These Killing Times («Estos tiempos asesinos») es el sexto álbum de estudio en solitario de la cantautora y multiinstrumentista estadounidense Emma Ruth Rundle. Lanzado a nivel mundial el 18 de septiembre de 2026, el disco representa un regreso rotundo al formato de banda completa y a sus raíces eléctricas más pesadas, tras el minimalismo íntimo de su aclamado álbum Engine of Hell (2021). Este trabajo destaca además por ser el primer lanzamiento bajo su propio sello discográfico independiente, Errant Child.
Nacido conceptualmente a principios de 2025 mientras Rundle observaba las consecuencias de una catástrofe climática global, el álbum aborda el capitalismo actual, la codicia y el avance del fascismo, las injusticias sistemáticas contra la clase trabajadora, la erosión de los derechos humanos, de las mujeres y de la comunidad LGBTQIA+.Sin embargo, la artista tomó la decisión consciente de no caer en la desesperación. El motor principal del disco es la resiliencia feminista, la comunidad y la esperanza frente al colapso contemporáneo. El propio título evoca esa sensación de que el contexto actual nos está «matando» espiritual y socialmente a diario.
Fundar una plataforma propia para editar música áspera es un acto de soberanía artística radical. El mensaje extramusical es claro: para proponer un cambio en las dinámicas del mundo actual, primero hay que recuperar el control absoluto del propio trabajo creativo
Destruir para construir algo mejor
El concepto central del álbum gira en torno a esta dualidad: la necesidad de demoler las estructuras capitalistas, la hipocresía política y el trauma del aislamiento, para poder sembrar una alternativa luminosa. Estas intenciones ya se encuentran en el primer tema, Powerless, donde Rundle canta: «Let me die here with a hammer in my hand / One for smashing / One for making something better» (Déjame morir aquí con un martillo en mi mano / Uno para aplastar / Uno para construir algo mejor).
Si su disco anterior, Engine of Hell (2021), fue un ejercicio de exorcismo personal e íntimo, creado desde la absoluta soledad al piano, These Killing Times es su respuesta colectiva. Rundle decidió conscientemente que la mejor manera de combatir el miedo a un mundo hostil no era encerrarse en sí misma, sino abrirse hacia los demás.
El hecho de invitar a una banda completa y llenar el disco de texturas, capas de guitarras, saxofones y coros funciona como una metáfora: la artista ya no está sola frente al abismo; está rodeada y sostenida por una comunidad. En base a ello los críticos señalan que el concepto del disco es un triunfo de la resiliencia humana, donde se decide de manera voluntaria e insurgente elegir la luz sobre el caos, y la ternura y la compasión como armas de resistencia.
Musicalmente hablando, el disco fusiona dark-folk, post-rock, shoegaze y grungegaze. Para alcanzar esta rica instrumentación, Rundle se rodeó de una destacada lista de músicos y amigos: Jess Gowrie (Chelsea Wolfe, Mrs. Piss) en la batería. Gina Gleason (Baroness) en la guitarra. Troy Zeigler en el bajo. Nick Reinhart (Tera Melos). Patrick Shiroishi en el saxofón y voces. Y las colaboraciones adicionales de artistas como Marissa Nadler y George Clarke (Deafheaven).
Emma Ruth Rundle propone la aceptación de que convivir con la fractura y la oscuridad es suficiente si se mantiene la integridad. Al no forzar resoluciones armónicas complacientes ni finales felices de manual, el disco respeta la inteligencia del oyente y se consagra como un espacio de acompañamiento mutuo, no de evasión
La voz: El superpoder de la madurez
A diferencia del susurro herido, íntimo y descarnado al que nos expuso en su predecesor acústico Engine of Hell, en este álbum la voz de Emma Ruth Rundle evoluciona hacia una demostración de absoluta fuerza e instrumentación. Su voz ya no suena retraída ni asustada. La mezcla sonora le permite pasar de un susurro delicado y fantasmal a un despliegue de rabia melódica en una sola frase (contraste dinámico).
