¿Qué significan las «buenas cosas»?
Good Things, el flamante trabajo de Wargirl, irrumpe en el panorama musical con la promesa de descifrar ese concepto fugaz que todos perseguimos. Las cosas buenas, lo luminoso y perpetuo en medio del caos, lo extraordinario de lo cotidiano. En cada surco, la banda nos invita a embarcarnos en un viaje sonoro donde el ritmo es brújula. La psicodelia es paisaje y la metáfora, un salvavidas. Así, el oyente se convierte en explorador de una California onírica, marcada por guitarras en espiral y líneas de bajo hechas para bailar y pensar. ¿Qué se esconde detrás de la aparente simpleza del título? El disco no ofrece respuestas, pero propone preguntas, abriendo portales a universos retro-futuristas donde la sensación rítmica expansiva y la imaginación dictan las reglas.
El arte de la sofisticación cálida
Publicado el pasado 22 de agosto de 2025 a través del sello Clouds Hill, no podíamos obviar este disco. Hoy lo recuperamos con creces. Bajo un estilo alternative, funk, garage rock, indie pop, psychedelic y retro pop, la instrumentación acomete muy intensa. En base a ello se genera una arquitectura sónica que dertiva hacia un eclecticismo controlado. Las guitarras poseen una reverberación jugosa. El bajo serpentino canaliza la historia del funk. Los teclados vintage y la percusión marcada, fluyen entre el pulso tribal y un uso elegante del looping y el delay. La sección rítmica es, sin duda, el epicentro de la propuesta y la voz encumbra una audición ecográfica y sensualizada.
Wargirl, guerreras de lujo
Originarios de Long Beach, California, Wargirl se consolida como colectivo y laboratorio creativo más allá de la forma clásica. Good Things (tercero en su haber) reafirma el carácter itinerante y cosmopolita de la formación, siempre en busca de fusionar estilos y voces. Aunque los músicos que conforman la última etapa del grupo han permanecido discretos respecto a nombres y jerarquías, su identidad reside en el trabajo colaborativo y el contagio de influencias. El álbum no arroja datos claros sobre posibles colaboradores externos, tarea que el oyente resuelve mediante la intuición y la riqueza polifónica del sonido.
El corazón vocal y escénico del grupo es Samantha Parks, la chica guerrera y heredera directa del funk gracias a su padre James Lafayette Parks (líder de Bull & The Matadors). Su presencia sobre el escenario y su aire soul protagonizan cada corte. En el plano técnico y creativo está Matt Wignall, arquitecto sónico, guitarrista y productor, responsable del sabor vintage y de la textura analógica de la banda. Su experiencia previa con grupos como Cold War Kids y su apuesta por la grabación artesanal definen buena parte del sonido característico de Wargirl.
Al bajo, encontramos a Tamara Raye Wilson quien sostiene el pulso melódico y bailable que vertebra el disco. Su energía y precisión —sumada a su faceta de ingeniera y motera— añaden capas de autenticidad y actitud. En los créditos recientes puede figurar como Tamara Wilson, sumando matices a la narración.
La atmósfera tropical y el color instrumental emergen de la mano de Enya Preston (teclados), arquitecta sonora que alterna entre órganos envolventes y sintetizadores psicodélicos o reggae según dicta la canción. La sección de percusión, tan fundamental en la identidad de Wargirl, la encabezan Erick Nieto (congas y percusión menor, aportando un aire afrobeat, latino y danzón) y Jeff Suri (batería), cuya compenetración y química —tras años de amistad desde el instituto— logran una base rítmica compleja y enérgica.
Estos siete pilares garantizan un sonido diverso, global y magnético, fiel a la filosofía Wargirl: la música como espacio abierto, híbrido y vibrante.
Puentes temporales: Vasos comunicantes y similitudes
Good Things avanza por un territorio que Wargirl ya habían tanteado, aunque ahora lo expanden con más ambición. Su mezcla no responde al capricho. Cada género sostiene una emoción y eleva el discurso. Respiran ese espíritu de bandas retro-funk y soul modernas que dialogan con el pasado sin quedar atrapadas en él. Reconstruyen. Reinterpretan. Crean un tiempo propio.
También conectan con colectivos multiculturales que usan ritmos del mundo para levantar un pop con densidad. No decoran: construyen identidad. Por eso su sonido fluye lejos del punk o el metal. Se mueven en un pop / rock alternativo iluminado por un pulso funk-disco que nunca cae en lo vacío. Aquí late un groove con alma.
Su ADN apunta hacia War, Sly & The Family Stone o Funkadelic. En el pulso más terrenal asoman reflejos de The Black Keys o Cold War Kids. Y cuando buscan tensión, surge esa actitud art-punk y dub que los acerca a The Clash, Santigold o M.I.A.. Esa capa eléctrica evita el cliché «retro» y afila su sonido.
