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Elephant Stone – ASHA

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Cuando la esperanza aprende a convivir con la pérdida

A veces la esperanza y la pérdida comparten el mismo espacio, incluso cuando una imagen parece hablar de cosas muy distintas. En esta portada no hay colores imposibles, criaturas deformadas ni paisajes cósmicos de manual. En su lugar, nos recibe la mirada de una mujer joven vestida con un sari, una escalera hacia ninguna parte y una fotografía en blanco y negro que parece haber sobrevivido al tiempo. Esa mujer es Asha, la madre de Rishi Dhir, líder de los canadienses Elephant Stone. Su nombre, en sánscrito, significa esperanza.

Pero el concepto va mucho más allá de la etimología. En el zoroastrismo -religión fundada en la antigua Persia por el profeta Zaratustra o Zoroastro- representa la verdad, la justicia y el orden cósmico; aquello que, contra todo pronóstico, logra sostenerse en su lugar correcto frente al caos y la falsedad. Es precisamente en esa tensión donde el álbum encuentra su verdadera razón de ser.

Cuando Rishi comenzó a maquetar las canciones, no sospechaba que el proyecto terminaría convertido en un ritual de despedida. El fallecimiento de su madre transformó por completo el eje conceptual del álbum. Gestado en la intimidad de Sacred Sounds —el estudio que Dhir tiene en el sótano de su casa en Montreal—, el disco mutó en una profunda meditación sobre el duelo y la necesidad de encontrar un refugio luminoso frente a un entorno social y político cada vez más hostil. Sin embargo, estas nueve composiciones esquivan el tono funerario: prefieren avanzar a base de electricidad, sitares magnéticos, grooves adictivos, rabia política y una inquebrantable voluntad de seguir buscando la luz.

el grupo ha logra que su mezcla de pop psicodélico occidental e instrumentación tradicional india, deje a un lado la experimentación formal y alcance una dimensión más detractora y espiritual

«ASHA», una sola palabra para atravesar la noche

ASHA llegó el 28 de agosto de 2026, lanzado a través del propio sello de la banda, Elephants On Parade Records, en colaboración con la discográfica independiente Little Cloud Records. En regiones como Europa, el Reino Unido y Australia, la distribución y producción física corre a cargo de Anthem Vinyl. Su publicación coincide con los veinte años de trayectoria de la banda.

El disco fue producido, grabado, mezclado e ingeniado por el propio Rishi Dhir y Dave McNair se encargó de la masterización. La formación reúne al propio Rishi Dhir como voz, bajo, guitarra, teclados, percusión, sitar, tabla y dilruba, a Miles Dupire-Gagnon en la batería, a Robbie MacArthur en la guitarra y a Jason Kent en guitarra, teclados y voces de apoyo. Amy Millan aparece como invitada en la última canción. El diseño de la portada fue realizado por Joe Nesbitt.

Lamentablemente no hay fechas para posibles conciertos en España, salvo la confirmacion de que la banda actuará en la ciudad de Zaragoza el viernes 16 de abril de 2027 en la Sala Creedence). El concierto formará parte de las celebraciones por el 15.º Aniversario de la mítica sala zaragozana.

Cuando el sitar pidió una banda

La historia de Elephant Stone comienza realmente con una búsqueda personal. Rishi Dhir había formado parte de The High Dials y en 2006 decidió apartarse del circuito de rock para concentrarse en el sitar y en la música clásica india. Aquella retirada acabó produciendo el efecto contrario: las canciones comenzaron a necesitar una banda y de esa contradicción nació Elephant Stone. El propio Dhir explica que el sitar terminó dejando de ser una etiqueta para convertirse en «su voz».

El nombre de la banda nació también de esa mezcla cultural. Dhir quería llamar al proyecto Elephants, inspirado por una estatua de Ganesha que había adquirido durante un viaje. El nombre ya estaba ocupado, así que añadió Stone como homenaje a The Stone Roses y a su mítico sencillo Elephant Stone. Él mismo ha contado que todo aquello «tenía sentido» porque reunía su referencia india y su pasión por el grupo de Manchester.

Desde The Three Poisons (2014) hasta The Seven Seas (2024) y Back Into The Dream (2024), Elephant Stone ha construido un territorio propio donde el pop psicodélico occidental conviviendo con instrumentos y estructuras procedentes de la tradición musical india. ASHA no rompe con esa identidad. La profundiza.

