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GRETA VAN FLEET – THE BATTLE AT GARDEN’S GATE

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Cuando me he sentado frente al ordenador para escribir este texto me he dicho: “Venga Ignacio, tú puedes, escribe una reseña de Greta Van Fleet sin nombrar ni una vez a Led Zeppelin”. Conforme iba tecleando palabras mientras escuchaba The Battle at Garden’s Gate, se me ha vuelto un verdadero calvario dicha tarea, así que he desistido. Lo siento, es imposible.

Empecemos por el principio: el título. La primera vez que lo he leído, en mi cerebro ha ocurrido una conexión neuronal instantánea. El título del álbum es extremadamente parecido a la canción Battle of Evermore del Led Zeppelin IV de 1971. ¿Coincidencia? Lo dudo mucho. Empezamos bien.

The Battle at Garden’s Gate no ofrece nada que no hayamos escuchado de este grupo de veinteañeros de Michigan. Greta Van Fleet marcan músculo y hacen gala de sus dotes técnicas en sus respectivos instrumentos, que, ciertamente, los manejan como veteranos (voz incluida).

El disco actúa de lienzo en blanco para unas canciones interminables que parecen surgidas de sesiones de improvisación sin límites o viajes psicodélicos. Algo a lo que ya nos habían acostumbrado en Anthem of the Peaceful Army (2018) y en sus directos. El último corte del álbum, The Weight of Dreams, con casi 9 minutos de duración, es ejemplo perfecto de todo esto.

Lo cierto es que el álbum al completo se hace bola. A esta sensación no ayudan unos tempos medio-lentos, más bien de balada, aderezados con pomposos arreglos de cuerdas y vientos, y unos coros que terminan haciendo buena parte del disco empalagoso. Por la parte del repertorio lírico, nada nuevo; el leitmotiv de la banda: amor y paz.

En cualquier caso, hay temas disfrutables en el disco. Heat Above, abriendo el trabajo, conforma un buen acercamiento al rock sinfónico de los 70 y marca un ritmo que se irá perdiendo mientras se suceda el álbum. La entrada acompasada de My Way, Soon junto con un estribillo ligero y rocanrolero alegran también el inicio del álbum. En Built By Nations sacan la vena sesentera con un riff zepeliniano con mucho groove que, por desgracia, aparece de forma puntual. Age of Machine se salva con unos coros colectivos grandilocuentes. Pero poco más.

Estoy seguro de que los chicos de Greta Van Fleet conocen su situación mediática sobre Led Zeppelin (pregunta obligada de cada entrevista). Sin embargo, parece que en vez de ponerse manos a la obra en un álbum que haga cambiar de parecer a la opinión pública, con este segundo trabajo han ido aún más lejos y han reforzado esta percepción, echando más leña al fuego.

De todos modos, un servidor no entiende el empeño de ligar a Greta Van Fleet con Led Zeppelin. ¿Tienen reminiscencias claras? Desde luego. Pero también a muchos otros grupos de la misma tónica, como pueden ser Eagles o The Black Crowes. Al fin y al cabo, Greta Van Fleet son un compendio de música de una época pasada que hasta ahora nadie se había atrevido a revivir, llevada a un público actual. Sigo pensando que si alguien tiene que salvar al rock de una hipotética muerte esos son ellos, pero este disco no es el camino a seguir.

Esta reseña viene escrita de un servidor que ni mucho menos odia a este grupo de pipiolos. Disfruté mucho de sus dos primeros EP y también gocé como un enano viéndolos en el Mad Cool de 2019. Pero las cosas son como son: The Battle at Garden’s Gate es un disco pesado y aburrido, que les aleja del que debería ser su objetivo: crear una banda con identidad propia capaz de reinventarse y sorprender disco tras disco.

Puede escuchar The Battle at Garden’s Gate en Spotify, Apple Music y el resto de plataformas digitales.

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Ignacio García
Apasionado de la cultura en general y de la música en especial. Amante de la literatura y la escritura. Músico y economista en mis ratos libres.
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