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Golden Hours – Beyond Wires

Ruido entre fantasmas eléctricos

Beyond Wires parece capturado en mitad de una tormenta eléctrica. Suena como si alguien hubiera abierto un viejo amplificador olvidado en una mansión europea y hubiera dejado escapar todo lo que llevaba décadas zumbando dentro. Es asi como vibra el segundo álbum de Golden Hours, un invento tramado en un laboratorio de distorsión emocional. Podríamos definirlo como post-punk nervioso y depresivo dentro de un matraz de psicodelia granulada y shoegaze con dientes afilados. Todo ello mezclado en una habitación donde los cables chisporrotean como insectos metálicos. La pista Book of Lies es un claro ejemplo de esta anomalía incandescente.

Grabado entre Berlín y Bruselas, el disco arrastra consigo el eco de esas paredes antiguas. No intenta ser pulido. Tampoco pretende ser nostálgico. Su sonido es más bien un animal eléctrico que respira en la penumbra y gotea gelatina mientras se arrastra por el pavimento gaseoso. Y en ese territorio borroso entre melodía y ruido, Golden Hours levanta una obra que avanza como un tren nocturno: oscuro, hipnótico y con un destino incierto.

Radiografía en combustión

Beyond Wires fue publicado el 6 de febrero de 2026 a través del sello londinense independiente Fuzz Club Records, casa habitual de proyectos ligados al rock psicodélico contemporáneo. El álbum fue grabado en dos espacios radicalmente distintos. Por un lado, salas de ensayo en Berlín donde la banda desarrolló la mayor parte del material. Por otro, una antigua mansión en Bruselas cuya acústica imprevisible terminó influyendo directamente en el carácter del disco.

Según el bajista y vocalista Wim Janssens, aquel edificio dejó una huella sonora inesperada. Una especie de ruido eléctrico constante que se filtraba en las tomas. La banda decidió no eliminarlo. En lugar de limpiar las pistas, Golden Hours abrazó ese zumbido. Lo integró en las mezclas. Lo convirtió en textura. El resultado es un álbum donde la distorsión no solo proviene de los amplificadores. También nace del espacio. La portada del álbum mantiene esa misma estética de ruido visual. Un destello rojo abrasador que atraviesa la imagen como un cable incandescente. Es puro minimalismo gráfico. Intensidad cromática. Y una sensación de interferencia constante. Exactamente como la música.

Cuatro sombras en la misma presencia

Golden Hours nació en 2023 como un proyecto casi accidental. Una reunión entre músicos veteranos que coincidían en ciudades europeas, giras y estudios. Pero lo que parecía un encuentro informal terminó tomando forma rápidamente. La banda está formada por Hákon Aðalsteinsson (guitarra y voz) Wim Janssens (bajo y voz), Tobias Humble (batería) y Rodrigo Fuentealba Palavacino (guitarra). Cada uno de ellos llega con un historial considerable dentro del circuito alternativo internacional. Han pasado por bandas como Gang Of Four, The Brian Jonestown Massacre, Tricky o The Fuzztones. No es extraño que el grupo haya sido descrito como un pequeño supergrupo de la escena underground europea.

Su debut homónimo en 2023 apareció sin demasiada promoción, pero llamó la atención por su crudeza post-punk y su inclinación hacia paisajes psicodélicos abrasivos. Desde entonces, la banda ha trabajado con una lógica muy directa. Componer rápido. Probar en el local. Descartar sin sentimentalismos. Una especie de filtro creativo basado en instinto colectivo. El propio Janssens lo describe con una regla sencilla:

«Si una idea provoca silencio en la sala, probablemente funciona. Si alguien duda, se descarta. Este método casi tribal es el que dio forma a ‘Beyond Wires’, escrito entre giras, ensayos improvisados y grabaciones intensas en pocos días»

Más allá de los cables… ¿Por qué?