Sitares contra guitarras, electricidad contra meditación

Aquí el sitar no aparece como decoración exótica. Es parte del ADN melódico. Dhir utiliza sus resonancias junto a la dilruba, la tabla, el bajo, las guitarras eléctricas, los teclados y una batería que sabe cuándo empujar y cuándo simplemente dejar que la canción respire. La producción también tiene una función narrativa. Hay guitarras ásperas, capas de sintetizadores, bajos gruesos y espacios psicodélicos, pero nunca se pierde la canción. La psicodelia está al servicio de la emoción. Eso permite que ASHA salte de un proto-punk rabioso a una balada, del power pop a una deriva casi onírica y de ahí a una pieza de siete minutos con Amy Millan. La variedad no significa dispersión. De hecho, varias críticas coinciden en señalar que el álbum mantiene una cohesión sorprendente pese a sus cambios de registro.

El disco fue autoproducido, grabado y mezclado por el propio Rishi Dhir en el estudio insonorizado que tiene instalado en el sótano de su casa en Montreal

Este aislamiento creativo y el control total sobre las perillas técnicas dotan a las guitarras, al sitar y a las texturas espaciales de una calidez única y familiar, que envuelven al oyente en la misma atmósfera claustrofóbica y sanadora en la que se concibieron las canciones

Una voz que no puede esconderse

Su registro tiene algo cansado y meditativo. Parece estar buscando respuestas mientras canta. En Here Comes The Rising Sun esa cualidad resulta fundamental. La voz avanza entre imágenes de dolor y renacimiento. «Nos levantamos otra vez a través del dolor y la pena». La frase resume buena parte del espíritu del álbum. Pero hay otra cara. En Everything Evil la voz se vuelve mucho más directa. La canción dura apenas 1:53 y funciona como un golpe seco. «Miro alrededor y todo lo que veo es maldad» es una declaración sin metáforas innecesarias.

Ese contraste resulta esencial. Dhir puede sonar frágil cuando habla de la pérdida y desafiante cuando observa el mundo exterior. No necesita convertirse en un cantante agresivo para transmitir rabia. Le basta con cambiar la tensión de la interpretación. Y entonces aparece Amy Millan. Su presencia en Spirit, Take Me Away introduce otra textura emocional. La voz femenina no compite con Dhir. Parece abrir una ventana hacia otro lugar. El cierre adquiere así una dimensión más aérea, casi espiritual.

La fotografía que convirtió la ausencia en presencia

La portada es quizá el elemento más poderoso de ASHA precisamente porque no necesita efectos contemporáneos. La fotografía en blanco y negro muestra a una mujer joven vestida con un sari, detenida junto a una escalera. La imagen tiene una estética doméstica y antigua. No hay escenografía grandilocuente. Tampoco hay símbolos psicodélicos evidentes. Y eso resulta importante.

La mujer aparece mirando hacia la cámara con una expresión serena. Detrás, la escalera introduce una diagonal que rompe la composición y genera profundidad. El fondo es austero. La fotografía está marcada por pequeñas imperfecciones y por el paso del tiempo. En lugar de ocultarlas, la portada parece asumirlas.

El álbum está dedicado expresamente a la memoria de Asha Sethi Dhir. La imagen funciona entonces como una cápsula temporal. Mientras la música intenta reconstruir el presente después de una pérdida, la portada devuelve a Dhir a un pasado familiar. La juventud de la figura contrasta brutalmente con la fecha de muerte que aparece en los créditos. El álbum se convierte así en un diálogo entre dos tiempos.

Cuando el mundo también se rompe

ASHA no habla únicamente de la muerte. También habla de aquello que Dhir observa alrededor. Dispara contra los discursos políticos vacíos y las promesas recicladas. Dhir quiere recuperar el espíritu contestatario del rock frente al crecimiento del populismo y la manipulación del miedo. Por ejemplo, en I Got A Pill la metáfora se vuelve todavía más interesante. La «píldora» representa esa solución fácil que alguien ofrece para que dejemos de pensar. Dhir explicó que la canción habla de demagogos que alimentan el miedo y ofrecen un remedio sencillo para problemas complejos. La política, por tanto, no aparece como un añadido externo. Forma parte del mismo paisaje emocional que el duelo. El mundo exterior se está deteriorando mientras Dhir intenta reconstruirse por dentro.

Las pistas: Caminando por la rabia hasta la luz

Todo comienza con Here Comes The Rising Sun, donde la mañana aparece después de una noche metafórica de dolor. El bajo y la batería establecen una marcha casi ritual mientras las capas psicodélicas van ampliando el espacio. La canción no promete que todo vaya a salir bien. Simplemente recuerda que el sol vuelve a salir. Después llega Everything Evil como un portazo. Menos de dos minutos bastan para convertir la indignación en canción.

