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GIRLPOOL – FORGIVENESS

A veces las cosas no son las que uno espera. Seguro que os habéis imaginado un montón de situaciones futuras que parecían bastante claras para que al final ocurra exactamente lo contrario, o como mínimo, una versión bastante alejada de lo planeado. La casa que os ibais a comprar de mayores, vuestro futuro trabajo cuando estudiabais, la próxima y seguro que esta vez sí satisfactoria película de Star Wars… Pero al final trabajáis en una fábrica de cajas, no podéis tener casa y la película nueva de Star Wars resultó ser la película antigua de Star Wars.

Esa es la sensación que nos queda al escuchar Forgiveness, de Girlpool. Pero no nos malinterpretéis. No es decepcionante, ni mucho menos. No es el episodio VII con Kylo Ren. Al contrario. Es esa sensación de esperar algo, un futuro claro y meridiano y que al final sea algo cuyo parecido con lo esperado sea mera coincidencia.

Después de un sonido indie underground, lindando con el lo-fi de bandas como Pavement o Built to Spill vislumbrado en los dos álbumes anteriores de Girlpool, Powerplant (2017) y en menor medida, en What Chaos is Imaginary (2019), uno esperaba que el cuarto álbum del dúo -ya no sabemos si angelino o de la costa este- fuera por los mismos derroteros de grupo venerado por el fanzine indiepop underground de referencia del Popfest de vuestra ciudad favorita. Nada más lejos de la realidad.

La transformación de la banda ha sido brutal, tanto en estética como físicamente como en cuanto a sonido. Atrás quedaron los looks adolescentes, las guitarras disonantes, la angustia de los 16 años. No es tanto que se hayan convertido en aburridos adultos con hipoteca a treinta años y un traje gris y corbata azul marino, sino que se hayan convertido en algo más profundo, más místico y sí, más interesante.

Sin embargo, la pureza melódica de sus primeros trabajos sigue existiendo. La producción es espectacular, cuidadísima, sutil y trabajada, elegante, algo que no podíamos decir de sus anteriores trabajos. Han abrazado la electrónica y añadido elementos actuales de una manera magistral, como atestigua ese uso del autotune de Nothing gives me pleasure —y que adelanta una temática más adulta que juvenil en sus letras— o en la delicadísima Junkie, en la que no existe la guitarra y su vacío es cubierto por un pad electrónico magistralmente integrado. Es como si quisieran reivindicar el indie de los primeros 2000 evolucionando del sonido lo-fi noventero. Incluso con cortes de pop melódico a lo banda de Sinnamon Records —¿Os acordáis de Sinnamon Records? Yo acabo de hacerlo escuchando este disco—, con temas como Dragging My Life into a dream o Violet.

Forgiveness es una colección de canciones que gana con cada escucha. Uno va descubriendo nuevos rincones en cada pasada. No es un álbum espectacular a la primera escucha, pero la delicadeza —disonante con la nueva estética del dúo— de canciones como Faultline mezclada con la oscuridad de temas como Lie Love Lullaby o Afterlife, donde encontramos referencias de bandas como Blonde Redhead, queda en el subconsciente, haciendo que queramos recurrir de nuevo a nuestro servicio de streaming de referencia al cabo de un rato para darnos otra vuelta.

Con todo, uno no sabe qué esperar de Girlpool. Forgiveness nos deja con la sensación de haber escuchado una nueva banda, una banda que reivindica sonidos de una época que no vemos tan lejana, pero que, si nos paramos a pensar, es una época pasada hace dos décadas. La época del Kazaa y el Winamp, del Windows Messenger y del Tuenti. La época en la que no sabía nadie qué era una crisis y el litro del diésel no subía de 1 euro. Una época despreocupada, pero, como el sonido de Forgiveness, con melancolía, con tristeza, con cierta incertidumbre pese a todo. Una banda nueva, más interesante, más carismática, más atractiva y misteriosa. Un álbum que demuestra que el devenir de estos dos chicos aún en sus veinte responde sólo a sus deseos y su parecer. Un disco que rezuma libertad. Libertad real, no la libertad que proclaman los políticos. Libertad para decidir, para hacer, para crear y para sentir. Así se instalará Forgiveness en vuestra mente. Merece la pena.

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