El disco nace entre cables, amplificadores, pedales y ruido eléctrico. Las guitarras de Golden Hours viven dentro de esa maraña de señal analógica. Fuzz, distorsión, interferencias. Cuando hablan de ir «más allá de los cables», podría interpretarse como una forma de decir que el sonido ya no depende solo del equipo físico. Lo que importa es lo que ocurre después. La vibración emocional que sale de los altavoces.

También hay una lectura espacial. El álbum se grabó entre Berlín y una vieja mansión en Bruselas donde, según Wim Janssens, había una especie de estática eléctrica constante filtrándose en las tomas. Esa interferencia fantasma se convirtió en parte del sonido del disco. Beyond the Wires podría aludir a eso: a la música que aparece cuando el control técnico se rompe un poco y el entorno empieza a participar. Pero quizá la lectura más interesante es la metafórica. Los cables son conexión. Comunicación. Transmisión. Ir Beyond Wires podría significar atravesar esa red y llegar a algo más primario. Más directo. Algo que no necesita intermediarios tecnológicos ni estructuras rígidas. Música que no viaja por cables sino por atmósferas.

En el contexto del disco encaja bastante bien. Las letras hablan de distancia, de voces que se escuchan a través del ruido, de mensajes que cruzan espacios fríos. Como si los personajes del álbum estuvieran intentando comunicarse en medio de interferencias. Por eso el título funciona. No explica el disco. Lo evoca. Es como un cartel luminoso en mitad de la niebla: sabes que significa algo, pero tienes que acercarte escuchando para descifrarlo.

Ecos, distorsión y tensión rítmica

La música de Golden Hours se mueve dentro de un territorio donde varias corrientes del rock alternativo se cruzan sin pedir permiso. Post-punk nervioso. Psicodelia ruidista. Shoegaze de alto voltaje. Pero más que una mezcla de géneros, el sonido del disco funciona como una arquitectura de capas. En primer plano aparecen dos guitarras líderes que se entrelazan constantemente. Hákon y Rodrigo trabajan como si estuvieran trazando espirales alrededor de la sección rítmica. Distorsión. Reverb. Feedback controlado.

Detrás de ellas, el bajo de Wim Janssens funciona como un ancla rítmica muy marcada. Grave. Compacta. Directa. La batería de Tobias Humble, por su parte, alterna entre ritmos mecánicos típicos del post-punk y explosiones repentinas que rompen la estructura. En algunos momentos parece un metrónomo industrial. En otros, una caja de petardos arrojada contra la pared.

Debajo de todo ese andamiaje sonoro aparece otra capa más sutil. Sintetizadores. Percusiones adicionales. Coros. Paisajes ambientales. Son elementos que entran y salen de las canciones como sombras que cruzan un pasillo. El resultado final recuerda a ciertas atmósferas de Joy Division, al ruido melódico de The Jesus and Mary Chain o a la psicodelia expansiva de The Brian Jonestown Massacre. Pero Golden Hours no suena como una copia de esas influencias. Su sonido tiene una textura más cruda. Más inmediata. Menos nostalgia. Más electricidad.

Dos voces en constante interferencia

Uno de los rasgos más interesantes del álbum es la dualidad vocal. Hákon Aðalsteinsson y Wim Janssens se reparten las canciones de forma alterna. Los temas impares suelen estar cantados por Wim, mientras que los pares recaen en Hákon. Este juego vocal crea un contraste constante dentro del disco. La voz de Wim es grave, ligeramente desgastada, con un tono que recuerda al spoken-word post-punk. Tiene algo de narrador urbano. Como si relatara historias desde una esquina oscura de la ciudad. Su interpretación suele mantenerse contenida, casi monótona, lo que refuerza la tensión de las canciones.

Hákon, en cambio, introduce una textura diferente. Su voz tiene un registro más melódico y una energía ligeramente más luminosa. Incluso cuando las letras se vuelven sombrías, su forma de cantar deja espacio para cierta emoción expansiva. El resultado es una especie de diálogo invisible entre ambos cantantes. Dos timbres distintos que comparten el mismo paisaje sonoro. Como si el disco fuera narrado por dos versiones del mismo personaje.

