Peso en el barro, promesa en las estrellas
Imagínate suspendido en el umbral donde el peso de la gravedad se rinde ante el vacío. A tus pies, bajo la tierra, yacen los ecos de lo que fuimos. Las versiones de nosotros mismos que se rompieron, las promesas que se hundieron en el barro y los fantasmas de una juventud que todavía nos susurra desde el polvo. Sobre tu cabeza, más allá del cielo, se extiende el asombro. La incógnita. Ese espacio donde las cicatrices dejan de doler para volverse constelaciones, donde las preguntas se convierten en respuestas.
Elephants and Stars no han venido a cantarte sobre amores de verano. Han venido a rescatar la belleza que queda después de la tormenta, a dar forma a la inquietud que nos invade cuando elevamos la mirada y no comprendemos de dónde venimos. Con la bendición de las leyendas del punk de Nueva York y la fuerza de los amplificadores de Toronto, este álbum es el mapa de esa transición. Es el sonido de alguien que finalmente ha hecho las paces con sus demonios, sus ancestros y ha decidido, simplemente, volver a mirar hacia arriba. Esto es justamente… Under the Earth and Above Heaven
Los elefantes sónicos
Publicado el 14 de febrero de 2025, la banda convierte todo este periplo en una tensión de rock alternativo, cuya alta temperatura eléctrica sobrevive al peso del pasado sin renunciar al presente y al futuro. Todo ello es posible gracias al ímpetu de una banda canadiense cuya base entre Hamilton y Toronto firma una obra con fuerte músculo, coros expansivos y una producción de lujo a cargo de Ian Blurton, nombre clave del rock canadiense reciente. La alineación del disco incluye a Manfred Sittmann (voz y guitarra), Adam Seed (guitarra solista), Michael MacMillan (bajo y coros), Stewart McKinney (batería) y Simon Head (teclados). Además, Glenn Milchem aparece acreditado con batería adicional y Brad Boatright se ocupa de la masterización.
«Al igual que los elefantes y las estrellas, estos chicos son seres reales y maduros. Hacen música por necesidad y graban sus discos en un estudio clásico, y con un productor experimentado, el legendario rockero Ian Blurton» –official web band
Bajo la tierra y sobre el cielo
El título Under the Earth and Above Heaven, tomado del universo autobiográfico de Richard Lloyd (Television), no es solo un préstamo con pedigrí, sino un mapa emocional del disco. La frase sitúa a Elephants and Stars en ese espacio extraño entre lo enterrado y lo idealizado: bajo la tierra como peso, culpa y memoria; por encima del cielo como un lugar casi inalcanzable donde las heridas dejan de mandar. Es justo ahí donde viven estas canciones, en la franja humana donde conviven barro y promesa, elefantes que sostienen el mundo y estrellas que lo iluminan a distancia.
Electricidad terrenal, horizonte abierto
Musicalmente, Elephants and Stars trabajan con una gramática de rock clásico filtrada por nervio alternativo, guitarras muy al frente y un gusto claro por el gancho melódico inmediato. Las guitarras empujan, la base rítmica sostiene con firmeza y los teclados añaden una capa de amplitud que evita que todo quede encerrado en el formato de power trio al uso. La producción de Ian Blurton hace que el disco suene grande sin perder rugosidad, con una mezcla que prioriza la energía y la pegada por encima de la pulcritud quirúrgica: aquí el objetivo no es sonar perfecto, sino vivo.
La voz de Manfred Sittmann parece escrita para este tipo de canción: directa, cercana, con la dosis justa de desgaste como para resultar creíble cuando habla de memoria y reconstrucción. Ese registro íntimo le permite sostener letras que buscan comunión más que exhibición, y ahí los coros funcionan como un puente: elevan la confesión hasta el terreno del himno sin romper la honestidad del gesto, dejando que las canciones se sientan tanto personales como compartibles.
Un edificio entre dos mundos
La portada refuerza con bastante precisión la idea central del álbum. El edificio cubierto de vegetación, bajo un cielo incendiado de nubes naranjas y violetas, parece suspendido entre ruina y renacimiento, como si la materia terrestre estuviera intentando ascender sin abandonar del todo su peso. Esa imagen dialoga con el título de forma casi literal: abajo, lo viejo, lo erosionado, lo que se cae; arriba, el cielo como promesa o amenaza, según el día.
Además, el contraste visual entre el inmueble oscuro y el firmamento casi apocalíptico encaja con la tensión emocional del disco, que se mueve siempre entre gravedad y búsqueda de luz. No es una portada ornamental, sino una escena que parece condensar el estado mental del álbum: esa sensación de estar viviendo entre dos mundos a la vez, con un pie en las ruinas y otro en la posibilidad de algo mejor.
Entre la gravedad y la evasión
En el fondo, Under the Earth and Above Heaven es un disco sobre aprender a convivir con lo que pesa sin dejar que lo hunda todo. La dualidad humana se concreta en esa sensación de estar suspendido entre el barro y el cielo: bajo la tierra como lugar de cargas, errores, viejas heridas; sobre el cielo como espacio de asombro, pequeños momentos de claridad y esa estabilidad precaria que uno persigue casi a tientas. No es un disco de redención milagrosa, sino de transición: de cómo se avanza cuando el pasado ya no desaparece, pero deja de mandar.