Fascists Killed Yer Rock ‘N’ Roll amplía el ataque. El título ya es una pancarta, pero la música evita caer en el panfleto gracias a unas guitarras pesadas y un pulso psicodélico que conserva el espíritu de Elephant Stone. I Got A Pill continúa esa línea desde una perspectiva más retorcida. La canción juega con la idea del control, con esa falsa solución que promete eliminar las dudas mientras, en realidad, elimina la capacidad de pensar. El groove consigue que el mensaje entre bailando.

Vulnerabilidad, duelo y luz final

Con Broken Arrow el disco cambia de temperatura. Aparece la vulnerabilidad. «Estoy buscando una nueva dirección», confiesa Dhir. La canción habla de estar perdido, de buscar a alguien que pueda servir de piedra, de luz, de razón para continuar. A Beautiful Fate abre entonces una grieta hacia la aceptación. La música se vuelve más luminosa mientras la letra contempla el destino desde una perspectiva distinta. No se trata de celebrar aquello que ha ocurrido, sino de aceptar que la vida también puede contener belleza dentro de lo incomprensible.

Parallel And Contrary Motion es el corazón del álbum. Dhir recuerda a alguien que se ha ido y describe esa extraña sensación de seguir viviendo mientras una parte de uno permanece detenida en otro tiempo. «Te dejé marchar, pero nunca pude dejarte ir» concentra toda esa contradicción. Después llega Sleepwalking In Prague. La canción parece abandonar temporalmente el duelo para entrar en un sueño urbano. Hay movimiento, pero también desconexión. El protagonista camina mientras se pregunta qué hace allí y qué esperaba encontrar. Las guitarras tienen una delicadeza casi suspendida y el ritmo circular refuerza esa sensación de estar caminando dentro de un recuerdo.

Y finalmente Spirit, Take Me Away. Siete minutos para cerrar el círculo. Dhir canta sobre un amor que se ha quedado silencioso y sobre un espíritu incapaz de dejar de vagar. La intervención de Amy Millan amplía el espacio emocional y convierte el final en una despedida que no necesita explicar a quién se dirige.

La esperanza no es una canción feliz

Ahí está la verdadera inteligencia de ASHA. El disco no confunde esperanza con felicidad. La esperanza aparece después de la pérdida. Después de la rabia. Después de comprobar que las promesas políticas son falsas y que algunas ausencias no pueden repararse. Dhir no intenta borrar esas heridas. Las deja dentro de las canciones.

En una entrevista reciente Dhir explicó que el álbum comenzó desde la tristeza provocada por el estado del mundo y que durante su creación perdió primero a un amigo y después a su madre. Al terminarlo, descubrió que aquellas canciones contenían «esperanza», pero también tristeza, nostalgia e historia. Esa frase quizá sea la mejor puerta de entrada al álbum. Porque ASHA no pretende iluminar la oscuridad desde fuera. Se mete dentro de ella y busca allí una salida.

Un disco que deja la puerta abierta

Veinte años después de iniciar su aventura, Rishi Dhir sigue haciendo algo bastante poco frecuente: construir música psicodélica sin convertirla en una pose. El sitar sigue ahí, pero ya no necesita justificar su presencia. Forma parte natural de una identidad que mezcla India, Montreal, rock, pop, memoria y experimentación. ASHA tampoco parece querer demostrar nada. Es un disco demasiado personal para eso. Su fuerza está precisamente en la honestidad con la que acepta sus contradicciones.

Comienza mirando al sol y termina pidiendo que un espíritu se marche. Entre ambos puntos caben la furia política, la pérdida de una madre, la memoria de un amigo, el desconcierto, el deseo de escapar y la necesidad de seguir caminando. Quizá la esperanza sea exactamente eso: no creer que la oscuridad desaparecerá, sino aprender a caminar dentro de ella sin dejar que nos quite la luz.

Escucha aquí ASHA de Elephant Stone

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Periodista. Fotógrafo. Diseñador gráfico. Muchos años al pie del cañón. Ahora toca recuperar el pulso y volver a lo esencial. La música siempre ha sido el eje. No como ruido de fondo, sino como lenguaje, refugio y forma de entender el mundo. Está en todo lo que hago. Me interesa escribir sobre bandas que se salen del guion, que cuestionan lo establecido y abren grietas en lo convencional, ya sea desde el sonido, el concepto o la actitud. Propuestas que no buscan encajar, sino expandir. En Crazyminds, mi papel es claro: dar visibilidad a ese universo «underground» donde laten algunas de las ideas más honestas y estimulantes de la música actual. Hay mucho ahí fuera esperando ser descubierto. Así que vamos a ello. Porque sin transgresión no hay cambio. Y sin cambio, la música deja de tener sentido.