- Una de las técnicas más alabadas por la crítica en este disco es el uso constante de cánones vocales. Rundle graba múltiples capas de su propia voz, creando un efecto coral. Esto funciona como una analogía perfecta de la temática del disco: ya no suena como una artista aislada cantando en la oscuridad; suena como un ejército de sí misma o un colectivo que la respalda (efecto multiplicidad). La prensa especializada ha comparado su confianza vocal actual con la teatralidad de Tori Amos y la garra o urgencia interpretativa de PJ Harvey.
La captura del movimiento y la purga
La imagen que define la portada oficial del álbum es una fotografía realizada por la artista visual Kristin Cofer. Su composición visual es rica en simbolismos. El matiz carmesí saturado que inunda toda la escena evoca el peligro inmediato, la urgencia, la sangre y la pasión. Representa visualmente los killing times (tiempos asesinos o de masacre) a los que alude el título.
- También vemos el rostro de Emma parcialmente difuminado a través de una tela traslúcida que se agita violentamente con el viento o su propio movimiento. Esto rompe con las portadas estáticas y solemnes del pasado, reflejando que este es un disco de transición, caos y liberación. En la parte superior, los destellos de luz multicolor fracturada cortan la opresión del rojo. En definitiva, es una portada que visualmente encapsula la tesis del álbum: la búsqueda obstinada de luz y esperanza en medio de la hostilidad ambiental.
Oscuridad, caos y renacimiento
El viaje sonoro a través de la lista de canciones de These Killing Times no es simplemente una colección de temas sueltos, sino una narrativa cinematográfica y conceptual en tres actos estructurada minuciosamente para guiar al oyente de la rabia a la purga espiritual. El álbum consta de 8 canciones con una duración total aproximada de 43 minutos, un metraje exacto donde no sobra ni un solo acorde y cada transición funciona como un fundido a negro.
El álbum se abre con una atmósfera opresiva y densa. Es la radiografía de un colapso, el momento en que el individuo o la sociedad tocan fondo, atrapados en la desesperanza y el aislamiento. Luego sobreviene la manifestación pura de la rabia, el grito de guerra necesario para romper las cadenas de la etapa anterior. La distorsión y la agresividad sonora actúan aquí como una fuerza destructiva, pero también liberadora.
Finalmente, tras la tormenta, llega la calma. No se trata de un final feliz ingenuo, sino de una aceptación cicatrizante, dejando al oyente en un estado de paz y purga espiritual, listo para volver a empezar. These Killing Times se percibe como una obra viva: una experiencia inmersiva que exige ser escuchada de principio a fin para entender que, a veces, es necesario arder por completo para poder renacer de las cenizas.
El despertar y la plegaria
El disco se inaugura con Powerless, una pieza que funciona como un auténtico choque eléctrico. Después de años sumergida en el minimalismo acústico, este tema inicial rompe el silencio mediante guitarras distorsionadas de post-rock y un piano denso que avisa que la artista ha regresado a la tormenta eléctrica. Es el grito de guerra y el manifiesto político del álbum. Sin dar un respiro, la secuencia avanza hacia God’s Picture, descrita como la gran tesis espiritual del disco. Aquí, el viaje se transforma en una «plegaria» atmosférica de proporciones épicas; la instrumentación crece de forma masiva, envolviendo al oyente con arreglos abrasivos de saxofón y texturas pesadas que simulan la inmensidad de una catástrofe y la búsqueda de lo divino en la tierra.