«Existe una hermosa fricción entre el ruido que producimos y el amor por la melodía que parece sobrepasarnos en el momento justo. Parece que nunca faltan ideas cuando nos reunimos. En un acuerdo silencioso, cada idea se prueba y se desarrolla en una canción o se omitirá sin perder tiempo. Todo sucede de forma bastante automática» –Wim Janssens

Un destello rojo abrasador

La portada de Beyond Wires no solo presenta un destello rojo abrasador: lo convierte en protagonista de una historia muda. Ese rayo horizontal atraviesa la oscuridad como un latido eléctrico suspendido, un cable que arde con la energía acumulada de la música antes de sonar. La textura granulada, casi como una fotografía analógica que ha sufrido décadas de manipulación, transforma el fondo negro en un espacio tangible, donde cada grano parece una chispa lista para explotar. No hay figuras, no hay narrativa literal: solo la corriente de la música condensada en luz y sombra. El título en blanco, limpio y preciso, flota sobre el caos cromático como un hilo conductor de claridad, contrastando con la intensidad y recordando que incluso dentro del ruido hay orden. Es una portada que respira, que vibra, que hace audible lo invisible y anuncia que lo que sigue no es solo un álbum, sino un flujo de energía convertido en sonido.

Interferencias y sacudidas

Aunque Beyond Wires no se construye como un disco conceptual en sentido clásico, hay un hilo emocional que recorre todas las canciones, un pulso que late en la alienación y en la tensión de la vida urbana. La desconfianza se siente en cada verso, y las relaciones aparecen fragmentadas, como mensajes que llegan incompletos o malinterpretados. Los paisajes interiores son oscuros, laberintos de pensamientos que se cruzan con el ruido del exterior.

La ciudad imaginaria que describe el álbum está iluminada por luces de neón que reflejan sobre calles vacías y mojadas. Los personajes de estas canciones se desplazan constantemente: trenes que cruzan la noche, viajes interminables que nunca llevan a ningún lugar seguro, desiertos helados que son tanto físicos como emocionales, cartas que nunca llegan y voces que se pierden en la interferencia. Cada tema funciona como un destello de una vida parcial, un fragmento de historia que se mezcla con el zumbido eléctrico de los sintetizadores y la distorsión de las guitarras.

Las letras se sienten como intentos de comunicación a través de obstáculos invisibles. Los mensajes son interceptados, malinterpretados o devueltos al remitente en forma de eco. Esa sensación de interferencia constante convierte el disco en un espacio donde la comunicación es precaria, y cada verso funciona como una chispa lanzada a la distancia. En este sentido, la banda logra que la audiencia perciba la música no solo como sonido, sino como vibración de emociones atravesando un cable dañado, un flujo que transmite la soledad, la ansiedad y la esperanza contenida de esos personajes en movimiento.

Diez estaciones dentro del torbellino eléctrico

El disco se abre con Whatever Happens Today, una introducción que establece inmediatamente el tono del álbum. Guitarras que vibran con una distorsión controlada mientras la voz de Wim avanza con un tono casi profético. En un momento canta «Lo que ocurra hoy no cambiará la marea». Una frase que parece marcar el fatalismo del disco.

Luego aparece Heading For the Moon, donde Hákon toma el relevo vocal. La canción acelera ligeramente el pulso rítmico y añade capas de guitarra más luminosas. El tema transmite una sensación de viaje, como si la banda condujera de noche por una autopista sin destino claro. En Arctic Desert el ambiente se vuelve más frío. Las guitarras suenan más espaciales y la batería marca un ritmo hipnótico. La letra describe un paisaje interior helado donde el narrador observa su propia distancia emocional.