Por eso las letras no se recrean en el arrepentimiento, ni buscan dramatizar la caída. Tratan la memoria como una fotografía vieja: algo que se mira con cierta distancia, capaz de despertar dolor, pero también gratitud por haber sobrevivido a aquello. El mensaje se sitúa ahí, en esa zona intermedia donde la nostalgia no es un pozo sino un recordatorio. Y lo hace con un estilo lírico directo, casi conversacional, que evita la metáfora barroca en favor de frases que parecen pensadas para ser cantadas con los ojos cerrados en medio de un bolo.
La playlist como recorrido emocional
Los 34 minutos del álbum están muy bien medidos: no sobra nada y casi cada canción busca un papel concreto en el trayecto. Ceiling, primer sencillo, abre como declaración de encierro y límite: el techo como metáfora de toparse siempre con la misma barrera, emocional o vital. Letters y The Worst Part Now continúan ese tono de ajuste de cuentas íntimo, moviéndose entre la comunicación fallida y la necesidad de nombrar por fin aquello que hasta ahora se había evitado.
Strangers On A Train, que funcionó como segundo adelanto, es quizá la imagen más clara de ese vivir en transición: dos vidas que se cruzan en movimiento, compartiendo un tramo de trayecto antes de separarse en estaciones distintas. A partir de ahí, el disco se abre: Come Up Shouting y Flaw In The Syste empujan hacia la idea de resistencia, de no aceptar sin más los fallos del sistema —el propio y el que nos rodea—, mientras Unlucky introduce ese fatalismo cotidiano que todos hemos sentido alguna vez, pero sin entregarse del todo a la derrota.
En el tramo final, Paint Me Alive, She Can’t Catch The Work y The Ghosts funcionan casi como una trilogía de reapropiación del yo: pedir que te pinten de nuevo, asumir que no todo el mundo puede seguir tu ritmo, hacer las paces con los fantasmas que se quedan, aunque cambien de forma. El cierre con The Ghosts no borra la oscuridad, pero la integra: esos espectros ya no son solo amenaza, también son parte del relato que te trae hasta aquí.
Letras, voz y comunión
Ahí es donde la voz de Manfred Sittmann se vuelve clave. No se trata solo de lo que dice, sino de cómo lo dice. Hay algo muy poco teatral en su forma de cantar, un registro confesional que, apoyado por coros casi hímnicos, convierte muchas líneas en pequeñas consignas afectivas, del tipo que uno podría tatuarse sin vergüenza. Cuando la banda sugiere que una buena canción puede arreglar algo en el alma, no lo lanza como eslogan de marketing, sino como intuición de superviviente. La combinación de esa honestidad lírica con la energía instrumental hace que el disco se sienta, más que un monólogo, como una conversación abierta. Son canciones pensadas para ser cantadas con otros, para compartir cicatrices sin convertirlas en espectáculo.
Las letras se caracterizan por una honestidad cruda que evita metáforas complejas para enfocarse en la verdad personal y la gratitud de superviviente, tratando los errores pasados con aceptación. Además, exploran la resistencia ante el cansancio y el poder sanador de la música, convirtiendo las canciones en refugios de catarsis colectiva a través de una voz directa y confesional.
Lo que viene después
Con el anuncio del álbum Philistine Vulgarity para junio de 2026 y un primer adelanto como Take It All, mucho más centrado en el riff y en la pegada inmediata, da la sensación de que Under the Earth and Above Heaven funciona como cierre de una etapa más introspectiva. Aquí Elephants and Stars firman su disco de madurez emocional; el siguiente promete ensuciar un poco más las manos y llevar esa electricidad un paso más allá, como si, una vez hecho el inventario de cicatrices, tocara volver a morder. Veremos que nos depara junio. Todo indica que los elefantes y las estrellas van a ensuciarse más las manos y a tensar más la electricidad.
Cuando el plan no es tocar por 50 dólares
No estamos ante una banda de chavales dispuestos a subirse a una furgoneta destartalada para cruzar la provincia abriendo para media docena de grupos de bar del montón a cambio de 50 dólares de gasolina. Elephants and Stars juegan en otra liga: prefieren aparecer en escenarios llenos, compartiendo cartel con nombres como Richard Lloyd (Television), Laura Jane Grace (Against Me!) o las leyendas indie Lowest of the Low, frente a un público que llega con ganas de escuchar algo más que ruido de fondo.
En lugar de quemarse en giras interminables sin retorno, invierten las horas en el local de ensayo y en el estudio, puliendo un rock de guitarras con estribillos afilados y letras que trabajan a medio plazo: enganchan a la primera, pero se terminan de revelar después de varias escuchas, cuando aparecen los dobleces emocionales y las líneas que se te quedan dando vueltas en la cabeza. Esa combinación de trabajo de fondo, ambición de canciones grandes y rechazo a lo puramente superficial explica que se muevan cómodos en carteles cuidadosos y en discos como Under the Earth and Above Heaven, pensados más para acompañarte que para sonar de fondo en la barra.