Lejos de funcionar como un simple volantazo estilístico de vuelta a la distorsión, este trabajo logra hibridar y reconciliar sus facetas históricamente separadas: las murallas de guitarras, la fragilidad descarnada al piano y las exploraciones vanguardistas de su poemario y experimentación vocal. Es el mapa genético definitivo de su identidad como compositora
El martirio y el peso del mundo
La narrativa se vuelve más rítmica y opresiva con Anvil. Su base percusiva emula una marcha marcial y el golpeteo constante del metal, una metáfora sonora del trabajo forzado y la resistencia obrera. Este peso se vuelve histórico y mitológico en Catherine Wheel, un tema que toma su nombre del método medieval de tortura (la rueda de Santa Catalina); musicalmente es una de las piezas más complejas del álbum, logrando trenzar una atmósfera gótica densa y oscura con una línea melódica de sobrecogedora belleza, representando el sufrimiento que precede a la iluminación. El cierre de este bloque medio llega con Don’t Delay Heaven, un oasis melódico engañoso que Rundle ha catalogado como una canción de amor en pleno fin del mundo. Es un tema que reduce las revoluciones rítmicas pero eleva la melancolía existencial.
Catarsis y liberación ambiental
El tercio final desata la tormenta contenida. Enough estalla como un crescendo de grunge rabioso y rock alternativo que evoca las mejores épocas del rock de los noventa. Es la canción de denuncia más explícita y directa, donde la voz de Emma se quiebra al cuestionar la avaricia humana.
Esta rabia acumulada se canaliza en el clímax absoluto del álbum: Human Kindness. A lo largo de sus 8 minutos de duración, la canción evoluciona desde un inicio desnudo y fantasmal apoyado en acordes de doom-fuzz hasta convertirse en una colosal catarsis colectiva, donde los coros superpuestos crean una muralla de sonido comunitaria que ahoga cualquier atisbo de desesperanza.
Finalmente, la tempestad amaina en Oceans of Time, la coda de cierre. Aquí, la banda completa se retira para dejar a Emma a solas frente al piano, mientras la melodía se desintegra paulatinamente en un mar de ruido ambiental y texturas experimentales. Es el sonido del oleaje regresando a la calma tras el colapso, dejando una profunda sensación de liberación y paz.
Un mensaje demoledor y constructivo
El mensaje central de las líricas es la resistencia insurgente a través de la compasión. Rundle escribe sobre el colapso social y la opresión capitalista, pero se niega a dejar que la apatía gane. Las letras están plagadas de imágenes de fuego, herramientas de hierro, sangre e inmensidades naturales como el océano o el cielo.
Afirma que mientras haya vida, hay una labor activa por reconstruir el mundo. Crítica feroz y directamente a la clase multimillonaria y a los líderes políticos que se lucran y deshumanizan a la clase trabajadora global, transformando el dolor de la sociedad en documentos de codicia. Desata un grito desesperado y retórico hacia los poderosos que incendian el planeta planteando una pregunta existencial sobre la avaricia insaciable que define nuestra era contemporánea. Incluye la idea de que el sufrimiento o el peso del trabajo forzado (el yunque) puede ser el lugar donde se forje la justicia y la luz que rompa la oscuridad sistémica.
Crear la esperanza en mitad del colapso
En última instancia, These Killing Times no es un disco sobre el fin del mundo, sino sobre lo que construimos mientras todo se derrumba. Emma Ruth Rundle ha logrado transformar el trauma colectivo, la asfixia política y el ruido de nuestra era en una obra maestra de resiliencia sónica. Al abandonar el aislamiento de sus trabajos previos para rodearse de una comunidad de músicos, Rundle nos recuerda que la verdadera insurgencia frente a un mundo hostil no radica en la apatía ni en la violencia, sino en la ternura radical, la colectividad y la compasión.
Es un álbum abrasivo pero profundamente luminoso; un testamento musical de que, incluso en los tiempos más oscuros y asesinos, siempre habrá un martillo en la mano dispuesto a destruir la opresión para construir algo mejor. Una obra imprescindible que consagra a Emma Ruth Rundle como una de las voces más honestas, viscerales y necesarias de la música contemporánea.