Después llega The Letter, una de las piezas más melódicas del álbum. Hákon canta con un tono más vulnerable mientras las guitarras construyen un muro sonoro delicado. En el estribillo aparece una línea especialmente evocadora: «Escribí tu nombre en la nieve, pero el viento lo borró». La intensidad vuelve a subir con Book Of Lies, donde el bajo de Wim empuja la canción hacia terrenos más agresivos. La voz adopta un tono casi acusatorio. El tema funciona como una crítica amarga a la manipulación y la falsedad social. La instrumentación y melodia son espectaculares.

La atmósfera sónica cruje fuego

A mitad del disco aparece The Same Thing, una canción que se desliza hacia terrenos más shoegaze. Las guitarras se expanden en capas densas mientras la batería mantiene un ritmo constante. En Voices la banda introduce elementos más atmosféricos. Sintetizadores fantasmales y coros lejanos construyen una sensación de inquietud creciente. Luego llega Train I Ride, uno de los momentos más dinámicos del disco. El ritmo recuerda al movimiento de un tren nocturno mientras la voz describe paisajes que pasan rápidamente por la ventana. La penúltima pista, Pray For Darkness, se adentra en un territorio más oscuro y ritualista. El tema crece lentamente hasta alcanzar una especie de trance post-punk. Finalmente, el álbum cierra con The Water’s Fine, una despedida que mezcla melancolía y calma. Las guitarras se vuelven más abiertas y la canción se disuelve lentamente, como si el ruido eléctrico del disco terminara apagándose.

Master Tracks: Book Of Lies, The Same Thing y Voices.

Desconectando el caos eléctrico

Beyond Wires confirma que Golden Hours no es simplemente una reunión fortuita de músicos experimentados. Estamos ante una entidad orgánica que ha logrado delimitar su propio terreno sonoro. Es un espacio de colisión donde diversos estilos potentes se entrelazan sin jerarquías ni egos. En este ecosistema, el ruido deja de ser un estorbo para convertirse en una textura narrativa esencial.

En ella, la banda prefiere capturar la electricidad bruta del momento, esa chispa imprevisible que solo surge cuando cuatro músicos se encierran en una sala de ensayo y deciden tocar hasta que las paredes vibran o revientan. Golden Hours no suena pues a estudio ni a proyecto planificado. Suena a cables pelados, a amplis con vida propia, a una habitación subterránea donde el aire tiembla y el tiempo se vuelve espeso. Cuando el último sonido se disuelve, queda ese zumbido persistente. No es silencio, es la electricidad que sigue girando. Y ahí es donde el disco encuentra su sentido: en esa vibración que conecta al oyente con el momento irrepetible en que todo empezó a arder.

Escucha aquí «Beyond Wires» de Golden Hours

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Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Hablar de uno mismo no es tarea fácil, aunque muchas veces las circunstancias pidan hacerlo, como es el caso. Se pueden contar muchas cosas, pero quizás lo más importante es abrazar la vida con positividad. La música permite esto y mucho más. Me gusta escribir sobre bandas y estilos que aportan puntos de vista diferenciales, que exponen alternativas atípicas frente los sistemas convencionales, bien por sonido, concepto o actitud. Por tanto, mi función en Crazyminds es romper las reglas estandarizadas, y poner en primer plano las bandas que suelen permanecer en el universo underground. De ahí que sea, con orgullo, el «bicho raro» del equipo. El rock siempre ha sido símbolo de cultura y libertad. ¿Qué más puedo contaros de mí? Simplemente deciros que soy adicto a la música de múltiples géneros, no importa lo "raros" que sean, pero, sobre todo, amo mi profesión: periodismo y comunicación gráfica, herramientas que me permiten abrir muchas puertas, conocer gente diversa, intercambiar, aprender, transmitir y generar proximidades. Las nuevas tecnologías permiten múltiples puentes e interacciones. Así que nada de excusas y manos a la obra… Sin transgresión, no hay cambios ni progreso.