En los pasajes más suaves, la voz de Samantha Parks invoca destellos de new wave. Ahí aparece la estela de Blondie en su era de Autoamerican, cuando el disco y el pop respiraban en las calles de Nueva York.
En mi opinión, Good Things suena como si mezclaras a Santana con The Clash para grabar un disco de garage rock en 2025. Una mezcla que incluye el pulso de The Meters, la nocturnidad de Alabama Shakes, la introspección de Khruangbin y la energía comunitaria de Os Mutantes con aromas de LCD Soundsystem. Esa alquimia define a Wargirl: referencias claras, identidad propia. No copian. Destilan. Y el resultado brilla por sí solo.
«Good Things»: La semántica de lo positivo
El título funciona como prisma y reclamo; condensa, en dos palabras el anhelo humano por aquello que consideramos valioso, perdurable, casi mítico. Es una declaración abierta que invita a mirar desde diferentes ángulos y significados: lo bueno no es solo una lista de deseos ni una promesa publicitaria, sino una provocación existencial, un guiño a la imposibilidad de poseer, de retener absolutamente aquello que brilla. Wargirl, con su habitual destreza narrativa, juega en todo momento entre la ironía y la esperanza, entre la celebración y el matiz.
A lo largo del disco, la banda regala instantes preciosos de lucidez pop, pequeñas epifanías sonoras que parecen decir: «las buenas cosas nunca duran, pero su fugacidad es precisamente lo que las hace hermosas». Así, en una suerte de adolescencia perpetua, el disco advierte que incluso lo bueno puede ser una construcción efímera, peligrosa y, por lo tanto, intensamente vivida. No hay promesa de felicidad eterna ni recetas mágicas; Good Things sugiere que lo bueno no es destino ni meta, sino tránsito, proceso, movimiento.
La experiencia musical se transforma entonces en un ritual de paso, donde cada canción es tanto llegada como despedida, y el verdadero valor reside en el viaje compartido y en la capacidad de encontrar belleza en lo cambiante y lo inesperado. La banda juega con la ironía y la esperanza, regalando instantes de lucidez pop y señalando que incluso lo bueno es efímero. Como ellos mismos afirman:
«Éste es el disco que soñamos toda la vida, un viaje a través del caos y la alegría» –Clouds Hill
Portada: Análisis y mensaje
La portada de Good Things irrumpe como un estallido artesanal. Se construye con la lógica del screen print: capas visibles, pinceladas abiertas, texturas irregulares y un aire de collage hecho a mano. Esa imperfección buscada revela el ADN de Wargirl: un colectivo orgánico, libre, lejos del brillo digital y de los diseños asépticos.
A primera vista parece un motivo floral, pero el patrón se quiebra en cuanto lo miras con calma. Nada está cuadriculado. Hay una asimetría vibrante que respira igual que su música: fluida, desbordante, imposible de domar. Los colores —intensos, contrastados, casi febriles— dibujan un clima retro que conecta de inmediato con su mezcla de funk setentero, garage rock y pulsos de afrobeat.
Entre la vegetación surgen siluetas negras en pleno movimiento, como extremidades humanas o animales suspendidas en un baile primitivo. Esa presencia oculta introduce una energía corporal que remite al ritmo, al trance, al latido físico que sostiene el disco. Junto a ellas, los círculos negros y las líneas blancas y rojas rompen el motivo botánico y aportan una capa abstracta: puntos de percusión, interrupciones, impulsos.
El conjunto la portada funciona como una metáfora visual del álbum. Todo vibra, crece y se desplaza. La estética manual refuerza la producción orgánica y la intensidad rítmica de Wargirl, mientras la iconografía floral sugiere un impulso vitalista que dialoga con el título del disco. Good Things irradia movimiento, calor y vida. Su portada también.
El ideario Wargirl ante el mundo
El discurso de Wargirl siempre ha huido del cinismo. Su ideario artístico y vital se sostiene en una convicción clara: la música es un artefacto social, una herramienta para abrir espacios de inclusión, diálogo y resistencia cotidiana. Su pop —disfrazado de ligereza— opera como un activismo suave, una invitación a celebrar mientras se cuestionan las estructuras que nos moldean.
