Rolling Stones. Sobre el intercambio de acordes acústicos de Taylor y los punteos eléctricos de Richards sobresale una personal y sincera intervención de Jagger con letras cargadas de pérdida, amor y vulnerabilidad: “Faith has been broken, tears must be cried, Let’s do some living after we die”. La punzante guitarra eléctrica se siente como la aguja que administra el sedante opiáceo en Sister Morphine y la deriva letárgica en Moonlight Mile es el final perfecto para un álbum perfecto.

Por último, es de sobra conocido la admiración del grupo británico a la música popular y tradicional norteamericana. La canción de delta blues You Gotta Move de Fred McDowell es versionada sin complejos por Jagger con un marcado acento sureño. Un poco más adelante, en Dead Flowers, la canción más amable del álbum, el grupo honra al género country, casi rozando la caricatura.

Sticky Finger (1971) es sin duda una de las cimas creativas de la banda de rock más importante de todos los tiempos. Tras estos tres álbumes antológicos: Beggars Banquet (1968), Let It Bleed (1969) y Sticky Finger (1971) The Rolling Stones culminarían la hazaña un año después con el superlativo Exile On Main St. (1972) consiguiendo así uno de los lustros más brillantes jamás conseguidos por un grupo. Historia viva de la música.

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