InicioDiscosGLEN HANSARD - THIS WILD WILLING

GLEN HANSARD – THIS WILD WILLING

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Llámenlo la estela dorada de la mitología del folk irlandés, o esa suerte de personificación mesiánica que un cantautor proveniente de estas frías y verdes tierras (así es en mi cabeza) simboliza en nuestro imaginario mediterráneo. Lo cierto es que la figura de Glen Hansard siempre se ha mantenido, por suerte, en ese margen existente entre el cantautor maldito y el cantautor de masas del nuevo milenio en el que se han convertido otros.

Como ambas etiquetas han resultado del todo fallidas, la carrera del irlandés se ha mantenido, aunque con altibajos, en un estado de forma bastante admirable. En un campo tan minado como el folk, ya sea minimalista o grandilocuente, Hansard se mueve con la docilidad de un escritor que bebe de unas influencias ajenas a ese mundo, y con ello esquiva la misma fórmula una y otra vez.

El cantautor siempre ha desarrollado una personalidad y sensibilidad propias que poco se adaptan a ese corsé de la estrella de película indie que le impuso Once. Con This Wild Willing, su cuarto larga duración, esas fórmulas que se alejan tanto del golpe de efecto acústico como de la epopeya épica se abren aún más y le otorgan más caminos.

Estos son unos caminos que funcionan, en general, bastante bien, sobre todo en términos musicales. En cuanto a su escritura los temas de Hansard siguen persiguiendo esa melancolía y tozudez de sentimientos que siempre le han caracterizado, pero manteniendo la calidad de las mismas y sin caer en clichés facilones. En ese sentido sigue siendo igual de incisivo, casi un carroñero sentimental, aunque su forma de cantar haya ido cambiando.

Ese grito ronco al que tendían finalmente muchas composiciones de sus primeros álbumes se convierte aquí en general en un susurro roto que marca gran parte del álbum. No solo ello, sino también la experimentación sonora dentro de los marcos del folk (Race To The Bottom) o la sutil introducción de sonoridades orientales (The Closing Door), le colocan más a la sombra del Tom Waits de los ochenta o de Leonard Cohen que de cualquier tipo de folk alternativo actual.

En el terreno musical, esa experimentación a veces deja paso a una simple repetición de elementos ya muy trabajados que acaban cobrando una dimensión nueva en su repetición. Don’t Settle es el ejemplo perfecto de ello, con su evolución ascendente, sus cambios de ritmo y variaciones de acordes y el influjo violento del piano que la convierte en una de las composiciones más soberbias del álbum.

La sensibilidad melódica de Fool’s Game, con sus fuegos artificiales y su acertada coda, unida a otros temas ya mencionados, conforman una primera mitad de alta calidad, que sin embargo se difumina un poco en su segunda mitad. En esta, entre cortes más cercanos a una fórmula más tradicional, como Brother’s Keeper o Threading Water, Hansard presenta construcciones muy medidas dentro de composiciones largas, resultado de improvisaciones en busca de nuevos sonidos en algunos casos y de baladas que funcionan precisamente por su austeridad y esa suerte de clave baja fotográfica, como Weight of the World.

Con Leave a Light, sin embargo, Hansard intenta reconectar con sus orígenes más profundos y destila esa voz clara y profética para los temas crepusculares. El cierre de esta última supone el contrapunto perfecto a ese ruido de fondo con el que abre el álbum I’ll Be You, Be Me y que sublima la conjunción entre esos dos caminos entre el juego de acústica y voz y la necesidad de evolución artística.

En un alarde de honestidad brutal, Glen Hansard se deconstruye para montar una narrativa a ratos marcado por una sentimentalidad culpable y a veces con un paso adelante grandilocuente y digno de escucha. En The Wild Willing se dan cita unos ejercicios de estilo cuanto menos interesantes que, si bien a veces respondan a un estilo que enfila su desgaste desde su anterior álbum, no dejan de mostrar a un músico inspirado y con un gusto impecable en, simplemente, ese viejo arte de crear canciones.

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