La banda ha defendido a menudo la belleza del caos y la urgencia de lo colectivo, una ética que atraviesa su obra y su puesta en escena. «La creatividad es nuestro único salvavidas», recuerda su vocalista en entrevistas a Clouds Hill, y en esa frase late su manifiesto: crear como forma de sobrevivir, compartir como forma de existir. Su pop funciona como activismo suave: celebrar, cuestionar y crear comunidad. En palabras de la vocalista Samantha:
«Nuestra meta fue conectar con todos, aunque sea por una sola canción» –Clouds Hill
Narrativa entre canciones: Versos que laten
See You Tonight abre la travesía como quien levanta una puerta metálica al amanecer: un riff envolvente y percusiones juguetonas que marcan el paso, presagiando el mantra existencial del disco. Todo comienza aquí, en ese borde entre la vigilia y la intuición. Sin romper el hechizo, Bidness introduce el groove con una sonrisa torcida. Es el momento en que la realidad se cuela por las rendijas: lo cotidiano, lo irónico, lo que se dice sin decir. El beat cruza la frontera entre lo mundano y lo idealizado, como si la banda caminara por una ciudad que nunca termina de despertarse: «¿Por qué tenemos que luchar para sobrevivir?».
La corriente nos arrastra hasta Goodthing, núcleo conceptual del álbum. Funk y garage se abrazan como dos viejos conspiradores, lanzando un mensaje casi susurrado: nada bueno dura para siempre, pero el acto de celebrar ese instante en tránsito, sí: «Me pregunto si alguna vez aprenderemos. Creo que, si nada cambia, nada tiene por qué arder». Entonces llega Looks Kill, Kiss Kiss, pivotando hacia la estética de la atracción y sus peligros. El bajo serpentea, la voz retumba en el centro de la mezcla, y la canción se vuelve un espejo eléctrico donde la seducción y el riesgo se reflejan sin pudor: «Mi ambición es encontrar mi camino dentro de tu cabeza (…) Si juegas bien tus cartas, puedes tener mi corazón».
En Trouble todo acelera. La batería se adelanta medio mundo y la letra advierte: los problemas no son muros, sino catalizadores. Aquí Wargirl juega a convertir la fricción en combustible. Lost Inside My Brain abre un paréntesis íntimo, casi cinematográfico. Se desliza hacia la psicodelia con una elegancia inesperada, narrando la confusión mental desde dentro, como un diario escrito en tinta difuminada: «Lo único que sé es que no sé nada». El viaje cambia de luz con Glendale y Obviously Unaware: dos postales urbanas que respiran a cámara lenta. Ambientes casi noir, melodías evocadoras, personajes que entran y salen del encuadre mientras la historia los nombra solo con sus gestos.
Desert Skies seca la atmósfera y redibuja el paisaje. El ritmo se reinventa en clave de retro pop, como si el álbum atravesara un tramo de carretera solitaria iluminada por un neón antiguo: «El sol sangra rojo mientras se hunde en la noche (…) Todo lo que quiero es estar aquí contigo, perdiendo la noción del tiempo, sin nada en mente». Con We’re No Good llega la autocrítica disfrazada de fiesta. Funk y pop se trenzan para recordar que equivocarse también marca el ritmo; que hay lucidez en admitir la propia torpeza: «Deja de comportarte como un tonto y empieza a romper todas tus reglas».
Y entonces, sin grandes gestos, Good Things Coming baja el telón. Epílogo optimista, despedida luminosa. La banda reafirma lo aprendido: lo bueno no siempre llega cuando debe, pero siempre encuentra una forma —aunque sea en forma de canción— de abrirse paso: «Acostada en mi cama, estoy sumida en mis sentimientos, mientras mis ojos se pierden en el techo, dejándome llevar por mis fantasías, donde soy libre y donde puedo liberarme».
Validación y cierre: entre caos y «groove»
Como fortalezas destacaría la originalidad, la energía colectiva, la variedad estilística y la atmósfera envolvente. Cada canción demuestra que Wargirl sabe combinar eclecticismo y coherencia sin perder pulso ni identidad. Sin embargo, el álbum tiene sus debilidades. A veces falta individualidad instrumental, el hecho de que algunos créditos técnicos quedan difusos o ausentes, restando claridad sobre los responsables que hay detrás del sonido.
Ante eso surgen ciertas amenazas como la saturación de propuestas retro que pueden diluir su impacto. Además, ante un mercado ya saturado se echa de menos propuestas novedosas aunque, a decir verdad, cada vez resulta más difícil de lograr. A pesar de ello, las oportunidades se materializan. La banda tiene a su alcance ofertas de festivales, y posee la capacidad innata de reinventarse en cada disco, manteniendo fresca la narrativa sonora.
Para concluir podemos añadir que Good Things no es solo un esférico del montón, es un testimonio de una era multicultural, una oda a la resistencia pop y a la creatividad como territorio compartido. Wargirl firma su obra más vibrante y necesaria, recordándonos que lo bueno siempre aparece al borde del caos creativo, en el instante justo donde la música se convierte en experiencia vital.

